12 junio, 2022

Es el momento de tomar té

Los lectores fieles de estas Reflexiones Orientales habrán notado que últimamente mis entradas ya no son tan frecuentes como antes, y que esta página está un poco descuidada. Y por ello, creo que es mi obligación dar una explicación al respecto.

En diciembre se cumplirán ya diez años desde que, muy entusiasmado e ilusionado, me decidí a crear un espacio propio para "reflexionar, contar, compartir pensamientos, historias y experiencias de China, de ayer y del presente" como está definido en la portada.

Diez años no son casi nada, no digo ya en la historia de la humanidad, sino en la vida de un país o de una persona. Pero los cambios que han tenido lugar en esta última década -políticos, diplomáticos, económicos, tecnológicos, sanitarios- creo que tienen pocos precedentes.

No voy a hacer un resumen de estos diez años, pero creo que no exagero si digo que ahora estamos viviendo "en otro mundo". Y una de sus características son los extremismos, donde o todo es "blanco" o todo es "negro", sin margen para ningún tipo de variaciones intermedias.

Este fenómeno se puede ver en todo el mundo, y no abarca sólo al campo de la política internacional, sino hasta los más mínimos e impensables aspectos de la sociedad, en muchos casos llegando al ridículo.

Allá por principios de los años noventa, recuerdo que en el hotel donde estaba alojado en una ciudad del centro de China, había una tienda que cerraba al mediodía, y ponía un cartel que decía en chino 休息时间, mientras que en inglés ponía "Drinking tea".

Estas Reflexiones Orientales se merecen un momento de descanso, un momento para "tomar el té". Para terminar un ilusionante proyecto profesional que espero poder anunciar en el segundo semestre y para, como decimos en términos futbolísticos, "bajar la pelota" y ver hacia donde tirarla.

Volviendo al tema del té, hay un refrán chino que dice "cuando la gente se va, el té se enfría" (人走茶凉). Espero que cuando regrese, si es que lo hago, el té aún se mantenga caliente en las tazas de aquellos que me han apoyado y ayudado en esta larga marcha de reflexiones doblemente orientales.

@PabloRovetta 

26 mayo, 2022

Distancias geográficas - Distancias psicológicas

Leo en un diario de España un artículo que comienza con la siguiente frase: Hay pocos países más alejados de España geográfica y culturalmente que China.

Me hizo acordar a tiempos que ya parecen lejanos, cuando se realizaban con mucha frecuencia en España seminarios empresariales sobre cómo entrar en el mercado chino y se indicaban cuáles eran las dificultades para acercase a la República Popular.

Casi siempre surgía la comparación con América Latina y la pregunta que se planteaba era ¿por qué las empresas españolas -"tan exitosas en América Latina"- tenían dificultades, en comparación con los países de "nuestro entorno", para "conquistar" el mercado chino?

Se mencionaba lo difícil que es el idioma chino. Y siendo esto verdad, nadie se preguntaba por qué los países del entorno de España tenían una presencia mayor en China, como si para los alemanes, británicos, italianos o franceses el chino fuese un idioma más fácil que para los españoles.

Otro de los tópicos era "la distancia". China quedaba "muy lejos" de España, como da a entender esa frase del medio de prensa.

Si uno se toma un taxi para el Aeropuerto de Madrid-Barajas y le dice al taxista que va a viajar a Buenos Aires, a éste le parecerá algo "normal", como quien viaja a Vigo. Pero si dice que va a volar a China, entonces casi siempre se asombra por lo "lejos" que va.

Aún hoy, la sensación en general es que China, como dice la frase del artículo está, geográficamente, muy lejos de España.




Es verdad que el país asiático no está cerca de la peninsula ibérica; pero desde el punto de vista geográfico también es verdad que hay muchos países de América Latina que están más alejados, aunque psicológicamente poca gente lo considere así.

La distancia en línea recta entre Madrid y Beijing, según Google, es de 9.222 kilómetros. Un viaje de vuelo directo de unas doce horas.

Según la misma fuente, Madrid está a 9.513 kilómetros de Lima, 9.941 de Montevideo, 10.039 de Buenos Aires y 10.695 de Santiago de Chile. Estos cuatro destinos están por lo tanto más lejos de Madrid que de Beijing (si consideramos sus capitales y no sus fronteras) sin que casi nadie mencione el tema de la distancia.

A esos destinos podríamos agregar Ciudad de México o Asunción, un poco más cercanas que de Beijing, pero separadas por más de 9.000 kilómetros de la capital española.

Por ello, en comparación con muchos países de América Latina, desde el punto de vista geográfico China está más cerca de España. Y así lo que separa a España de China, y lo que la acerca a América Latina no son las distancias geográficas, sino lo que podríamos llamar distancias "psicológicas".

Por otro lado, es verdad que desde el punto de vista cultural, España y China son países muy alejados entre sí. Pero, China ¿es uno de los "pocos"? ¿Y qué pasa con tantos países de Asia Central y Oriental, de África y Oriente Medio con formas de vestir, organización de la sociedad y hasta influencias religiosas tan diferentes y distantes no sólo de España, sino incluso de la propia China?

Sólo como ejemplo podríamos citar a India, países del Golfo o incluso algunos del norte de África, éstos últimos tan cercanos geográficamente a España. ¿Acaso no están culturalmente muy alejados de España, aunque geográficamente mucho más cercanos que China?

En el fondo de esto subyace un "eurocentrismo" que en cierto modo también se ve en los países latinoamericanos, donde, empezando por la eduación, ni se habla de la historia y cultura de miles de millones de habitantes (sólo entre China e India ya son más de 2.500) que representan demográfica y geográficamente la mayoría del planeta.

Y asi, lamentablemente, con mucha frecuencia cuando se habla de "el mundo", en el fondo no se está teniendo en cuenta a esa gran mayoria de la tierra.

Es una pena que, a pesar de los muy modernos medios tecnológicos que nos permiten acercarnos a los rincones más perdidos del planeta, en la práctica, el conocimiento de esos países fuera de la esfera de Europa y el llamado mundo "occidental" sea ahora mucho más pobre que cuando sólo teníamos los libros y las enciclopedias de papel.

@PabloRovetta


23 abril, 2022

Los años setenta en China - Recuerdos de un oriental en Oriente (Prólogo)




Oriental
«(del lat. orientalis) Adj. 1. Natural del oriente o de
Oriente (Asia y regiones inmediatas) […] 
5. Uruguayo. Aplicado a personas. Usado también como sustantivo».
Diccionario de la lengua española. Real Academia Española.


El avión de Swissair, casi vacío, aterrizó la noche del siete de julio de 1975 en el aeropuerto «La Capital» de Pekín. Cuando salí para bajar por la escalerilla, me golpeó una ola de calor húmedo mientras, en medio de una mansa llovizna, un retrato de Mao Zedong me miraba como dándome la bienvenida a la República Popular China.

Yo tenía diecisiete años y viajaba con mi hermana Laura, un año menor, y con mis padres, y desde entonces y durante más de diez años fuimos los únicos uruguayos que vivimos en el país más poblado de la Tierra. Ese día marcó para mí el comienzo de una relación directa con China que ya lleva casi medio siglo.

Venía de una ciudad como Montevideo que está considerada la capital más alejada de Pekín en el mundo, del sur al norte, de Occidente a Oriente, del Atlántico al Pacífico, del invierno al verano y del capitalismo al socialismo.

Estábamos justo del otro lado de la tierra donde había nacido, y para mí fue como llegar a otro mundo, en el cual, mientras mis padres trabajaban, mi hermana y yo dedicamos los primeros años a los estudios.

Ellos ejercieron como correctores de estilo de español en Ediciones en Lenguas Extranjeras —organismo oficial encargado de la publicación de revistas y libros en diferentes idiomas—, y formaron parte de lo que los chinos llamaban «expertos extranjeros».

Mi hermana y yo estuvimos dos años estudiando chino en el entonces llamado Instituto de Lenguas de Pekín (北京语言学院) —en la actualidad Universidad de Lengua y Cultura de Pekín (北京语言大学)— y luego entré a Qinghua ( 清华大学), una de las dos universidades más prestigiosas del país. Allí estuve cinco años cursando en chino la carrera de Informática, donde obtuve mi licenciatura, y coincidí durante un tiempo con el actual presidente Xi Jinping que entonces estaba en la facultad de Química.

En plena Guerra Fría, había llegado a una China donde aún vivía el Presidente Mao, que seguía convulsionada por la Revolución Cultural y muy aislada del y por el mundo. Allí pude ser testigo de acontecimientos históricos como la muerte del también conocido como «Gran Timonel», tensas luchas políticas con multitudinarias manifestaciones, incidentes en la famosa plaza de Tian’anmen, la caída de «La Banda de los Cuatro», liderada por la viuda de Mao, y el comienzo de la política de reformas y apertura al exterior.



También en la capital china viví el primer terremoto de mi vida, el que está considerado uno de los movimientos sísmicos más devastadores de la historia moderna del mundo.

En medio de una muy reducida colonia extranjera, y sin los modernos medios actuales de comunicación e información —internet, celulares, televisión por satélite— vivimos varios años prácticamente aislados del mundo. Nada más llegar, y al ver que un barrio de Pekín tenía más habitantes que todo el Uruguay, aprendí a relativizar las cosas y cambiaron las nociones que hasta entonces tenía sobre lo que era grande o pequeño, mucho o poco, viejo o nuevo. También añoré cosas en principio insignificantes a las que no les había prestado atención en el pasado, como, por ejemplo, un buen café, un limón, el olor y la vista del mar, el canto de los teros, o el sabor del dulce de leche o de membrillo.

Para mis padres, seguir tomando mate fue uno de sus mayores retos, y más de una vez los llegué a ver usando literalmente «la yerba de ayer secándose al sol», como dice el tango

Mi vida y la de mi familia cambiaron por completo en casi todos los aspectos; la comida, los horarios, las costumbres, la vestimenta, y tuvimos que acostumbrarnos a muchas cosas nuevas, como tomar agua caliente en pleno verano.

Allí pasé por diferentes etapas, desde la experiencia de estar siete años en dos universidades, trabajar como periodista para la Agencia EFE, dedicarme a la promoción y a realizar estudios de mercado para la Oficina Comercial de la Embajada de España, hasta trabajar en una empresa muy relacionada directamente con un sector clave en la economía, como es el mundo del petróleo.

Mientras estudiaba en la universidad, y como parte de los métodos de educación de esos años, trabajé en dos fábricas y en una Comuna Popular en el campo. También me manifesté en dos ocasiones en la plaza de Tian’anmen, la primera vez para condenar a Deng Xiaoping y la segunda para celebrar la caída de «La Banda de los Cuatro».

He podido vivir China bajo diversos líderes, desde Mao Zedong, hasta posteriormente Hua Guofeng, Deng Xiaoping, Hu Yaobang, Zhao Ziyang, Li Peng, Yang Shankun, Jiang Zemin, Hu Jintao, Wen Jiabao y ahora Xi Jinping.

Fui testigo directo de lo que pasó en el país antes, durante y después del llamado proceso de reformas y apertura al exterior que se inició a finales de diciembre de 1978. Para que un ciudadano local en la actualidad haya vivido ese mismo período debería tener unos sesenta años. Por lo tanto, me tocó vivir y ser testigo de acontecimientos que una gran parte de la población china solo conoce hoy, en el mejor de los casos, por historias familiares, películas o libros.

Así tuve la oportunidad de vivir una experiencia única, muy enriquecedora en muchos aspectos y que me generó una forma de ver el mundo y las cosas desde otro ángulo y con otras dimensiones.

Tras la muerte de Mao fui viendo los pequeños y paulatinos cambios que iban teniendo lugar, desde la llegada de la Coca-Cola hasta la transformación de varios aspectos de la vida diaria: la vestimenta, el suministro en las tiendas, los servicios, la oferta cultural y hasta las costumbres y hábitos de su población,

Los cambios que ha experimentado China en estos más de cuarenta años han sido tan espectaculares —cosa que nadie en el mundo pone en duda— que podría decir, sin exagerar, que dentro de un mismo territorio, en el fondo, he vivido en dos o más países diferentes.

Si me hubiese quedado dormido a finales de 1975 y despertara ahora, prácticamente no reconocería ni la ciudad ni el país, salvo, quizás, por alguna imagen familiar como la plaza de Tian’anmen; utilizaría expresiones que casi nadie entendería, y tampoco comprendería muchas palabras de la actualidad.

Para muchos, la experiencia vivida me convertiría en un «experto». Sin embargo, a medida que ha ido pasando el tiempo, he sido cada vez más consciente de la complejidad de todo lo relacionado con el mundo chino y de lo difícil que es hablar o escribir sobre el país.

Llevaba décadas pensando en escribir un libro, mientras que cuanto más pasaba el tiempo, más difícil se me hacía, como le ocurre a mucha gente después de largas temporadas viviendo en China. Creo que son una muy reducida minoría los que, después de haber residido décadas o incluso nacido en Pekín, han escrito algo —muchas veces ni siquiera un artículo— sobre su experiencia o aspectos del gigante asiático.

Los pocos que conozco que lo han hecho, ha sido después de muchos años y en algunos casos de una forma muy particular, refiriéndose a etapas y casos muy concretos. Y conozco a muchas personas, de todos los continentes, que hablan un chino perfecto y conocen todas las costumbres locales, que han vivido experiencias mucho más interesantes que la mía, pero que no han escrito ni una sola línea.

En teoría, parece un país fácil de entender tras una breve estancia —«los chinos son así», «a los chinos no les gusta esto», «los chinos prefieren aquello», y un largo etc.—, pero, con el paso del tiempo, estoy cada vez más convencido de lo complejo que es. Aparte de ser una nación milenaria, los cambios han sido y son casi constantes, surgen sin cesar cosas nuevas, al tiempo que otras desaparecen o regresan del pasado. Lo que hoy es «bueno» hasta ayer podía ser «malo», o viceversa; lo blanco se podía transformar en negro, para volver a ser blanco en algún caso, o gris en otro. Si en muchos aspectos los cambios se producen a una velocidad supersónica, en otros el país parece haberse quedado estancado en alguna de sus milenarias dinastías.

Por eso, cuando más tiempo se está relacionado con China, más cuesta no solo escribir, sino, simplemente, hablar del país. Por lo menos ese es mi caso y el de gente que conozco y que ya lleva décadas —o toda una vida— como residentes. Al final, sin embargo, me he decidido a dejar una constancia por escrito de lo vivido, para que aquellos interesados en el gigante asiático tengan un testimonio de lo que fui testigo en una etapa muy especial de su historia y que espero resulte de interés. Creo que en español se pueden encontrar muchas versiones y análisis sobre la China de hoy, o sobre el proceso de reformas que ya lleva más de cuatro décadas; pero no sé si pasa lo mismo con la época anterior a ese proceso, que, en mi opinión, abarcó, en un corto período de tiempo, los años de cambios más radicales y espectaculares en la historia reciente de la República Popular.

En las páginas que siguen lo que intento reflejar es cómo era el país en los años setenta, cómo viví en él, las cosas que veía y que en algunos casos no entendía o no me gustaban. Son recuerdos, impresiones y reflexiones de esa época, intentando también hacer en algunos casos una comparación con la actualidad.

Para los lectores no familiarizados con la historia de mi país me gustaría destacar que lo que hoy es la República Oriental del Uruguay era conocida en la época de la colonia como la «Banda Oriental» del Virreinato del Río de la Plata, por encontrarse al este del río Uruguay, y por eso «oriental» ha sido y es también sinónimo de uruguayo o de todo lo relacionado con Uruguay. De ahí que estos sean recuerdos doblemente orientales: de un «oriental» uruguayo, y sobre este nunca mejor llamado lejano Oriente.

Este libro ha sido escrito basado en lo que me queda de memoria de esos años, y las fuentes utilizadas, en especial para mencionar citas, fechas o nombres, provienen de mi archivo personal de publicaciones de la época que aún conservo, aunque en algún caso he debido recurrir a fuentes chinas para refrescar algunos episodios, entre ellas la hemeroteca del Diario del Pueblo, el principal órgano de prensa del país.

Por último, en estos años repletos de fuentes de información, pero paradójicamente de tanta amnesia y en muchos casos mediocridad, me gustaría recordar, en especial para las nuevas generaciones, que hasta hace unas pocas décadas atrás, solo el hecho de mostrar interés por el país asiático, intentar acercarse o querer ser su amigo, podía tener en muchos países, como el mío, consecuencias muy trágicas, que incluían la cárcel, la persecución, atentados terroristas o, incluso, la muerte o «desaparición» de personas como lo que vivimos en el Cono Sur. Creo que es bueno mencionarlo, ahora que es muy fácil y está de moda hacerse amigo o acercarse a China.

-----

"Los años setenta en China-Recuerdos de un oriental en Oriente" puede conseguirse en papel, sólo en España, a través de este enlace y en las plataformas de Casa del Libro, FNAC u otras similares.

En versión ebook (con un prólogo del embajador uruguayo en China, Fernando Lugris) está en Amazon o plataformas similares en todo el mundo

13 marzo, 2022

Hablando de Ucrania: las abreviaturas en el idioma chino

Reflexiones de un lector del "Diario del Pueblo"-1

En mis "Los años setenta en China" dedido un capítulo al idioma chino, indicando que "otra de sus características, buenas o malas, según se mire, es el uso o abuso de las abreviaturas....Un titular como 'Viva la amistad entre los pueblos de Zhong y Wu ( 中乌人民的友谊万岁!)' podría referirse a la amistad del pueblo chino con el de Uruguay, con el de Uganda o con el de Uzbekistán ya que los nombres en chino de esos países empiezan por el mismo caracter: 乌 (Wu)."

El mismo ejemplo puede aplicarse para la palabra Ucracia 乌克兰 y desde hace semanas podemos ver con frecuencia el uso de 乌俄 o 俄乌 para referirse a Ucracia-Rusia o Rusia-Ucrania: 俄乌危机 俄乌冲突 乌俄战争 乌俄谈判. 

Por lo tanto, en el contexto actual, si vemos en un titular lo de 中乌 o 乌中 lo más seguro es que no se esté refiriendo a Uruguay.

Si bien es verdad que para cualquier traducción o interpretación es necesario conocer el contexto de la palabra o frase a traducir, en el caso del chino la dificultad es mayor por ese uso generalizado de las abreviaturas.


En este titular aparece una referencia a "Rusia-Ucrania" y otra a "Estados Unidos-Ucrania"

Siguiendo con el ejemplo de los países -estando yo en la Universidad- los diarios, la radio y la televisión hablaban de  "两伊战争" (la guerra de "las dos Yi", o "la guerra de las dos "I"; la guerra entre Irak-Irán) ya que el nombre en chino de ambos países comenzaba por el mismo caracter: 伊.

En otros casos se requiere un conocimiento más profundo. Por ejemplo, no sé si los intérpretes jóvenes entienden el significado de "两阿提案" (la propuesta de las dos "A"), que se refiere a la moción que Albania (阿尔巴尼亚) y Argelia (阿尔及利亚) presentaban todos los años -hasta 1971- a votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas para que la República Popular ocupara el puesto oficial de China en el organismo internacional.  Por ejemplo, podemos leer que "hasta el año X, Brasil siempre votó en contra de la moción de 'las dos A'".

Tampoco creo que sea fácil ahora conocer a qué se referían en la diplomacia china cuando se hablaba de las "三利", las tres "li" según la pronunciación en chino de la última sílaba de tres países (Italia -意大利; Austria - 奥地利 y Chile - 智利-). Se trataba de una estrategia de la diplomacia china a mediados de los años sesenta para probar en esos tres países la "táctica de los dos pasos" (establecer primero organismos no oficiales para el comercio, para luego, en un segundo paso, alcanzar el establecimiento de relaciones diplomáticas cuando las condiciones estuvieran maduras).

Otro ejemplo "divertido" lo encontramos cuando en China se hace referencia a los BRICS (el grupo de países que forman Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Como la palabra inglesa "bric" quiere decir "ladrillo", tanto en su traducción al español como al chino, en los medios de prensa este grupo de países es conocido como "金砖国家" (los países del ladrillo).

El uso de tantas abreviaturas -hoy sólo nos limitamos a hablar de países, pero podríamos dar una larga lista de ejemplos de uso en el lenguaje político y sólo como muestra recordar la mención a 两会 (las dos Sesiones) para referirse a las reuniones de la Asamblea Popular Nacional y del Consejo Consultivo Político del Pueblo Chino- dificulta así enormemente el trabajo de los intérpretes, y es un difícil reto cuando la interpretación tiene que ser simultánea.

En el caso del lenguaje escrito, los titulares en chino pueden resumir fácilmente una información o una idea, lo cual en español haría que ese titular fuese mucho más largo.

Con esta, comienzo una serie de "Reflexiones de un lector del 'Diario del Pueblo'" en las cuales iré comentando aspectos de interés en relación con el uso del idioma chino en la prensa oficial escrita del país.

Como siempre, cualquier comentario o crítica son bienvenidos, bien en este blog o directamente en pablo.rovetta@gmail.com

25 enero, 2022

Ante la llegada de la "Fiesta de la Primavera", llamemos las cosas por su nombre

Hoy, 25 de enero,  el 小年 ("pequeño año") marca el comienzo de las actividades tradicionales para la celebración de la Fiesta de la Primavera en China, y ya he leido y escuchado fuera del país asiático menciones a que dentro de una semana, el 1 de febrero, comenzará el "año del tigre de agua", o que los chinos entrarán en el año cuatro mil y tanto (en concreto en el 4720).

En realidad ya hace varios años, y seguramente en los próximos días veremos cada vez más, en la prensa escrita, la radio y la televisión de nuestro mundo de habla hispana, esas palabras y fechas.

De verdad no entiendo por qué en gran parte de los medios de comunicación, páginas web y redes sociales del mundo, por lo menos en español, se insiste en usar esos y otros términos que en realidad no se utilizan en la República Popular.

Sin necesidad de ser un experto o estudioso sobre China, y aplicando la sencilla lógica de "allá donde fueres haz lo que vieres" podemos comprobar fácilmente cómo se refieren los chinos (desde el Presidente de la República hasta el más sencillo de los ciudadanos) a esta festividad tradicional.

La primera "Fiesta de la Primavera" la pasé con mi familia en China a principios del año 1976. Entonces esa era su única denominación oficial y pública y no se hacía referencia al "animal" del año en el cual íbamos a entrar, ni había dibujos del mismo, aunque por tradición todos sabían y mencionaban qiue íbamos a entrar en el "Año del Dragón".

Tras el comienzo de la política de reformas y apertura al exterior en 1979, poco a poco fueron retornando a la sociedad algunas costumbres y tradiciones, entre ellas las de hablar de "año nuevo" y el nombrar a cada uno de los doce animales que existen en ese calendario particular de algunos países de Asia Oriental. Sin embargo nunca se ha dejado de utilizar el término "Fiesta de la Primavera".

En todo caso nunca, desde 1976 hasta el presente, vi en el país referencias a animales "de metal", "de agua" "de fuego", "de madera",  o "de tierra", como tampoco menciones a que, según su calendario tradicional, China estaba en el años cuatro mil y tanto.

Creo que cualquier persona que haya podido estar aunque sea sólo una Fiesta de la Primavera en China podrá estar de acuerdo con esto. Pero incluso sin viajar a China, y sólamente con leer las felicitaciones de Año Nuevo -tanto las oficiales como las que figuran en las redes sociales-, la prensa del país o los discursos de los dirigentes, se podrá comprobar fácilmente cómo esos términos no se utilizan.

Simplemente entrando en Google, Baidu o cualquier otro buscador y poner "año del tigre" aparecerán miles de imágenes en las cuales sólo se menciona al 虎年, "año del tigre" o "year of the tiger" y en todas ellas la fecha que aparecerá será 2022.

  

Evidentemente los términos "de metal", "de agua", "de fuego", "de madera", o "de tierra" no se han inventado en Occidente, y tienen una base científica; lo mismo pasa con la referencia al año 4720. Pero eso daría para otro análisis. El hecho y lo principal es que son términos que no se usan de forma popular, y que sólo podemos encontrar en publicaciones o artículos más académicos.

Otro de los términos que solemos encontrar es el de "Año Nuevo Lunar" o "Calendario Lunar" -incluso en publicaciones chinas. Es verdad que la entrada del nuevo año está directamente relacionada con la luna; sin embargo el calendario chino -lo mismo que el judío- es en realidad luni-solar.

Por eso, en las fechas que figuran en los periódicos, en las declaraciones oficiales, en los calendarios, lo que se menciona es el "Calendario Agrícola" (农历 )

En un reciente discurso, el Presidente de la República Popular China, Xi Jinping hizo mención a que "中国农历虎年新春就要到来" ("Pronto se celebrará la Fiesta de la Primavera del Año del Tigre según el calendario agrícola chino".) Creo que ésta es la mejor prueba de cómo se debe hacer referencia a este nuevo año.

Por último, si bien es verdad que los habitantes del país hacen referencia al "Año nuevo chino", no debemos olvidarnos que ésta festividad también se celebra en otros países de la región como Corea, Vietnam o Mongolia.

En mi opinión las fiestas tradicionales de los diversos países y nacionalidades del mundo deberían ser nombradas según las costumbres propias de sus habitantes, lo mismo si se hace referencia a los años y por eso vuelvo al refrán del comienzo: "Allá donde fueres, haz lo que vieres". Lo mismo 

¿Por qué los uruguayos, mexicanos, españoles y demás hispanoparlantes tenemos que emplear -para referirnos a cosas de China- términos que no se utilizan en ese país? 

Este fenómeno es una muestra del gigantesco trabajo que aún queda por hacer para un mayor conocimiento de la cultura china en nuestros países. Y en ese sentido, los medios de comunicación chinos enfocados al exterior creo que deberían hacer más esfuerzos para aclarar estos temas y explicar al público extranjero todo lo relacionado con esta fiesta, empezando por lo más sencillo: qué términos se emplean en China para referirse a ella.

@PabloRovetta

04 enero, 2022

China se consolida como principal cliente de Uruguay

En un año en el cual la crisis del Covid afectó gravemente a la economía y el comercio mundial, Uruguay alcanzó en el 2021 una cifra record de exportaciones, un 43 % más que el 2020 e incluso un 26 % superior a lo vendido en 2019, el año anterior a la pandemia.

La República Popular China -principal socio comercial de Uruguay desde el año 2013- se volvió a consolidar como el primer destino de las exportaciones uruguayas, superando incluso con holgura las cifras récord del 2019. La carne sigue siendo "el producto estrella" en las ventas de Uruguay al país asiático -el primer cliente uruguayo de este producto en el mundo- seguida por otros rubros como la celulosa y la soja. También hay que destacar que, teniendo en cuenta el volumen de lo exportado, China fue el año pasado el principal comprador de productos lácteos.

28 diciembre, 2021

Dos años viendo a China desde afuera

Se acerca fin de año, y me gustaría reflexionar sobre algunas cosas que han pasado en China y que han tenido relación con ese país, en este 2021 tan raro y trágico que nos ha tocado vivir, continuación de un fatídico 2020 cuando la Covid comenzó a expandirse por el mundo.

El próximo 21 de enero se cumplirán dos años desde mi último viaje a China. Nunca desde 1975 había estado tanto tiempo fuera de la República Popular. Y teniendo en cuenta la velocidad con la que se desarrollan los acontecimientos y se producen los cambios en el país asiático, dos años es mucho tiempo.

14 noviembre, 2021

Dirigentes chinos en la década de los años setenta

La reciente celebración de la VIª Sesión Plenaria del XIX Comité Central del Partido Comunista de China, creo que es una buena oportunidad para recordar la historia de los líderes de la República Popular en la década de los años setenta.

Y lo hago porque desde hace ya mucho tiempo, y muy especialmente con motivo de esa reunión celebrada del 8 al 11 de noviembre en Beijing, en gran parte de la prensa occidental se repite eso de que Xi Jinping es, después de Mao, el dirigente con más poder en la historia de la República Popular.

01 octubre, 2021

Sobre la guerra contra China en los medios de comunicación

El hasta ahora delegado de la Agencia EFE en Beijing, Javier García, anunció días atrás que dejaba el periodismo debido a que "la bochornosa guerra informática contra China" se había llevado buenas dosis de su ilusión por el oficio.

El hilo público en Twitter del periodista, con más de treinta años de experiencia, tuvo una gran repercusión en las redes sociales entre aquellas personas relacionadas con la República Popular.

24 septiembre, 2021

"Los años setenta en China" ya está disponible en todo el mundo

En noviembre del año pasado, cuando anunciaba la publicación de "Los años setenta en China-Recuerdos de un oriental en Oriente" empezaba diciendo "después de cuarenta y cinco años, ya está aquí".

El libro había salido auto-editado después de varios esfuerzos infructuosos por conseguir una editorial para publicarlo. Y lamentablemente la experiencia no fue nada buena. El libro no llegó a estar físicamente en las librerías de España, y mucho menos en otros lugares del mundo.