21 diciembre, 2017

A los 10 años de "China nos importa, China nos afecta"

Se cumplen diez años desde que escribí en Iberchina un artículo titulado "China nos importa, China nos afecta". A pesar del tiempo pasado, considero que el artículo no sólo no ha perdido actualidad, sino que por el contrario tiene ahora más vigencia. También a través de ese artículo se puede ver cómo estaba China en el mundo hace sólo diez años atrás, y como se encuentra en estos momentos.

Por esa razón, he considerado que quizás pueda ser de interés reproducirlo íntegramente, sin cambiar ni una sola coma, y esto es lo que hago a continuación:



CHINA NOS IMPORTA, CHINA NOS AFECTA


Artículo de Pablo Rovetta, un veterano seguidor y testigo directo de la realidad de China, país al que está relacionado desde 1975. Rovetta es el editor de Carta de Asia-Economía, el boletín electrónico que publica Casa Asia (y que elabora Iberglobal). Para Rovetta, en España no se conoce China en general, falta interés por conocerla de verdad, y se han creado una serie de mitos y conclusiones erróneas sobre el país asiático y las relaciones bilaterales. Todo ello a pesar de que lo que está pasando en China afecta y afectará de forma general a la sociedad española.

Pablo Rovetta
Desde hace ya décadas, pero de forma especial en estos últimos años, está teniendo lugar en China uno de los procesos de desarrollo económico y social más profundos y espectaculares del mundo.
Muchos expertos coinciden en que es difícil encontrar en la historia reciente un caso similar donde, en tan poco tiempo, un país haya experimentado no sólo cambios tan profundos, sino un desarrollo económico, social, industrial y científico tan destacado; donde la vida de cientos de millones de personas esté cambiando de forma tan rápida y radical.
Mientras una parte del mundo mira con asombro, incredulidad, temor o envidia todo lo que está pasando en China, otra parte parece que no percibe o no quiere percibir lo que está ocurriendo en ese país.
Se podrá estar más o menos de acuerdo con China, se podrá discutir sobre las ventajas o defectos que sus cambios están introduciendo en la sociedad y en el mundo, o se podrán apoyar o criticar muchos de los fenómenos del proceso chino.
Lo que no se puede es permanecer indiferente ante el mismo o ignorarlo, porque, nos guste o no, todo lo que está pasando en China está ya afectando de forma directa o indirecta nuestras vidas.
China es en estos momentos la cuarta economía del mundo por valor total de su producción, y de seguir a este ritmo podría superar a Alemania el próximo año y quedar en tercer lugar por detrás de Estados Unidos y Japón.
También es ya el tercer importador y exportador mundial, después de Estados Unidos y Alemania.
Podríamos aquí detallar una larga serie de cifras para demostrar la importancia y fuerza de China en la economía mundial, como por ejemplo su importante posición en la energía, la industria del acero, del automóvil, o la electrónica, entre otras.
Más importante que las cifras, sin embargo –hay países que están creciendo más que China- es la relación entre lo que pasa en China y nuestra vida actual y futura.

Muchas de las actuales fluctuaciones de las bolsas internacionales tienen una relación directa con lo que pasa, por ejemplo, en la bolsa de Shanghai. El que Shanghai cierre al alza o a la baja afecta ya diariamente a la mayoría de las bolsas de valores del mundo y por consiguiente influye de forma directa en los ahorros, inversiones y deudas de millones de españoles.
Las subidas en el precio de la gasolina –y en consecuencia del IPC- tienen una relación muy directa con China, el segundo consumidor de energía del mundo.
Los precios y la oferta de muchísimos productos de uso diario, desde textiles y calzado, hasta artículos de consumo, electrónicos o productos industriales, tienen una relación directa con China. Muchos de ellos o ya se fabrican en China, o tienen componentes fabricados en China, o utilizan materias primas cuyos precios los define el mercado chino.
Da igual que una empresa no tenga ninguna relación y ni quiera tenerla con China. Al final, tarde o temprano, es muy probable que esa empresa  se encuentre con un competidor de China en otra región del mundo, o con que su cliente alemán se traslada a China y tendrá que empezar a suministrarle allí, o que por ejemplo su competidor italiano es más fuerte porque está unido a un socio chino.
También podrá encontrarse de la noche a la mañana con que su empresa, o su empresa matriz en otro lugar del mundo, ha sido adquirida por una empresa china (Lenovo, por poner sólo un ejemplo)
Este fenómeno, esta relación directa o indirecta con China, lo podemos extender a casi todos los campos de la sociedad. Lo vemos en el cine –es difícil ya no ver directores o actores o películas chinas premiadas en los principales festivales internacionales-; lo vemos en el deporte y tendremos oportunidad de volver a verlo pronto en los Juegos Olímpicos; lo vemos en la ciencia y tecnología; lo vemos en el turismo; lo vemos en la educación (la demanda por estudiar chino se está acelerando en España).

Y sin embargo…
Y sin embargo parece que, en general, España es aún ajena a esta realidad, a pesar de los buenos deseos expresados de forma continua desde hace décadas, y de las visitas al más alto nivel que tienen lugar desde hace mucho tiempo entre ambos países.
Estos días, y con ocasión de la visita de los Reyes de España a China, y de la celebración del II Encuentro Empresarial Hispano-Chino, se volverá a repetir que “China es un país prioritario para España”, que “España apuesta por China”, que las empresas españolas “desembarcan” en China, que se “descubre” China, etc., etc.
Al final, serán los mismos titulares que encontramos si nos dedicamos a estudiar las hemerotecas y ver lo que se escribía ya en los años 80, cuando Felipe González viajó por primera vez como Presidente de Gobierno al país, y lo que se viene escribiendo desde entonces.
No queremos entrar en la polémica de si España llegó o no llegó tarde a China. Lo que sí parece claro es que España está llegando tarde en el proceso del conocimiento de China y su realidad.
Consideramos que existe a nivel general en España un desconocimiento de la realidad china y, lo que es peor aún, una visión parcial de la misma. Es más, asombra muchas veces la superficialidad, autosuficiencia y falta de rigor con que se habla con frecuencia de China en España.
China sigue siendo considerada una cosa lejana y “rara”, una gran tienda de “todo a cien”, un fabricante de productos baratos y de mala calidad, un copiador y falsificador de productos.
Lo que es peor es que se siguen oyendo y leyendo calificaciones que rayan con el racismo cuando se hace mención al color “amarillo” para referirse a China y su gente, o a los “ojos rasgados” de sus habitantes.
A diferencia de cualquier importante órgano de prensa escrita de otro país, en España aún no se sabe cómo deben ser llamados los nombres chinos. Se le llama Jintao al Presidente de la República Popular China, que es como llamar José Luis al Presidente del Gobierno español, o George al Presidente de los Estados Unidos.
Tampoco parece ponerse mucho de acuerdo la sociedad en general sobre el nombre correcto del país, o su capital y principales ciudades (¿Beijing o Pekín? ¿Shanghai o Shangai?) como podemos comprobar con facilidad haciendo una lectura de lo que se publica y escribe sobre China en España.
Si nos vamos a otros nombres, la confusión es aún mayor. En un reciente estudio de un prestigioso organismo, con el apoyo de prestigiosas instituciones públicas, se citaba, no una ni dos ni tres, sino decenas de veces, y en innumerables páginas la ciudad de “Whan” (adivinamos que por “Wuhan”) 
Se podrá decir que las diferencias culturales son muy profundas, y es verdad; se podrá hablar de la falta de tradición en el acercamiento al país asiático, y también en verdad.
Y sin embargo, los chinos no se equivocan al citar nombres españoles –entre otras razones porque desde hace décadas tienen cientos de hispanoparlantes en su Administración y empresas- y sin embargo, la prensa de prestigio internacional y los organismos internacionales tampoco se equivocan a la hora de citar los nombres chinos.
Se podrá argumentar que éstos son detalles irrelevantes, y es posible que sea así; sin embargo consideramos que son el reflejo de una falta de verdadero interés por conocer ese país, su historia y su realidad. 
Los mitos
Esta falta de interés y de conocimiento –a pesar de todo lo que han avanzado las comunicaciones y de las grandes posibilidades que ofrece Internet-, puede llevar a conclusiones erróneas o a la creación de algunos mitos.
Una de las conclusiones que se oyen con frecuencia es que “tenemos una relaciones muy buenas”, que “nos han tratado muy bien”. Esa es la conclusión general de los políticos que visitan el país desde hace décadas.
Que las relaciones son buenas o muy buenas en lo diplomático y político es una realidad, y más cuando no han existido ni existen entre España y China conflictos históricos o de intereses.
Hay que aclarar, sin embargo, que China tiene relaciones muy buenas con casi todo el universo y que la cortesía y diplomacia china hace que “se trate muy bien” a todos sus huéspedes.
La República Popular es el único país del mundo cuyo Presidente puede darse un abrazo con Fidel Castro en La Habana y a los pocos días estar comiendo en el rancho de Tejas del Presidente George Bush.
Las actuales excelentes relaciones políticas entre España y China, además,  no vienen de ahora, sino que se fueron forjando en los contactos e iniciativas tomadas por los gobiernos españoles de las últimas más de dos décadas –desde Felipe Gonzales, pasando por José María Aznar hasta ahora José Luis Rodríguez Zapatero- así como por muchas iniciativas chinas.

Lo malo o lo peligroso de estas excelentes relaciones es caer en la autocomplacencia y llegar a la conclusión de que las cosas se están haciendo muy bien.
La pregunta que se hacen algunos observadores –en especial si comparan lo que hace España con la actuación de otros países de su entorno- es si lo que se está haciendo es suficiente, o si se está haciendo de la mejor manera.
También se habla mucho sobre “la amenaza china” o el “peligro chino” para España, su economía y sus empresas.
Es verdad que el desarrollo chino ha perjudicado y está perjudicando a sectores de la economía española –lo mismo que a otros países europeos-, pero poco se habla de las oportunidades comerciales que ha creado y está creando para muchas empresas.
Con frecuencia se destaca también con razón el tremendo y creciente déficit que existe en la balanza entre comercial entre España y China. La mayoría de los socios comerciales de China tienen fuertes déficits con la República Popular y este es uno de los principales puntos de conflicto en la actualidad entre Occidente y el país asiático.
Sin embargo muchas veces sólo se mencionan como “culpables” de ese déficit a los exportadores chinos, o a los comerciantes chinos que se instalan en España.
Recientemente, un importante órgano de prensa español se quejaba de que “a pesar de la constante llegada de compañías españolas a China” la balanza comercial “no ha cesado de deteriorarse”. Pero, ¿es que todas las empresas españolas que llegan a China lo hacen para exportar a ese país?
¿Es la presencia empresarial española en China sinónimo de mayor exportación?
¿Acaso todas las inversiones españolas implicarán una mayor exportación española a China?
¿En muchos casos no será al revés?
El problema no es que esas importaciones o inversiones sean criticables; el problema es que mientras la presencia empresarial española en China es elogiada unánimemente, China y sus empresas serían los únicos culpables de un déficit que por cierto, en muchos casos, beneficia al consumidor español.
También se repite de forma constante que España y sus empresas no están en China debido a que el país asiático es “difícil”, a los problemas de la distancia, el marco jurídico, la falta de vuelos directos, las dificultades del idioma o de la cultura.
Es un hecho que la presencia empresarial española en China es comparativamente insignificante. Muchas son las causas de este fenómeno –que por otra parte es un reflejo de la presencia española en muchos otros mercados del mundo-
Sin embargo esa lejanía geográfica, cultural e idiomática, esos “problemas” en el marco jurídico lo tienen también los mismos países del llamado entorno de España, y no le impiden tener una fuerte presencia en el mercado chino.
China está igual de lejos para España que para Francia o el Reino Unido; la cultura china es tan diferente de la española como de la italiana; los alemanes u holandeses no tienen más facilidad para estudiar chino que los españoles.
Los “problemas jurídicos” de China no impiden que sea desde hace años uno de los principales receptores de inversión extranjera y que las grandes multinacionales estén trabajando en este país.
En resumen, China nos afecta y nos afectará mucho más de lo que podemos imaginarnos. Cuando antes sea la sociedad consciente de esta realidad, y cuanto antes se prepare para ello, mejor parada saldrá del “fenómeno chino”.
Más que “estar” o no “estar” en China, se trataría pues de “poner a China en el mapa”.
Un estudio y análisis serio de la China de hoy y de su evolución reciente; un análisis comparativo,  serio y profundo de cómo otras sociedades (en Europa, en Estados Unidos, en América Latina) están tratando el fenómeno de China,  puede ser de gran utilidad para ver de verdad dónde se encuentra España en este proceso.
La experiencia de muchas iniciativas oficiales y privadas de las últimas décadas, la experiencia de algunas empresas españolas en el mercado chino, demuestran que el éxito es posible si se trabaja con profesionalidad, lógica y sentido común, con voluntad de conocer el país y su realidad y de invertir mucho tiempo y recursos en ello.

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El original del artículo puede encontrarse pinchando aquí.

15 diciembre, 2017

El estado del Español en el mundo ....¿y en España? El ejemplo de China

El pasado 27 de noviembre se dio a conocer el anuario "El español en el mundo 2017", realizado por el Instituto Cervantes, en colaboración con la AEBOE (Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado).

El Informe tiene 250 páginas que no puedo leer, pero hay un breve resumen del mismo y de sus conclusiones en la página web del Cervantes pinchando aquí.

Coincidiendo prácticamente en las mismas fechas, la TV china organizó por tercera vez un concurso de español entre jóvenes chinos, y más recientemente Antena 3 emitió una interesante nota de sus corresponsales en Beijing sobre el estudio del español en las escuelas chinas que puede verse pinchando este enlace.

Los resultados del Informe son muy positivos, el español sigue creciendo como primera o segunda lengua en el mundo, y el interés que existe por nuestra lengua en China es también muy importante y a eso han contribuido y contribuyen, aparte de las entidades chinas, la labor que realizan el Instituto Cervantes, y las Embajadas en Beijing de España y de todos los países latinoamericanos. 

Como no he leído el Informe de 250 páginas, no sé si el mismo incluye o no un apartado sobre el estado del español en España. En el caso de que no lo incluyera, y pecando quizás de atrevimiento, me permito modestamente sugerir la realización de un estudio sobre este tema.

Sé que esto es algo muy polémico en España, pero mi modesta opinión, simplemente como residente en España, es que la lengua de Cervantes se está perdiendo cada vez más en este país, en concreto en todas las regiones donde existen otras lenguas cooficiales, pero en las cuales no se aplica siempre el bilingüismo. 

Como esta es una página dedicada a China, no voy a entrar en los graves temas de educación o trabajo profesional para los hispanoparlantes en esas Comunidades, sino limitarme a lo que tiene relación con el país asiático.

No es la primera vez que hago este planteamiento y que se han desatado polémicas por lo que yo pienso. Yo respeto la libertad de opinión, siempre y cuando se respeten las normas de educación. En varias oportunidades me han acusado de tener una mente estrecha, pueblerina y "de falta de mundo", aparte de insultos como fascista.

En mi país de origen, formado en su mayor parte por inmigrantes, alguien dijo con acierto que "los uruguayos descendemos de los barcos". Mis abuelos maternos hablaban y leían en Yidis, aunque hablaban español. Hemos aprendido a convivir con descendientes de españoles, italianos, turcos, libaneses, judíos, armenios, rusos, sirios y una amplia gama de comunidades, que mantienen en muchos casos su cultura, sus idiomas, pero que usan/usamos el español como lengua común.

Por lo tanto no tengo absolutamente nada contra el Catalán, el Gallego, el Vasco o el Valenciano. Lo que pasa es que veo que el bilingüismo va desapareciendo en algunos lugares y el español se usa cada vez menos en una importante parte de España. He dicho "se usa", no he dicho "se habla". 

Me "preocupa" que esos niños que en Antena 3 mostraban un tremendo interés por el español, cuando visiten algunas Comunidades de España, se encuentren con que no pueden leer muchas cosas en nuestro idioma. Eso me pasa a mí y les ha pasado a muchas delegaciones chinas que han visitado Cataluña, por ejemplo, como me han comentado intérpretes o guías. Se visitan fábricas y/o instituciones donde los folletos explicativos no están en español.

Podría poner muchísimos más ejemplos, pero no quiero extenderme demasiado.

Cada vez que saco este tema, mucha gente me dice que el español "no está desapareciendo". Sólo voy a poner un ejemplo, y podría poner muchos más, y es la página web de la policía autónoma catalana pinchando aquí.  Alguna gente dice que "se entiende perfectamente", lo cual puede ser verdad, como se puede entender más o menos algo escrito en gallego y, ya con más dificultades, en italiano. Pero el hecho no es si se entiende o no, el hecho es que el español "ha desaparecido" de la página web de ese organismo oficial que creo debería ser bilingüe.

Lo mismo ocurre en algunas Comunidades con los Informes médicos, los nombres de las calles, los anuncios oficiales y un largo etc.

Me gustaría hacer mención a que antes de la publicación del Anuario, recibo un anuncio sobre el I Ciclo de Conferencias sobre Asia Oriental de la Universidad de Valencia. El primer día del Ciclo, el 9 de Noviembre trataba sobre China, y como seguidor de ese país asiático, me interesé por esa jornada, hasta que veo que la ponencia dedicada a China se llamaba "Expansió de la llengua i la cultura xineses al món". 

Ingenuamente pregunté si iba a haber traducción simultánea al español, pero la respuesta fue negativa. "Si fuese en turco o ruso, sí, pero no en este caso".

Alguien con educación y buena voluntad me dijo que el valenciano era muy fácil y que estando dos semanas en Valencia lo entendería. Pero yo lo que quería era asistir ese día a esa Conferencia específica. 

Aquí también hay un "daño colateral" y es que al no aplicarse el bilingüismo, uno de los sectores más perjudicados, en este caso, es el académico, ya que sólo los que entendían valenciano podían asistir a escuchar esa charla.

Para ir terminando, si ese chino que viene a España quiere hacer un viaje a La Coruña y se mete en la página web de Iberia, no lo encontrará sino que tendrá que buscar "A Coruña", como indica el cartel que hay en la autopista 6 de Madrid. 

Me daría un poco de risa, sino fuera tan triste, que cuando escribo Beijing. como lo hace casi el 100 por 100 de la prensa anglosajona por ejemplo, me dicen "en español se dice Pekín, no Beijing".

¿No se dice acaso en español "La Coruña" en lugar de "A Coruña"? Entonces porqué en páginas web y cartelería ha desaparecido el nombre de "La Coruña".

Nos encontramos aquí con una situación un poco kafkiana, en la cual, aparte de los esfuerzos de las Embajadas de países de habla hispana y del Instituto Cervantes, es China la que cada vez promueve más el español, mientras que dentro de España, como hemos visto, éste va desapareciendo de muchos lugares.

Por suerte tenemos a América Latina, por suerte el uso del español es cada vez mayor en los EE.UU., por suerte existe el Instituto Cervantes, y por suerte aún quedan importantes comunidades autonómicas en España donde se seguirá hablando la lengua de Cervantes.

Sin embargo, no deja de ser triste ver cómo el uso y la enseñanza del español crece en todo el mundo, en este caso en China, mientras al mismo tiempo va desapareciendo del país donde se originó.

09 diciembre, 2017

A propósito del "jamongate": jamones, huevos de mil años y la China nueva

El pasado 25 de Noviembre, el periodista Zigor Aldama, basado en Shanghai, publicó en el diario español El País, un artículo titulado "El apetito de China augura una subida de precios del jamón ibérico en España". cuyo texto completo puede leerse pinchando aquí.

El artículo tuvo una gran repercusión, y de hecho fue "fusilado" por varios medios de comunicación extranjeros, entre ellos por The Guardian, la televisión rusa RT (Rusia Today), prensa alemana, y hasta apareció en la prensa china. Todo esto llevó a que el autor se refiriese a este fenómeno como el "jamongate". 

En un muy breve resumen del artículo, éste cuenta, después de varias entrevistas, cómo la creciente demanda de jamón bellota -que se ha convertido en un artículo de lujo muy demandado en China- podría llevar a un incremento en el precio del producto en España, ya que su producción es limitada.

El "jamongate" me ha llevado a reflexionar sobre cómo ha cambiado China en las últimas décadas en todos los sentidos, incluidos sus gustos y hábitos alimenticios.

En la mitad de los años noventa, y por razones profesionales, estuve recibiendo a decenas de delegaciones chinas en España -en esa época no existía turismo chino en el país y no eran muchos los ciudadanos chinos que viajaran a España. A cada delegación la acompañaba un promedio de una semana por el país, y por supuesto, a comidas en diferentes restaurantes de la geografía española.

Cada vez que en un restaurante ponían jamón, el comentario de los huéspedes chinos siempre era el mismo "esto es crudo, ¿verdad?", "¿es esto crudo o cocinado?", y muchos se negaban a probarlo. Yo siempre respondía que no era carne cruda y para intentar ilustrarlo mejor ponía el ejemplo de los llamados "huevos de mil años" de China. "¿Son huevos crudos?" preguntaba. "¿Han pasado por un horno, una cocina, una sartén?". "Pues con el jamón pasa algo parecido".

Los llamados "huevos de mil años" o  songhuadan 松花蛋 (literalmente "huevos de flor de pino",quizás porque se usan cenizas de madera de pino en su elaboración) fue uno de los primeros platos que comí recién llegado a China, y ni su color, ni su textura, ni su sabor me gustaron nada; aparte de que me era imposible agarrarlos con los palillos ya que se resbalaban. 

El hecho es que los songhuadan son huevos de pato, que se entierran crudos con cal, tierra, cenizas, sal y otros elementos en un proceso que puede llevar hasta los cien días, tras los cuales los huevos ya han sido "cocinados" o "curados", se lavan, se les quita la cáscara y ya se pueden comer. O sea que no han pasado por ninguna cocina. 

"Huevos de mil años"

Mi ejemplo, mi pregunta los dejaba sin respuesta, aunque al rato volvían a la carga diciendo "esto es carne cruda". Muchas veces, al salir del restaurante, al ver un jamón listo para ser cortado, señalaban la punta de la pieza donde a veces había pelos y me decían "¿no ves?" "tienen pelo, esto es carne cruda".

Quién iba a decirme que décadas después, los chinos se acostumbraran y les gustase el jamón, y ahora cuando recibo a delegaciones y las invito a comer no dejan ni un gramo de jamón en los platos.

Antes de que Xi Jinping lanzara su campaña contra la corrupción y se prohibieran los regalos, el jamón cortado y envasado al vacío, era una de las cosas que más llevaba a China como obsequio para clientes y relaciones.

Está claro que los cambios que han tenido lugar en China en estas últimos décadas han sido espectaculares y en muchos casos radicales en todos los sentidos, incluido el culinario. Antes los chinos no tomaban café y ahora el país está lleno de Starbucks, siempre repletos.

Lo mismo pasó con el vino. En un principio sólo había un "vino tinto" dulce que producía un fuerte dolor de cabeza, luego el Primer Ministro Li Peng puso de moda el tomar vino con Sprite, y ahora las ventas de vino español, chileno, francés, australiano, sudafricano y hasta uruguayo, no hacen más que crecer y por supuesto ya no se toma con Sprite.

En todo caso, para bien de los productores españoles y latinoamericanos, se han abierto en los últimos años nuevas oportunidades de negocio de alimentos, entre los cuales se encuentra el jamón, el aceite de oliva, el vino, la carne, y diferentes tipos de frutas y verduras que antes no tenían demanda ni estaban en el mercado. 

03 diciembre, 2017

Beijing ya no quiere pobres

Varios medios de comunicación, chinos y extranjeros, entre ellos algunos españoles, están reflejando un movimiento que tiene lugar en estos momentos en la capital china y que consiste en la expulsión de miles de personas y la destrucción de viviendas y tiendas de gente de bajos recursos.

No me voy a extender mucho en este tema del cual, como he dicho, se han hecho eco muchos medios de prensa de España, como, entre otros la Agencia Efe, El País, La Vanguardia, La Voz de Galicia, o El Correo. No he leído toda la prensa española así que me refiero sólo a las crónicas a las cuales he tenido acceso. También he seguido el tema en los portales chinos Sina.com y Baidu.com.

Resumiendo brevemente, el pasado 18 de noviembre tuvo lugar un incendio en las afueras de Beijing que causó 19 muertos, en una zona de viviendas precarias donde vivían personas de bajos recursos, muchas de ellas desde hacía décadas y que se dedicaban a trabajos "de baja calidad".

Como consecuencia las autoridades municipales lanzaron inmediatamente una campaña de 40 días para terminar con esas viviendas precarias, en teoría posibles focos de incendios. En muchos casos, les han dado un plazo de 48 horas para que se fueran de la ciudad, amenazándoles con cortarles el agua y la luz, para luego destruir esas construcciones.

Esta acción ha causado una gran polémica en las redes sociales y entre gran parte de la población, lo cual ha llevado a las autoridades municipales a negar de forma repetida que se trate de una acción contra la población de bajos recursos. Esa continua y ampliamente difundida negación pública no hace más que reflejar, en mi opinión, el descontento general que esto ha generado.

Según la Agencia EFE, incluso un grupo de intelectuales chinos habría escrito a las autoridades pidiendo la paralización de esta medida que calificaron de "despiadada" y "en contra de los derechos humanos".

En realidad ya meses atrás, en zonas céntricas de Beijing las autoridades comenzaron a destruir pequeños restaurantes, bares y tiendas muy populares que hasta entonces habían sobrevivido a la "piqueta fatal del progreso", en medio de centros comerciales de lujo y del bosque de rascacielos de acero y cristal en que se ha convertido la capital china.

La verdad es que desde hace ya años Beijing lamentablemente  ha ido perdiendo paulatinamente su personalidad y de alguna manera se ha convertido en una ciudad "muy bonita" para las fotos, pero inhóspita, en especial para los peatones y ciclistas.

Acabo de regresar de Shanghai, una ciudad que no me gustaba, antes, cuando Beijing "era Beijing"; pero también con su enormes rascacielos, pude disfrutar en Shanghai de calles pequeñas arboladas, con pequeños negocios y cafeterías, e ir caminando a muchos lugares sin tener que cruzar puentes o atravesar túneles como ocurre ahora en la capital china.

Con esta expulsión en el frío invierno de Beijing de los que las autoridades no quieren que se les llame "gente de bajos recursos" parece que quieren transformar definitivamente a la capital china en una especie de centro comercial "moderno" y de lujo, donde ya no haya nada "feo".

Aparte del tremendo drama humano que esta acción está causando -¿a dónde irán esos expulsados?- también es motivo de tristeza para los que como en mi caso hemos estado viviendo y viajando a Beijing durante más de cuatro décadas ver cómo la ciudad, aparte de las indiscutibles mejoras que ha experimentado, se ha transformando cada vez más en una urbe sin personalidad, sin "alma".

Días atrás, en concreto en la madrugada del 1 de diciembre, tuvo lugar en Tianjin un incendio en un edificio de 38 pisos, que causó 10 muertos. No creo que por ello vayan a expulsar a los habitantes de esa torre, que está situada a menos de un kilómetro de la sede del Gobierno Municipal, en pleno centro de la ciudad. 

La realidad, lamentablemente, es que parece que Beijing ya no quiere pobres.