30 julio, 2022

Cuando en China no se comía carne vacuna - Serie TLC Uruguay-China -2

La semana pasada reflexionábamos sobre la posibilidad de un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Uruguay y China, poniéndo énfasis en si las relaciones con la República Popular habían sido y eran o no beneficiosas para Uruguay.

Hoy, continuando con el mismo tema, vamos a recordar a una China en la cual prácticamente no se comía carne vacuna hasta unas pocas décadas atrás. Recordando ese pasado no tan lejano de China podremos apreciar mejor cómo el espectacular resurgimiento del país asiático y su gran desarrollo económico y social han supuesto una verdadera revolución en el sector agroalimentario mundial, favoreciendo en este caso a países como Uruguay.


En la década los años setenta, cuando empecé a vivir en China, la palabra carne (肉) era en la práctica un sinónimo de "carne de cerdo", y estaba considerado un producto de lujo; estaba racionado, y sólo se comía en situaciones muy especiales, como por ejemplo para la entrada del Año Nuevo según el calendario agrícola chino.

Algunos de los platos de la comida china más populares, como el famoso "cerdo agridulce", se conocía, y aún se conoce con el nombre de 古老肉, lo mismo que el plato preferido del presidente Mao, 红烧肉, u otros como el 木须肉 o el 回锅肉. En todos los casos sólo aparece el caracter carne, sin indicar de qué animal es, aunque se da por sentado que es de cerdo. 

Si alguien preguntaba o pregunta aún de qué estaban rellenos los famosos jiaozi 饺子 (que a mí me gusta traducir como "ravioles chinos"), y le respondían 肉馅的, querian decir que lo estaban de carne (por supuesto de cerdo).

Para los médicos, la carne (肉) "era mala para la salud", y le decían a los pacientes con problemas de hipertención o colesterol, que no la comieran.

El cerdo era tan importante en la cultura y la sociedad de China que la palabra "casa" o "familia" (家) está representada por un cerdo debajo de un techo. "Allí donde había cerdos, había una casa o una familia", nos decía el profesor.

En "Los años setenta en China-Recuerdos de un Oriental en Oriente" recuerdo cómo más de una vez ví cómo en la parrilla trasera de una bicicleta, encima de unas maderas horizontales, se transportaba a un cerdo vivo.

Lo que no cuento es cómo, durante un período de estancia en una Comuna Popular, en una clase de secundaria se dio una clase en la cual los alumnos aprendían, "en vivo y en directo", a castrar a un cerdo, en medio de los chillidos del animal.

La China de antes de 1949 era un país arrasado por décadas de guerras y calamidades naturales, con frecuentes hambrunas. Tras el establecimiento de la República Popular, la producción de alimentos era deficitaria y con el objetivo de poder garantizar un mínimo de suministros a toda la población, se estableció un sistema de racionamiento para los cereales, el aceite...y la carne. Este sistema se regía por el uso de los llamados "cupones", y en el caso concreto de la carne, éstos eran distribuidos entre los ciudadanos en los niveles locales, y además tenían fecha de caducidad.

Los cupones de carne eran para la de cerdo, y para que no quedara duda de ello, en muchos aparecía un dibujo del animal, como en el siguiente:


Cupón para 250 gramos de carne de cerdo, para ser usado en el primer trimestre de 1964 en el municipio de Shanghai

Cupón para 250 gramos de carne de cerdo, para su uso en Shanghai durante el primer trimestre de 1964

Sólo existía un caso en cual debía indicarse de forma clara que la carne tenía que ser vacuna, y éste era el la población musulmana.

En concreto, se trataba de los habitantes hui, una de las principales de las más de 50 llamadas "minorías nacionales" que tiene China y que en total representan menos del diez por ciento de su población.

Los hui son descendientes de poblaciones árabes, persas, turcas y de otras regiones de Asia central que comenzaron a llegar a China en la antiguedad, y que profesan el islamismo. La Región Autónoma Hui de Ningxia es una de las cinco que existen en China. En ella, los hui representan aproximadamente la tercera parte de su población. Sin embargo, se pueden encontrar habitantes hui en todo el territorio chino.

Y para los hui, que no comían cerdo, existían cupones especiales como el que vemos a continuación, también con un dibujo:


"Cupón de carne de vaca para los huimin"

Como los hui no eran los únicos musulmanes en China -por ejemplo están los uigures que habitan la Región Autónoma Uigur de Xinjiang- también había cupones con el nombre de 清真, un sinónimo de "musulmán" usado muy frecuentemente en China.


Cupón de carne de vaca para musulmanes de la municipalidad de Shanghai


Este tipo de cupones circularon en China hasta finales de la década de los 80 del siglo pasado. En efecto, a partir del año 1979 el país comienza a aplicar una serie de reformas económicas, en especial en el campo. Entre esas medidas se permite a las familias criar cerdos más allá de los necesarios para sus propias necesidades y vender la carne excedente en lo que se llamaban "mercados libres agrícolas". 

Algo similar tiene lugar con la creación de "parcelas individuales" de tierra para que los campesinos pudieran cultivar verduras y frutas. En cuanto a los cereales, se fijaron cuotas de producción que las familias estaban obligadas a vender al Estado a precios fijados por éste; pero todos los excedentes podían entrar en la cadena de distribución, a precios que fijaba la oferta y la demanda.

Como consecuencia, se incrementó de forma destacada la producción agropecuaria, y hacia finales de la década de los ochenta desaparecieron los cupones, tanto para los cereales como para la carne. 

En resumen, fue hace unas más de tres décadas cuando la población china pudo comenzar a comprar y comer carne sin limitaciones, aunque en un principio, ésta seguía siendo principalmente sinónimo de carne de cerdo.

Es recién en los comienzos del siglo XXI cuando, gracias al espectacular desarrollo económico y social experimentado por China, y la mejora en las condiciones de vida de su población, paulatinamente productos como la carne vacuna o los lácteos comenzaron a ser importados por China para satisfacer las necesidades de sus consumidores. 

Esto produjo una especie de revolución agropecuaria en el mundo que afectó positivamente primero a países como Estados Unidos, Australia o Nueva Zelanda, y posteriormente a Argentina, Brasil y por supuesto Uruguay que vieron cómo se abrían las puertas de un mercado nuevo, con un crecimiento exponencial en su demanda, que ha llevado a la República Oriental -siempre insisto que, con una población similar a la de un simple barrio de Beijing- a convertirse en uno de los principales provedores de carne vacuna de la República Popular.

Esperamos poder seguir tratando temas relacionados con un posible TLC entre Uruguay y China en  próximas "Reflexiones Orientales"


Pablo Rovetta Dubinsky

24 julio, 2022

Uruguay da un paso adelante hacia un Tratado de Libre Comercio con China

Uruguay dió un gran paso adelante en su objetivo de alcanzar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China cuando el presidente Luis Lacalle anunció el pasado día 13, la finalización, con resultados positivos, del estudio de factibilidad sobre el mismo. "Ahora sí empezarán formalmente las negociaciones" indicó con satisfacción el mandatario de la República Oriental.

El proceso "oficial"  había comenzado en septiembre del año pasado cuando Luis Lacalle Pou informó que el gobierno uruguayo había recibido una respuesta formal de las autoridades chinas en la que se explicaba su disposición de "avanzar en un Tratado de Libre Comercio".

Desde entonces, y más recientemente tras el anuncio de la pasada semana y la Cumbre de Mercosur en Asunción, ese posible TLC ha sido uno de los temas más tratados por la prensa nacional y sobre el cual se han generado más comentarios, críticas, elogios y polémicas, no sólo en el panorama político uruguayo, sino también entre sus otros socios de Mercosur (Argentina, Brasil y Paraguay).

Desde estas reflexiones, hoy más doblemente orientales que nunca, creo que antes de empezar a analizar toda la complejidad relacionada con un TLC, es necesario partir desde lo más básico y hacerse la siguiente pregunta:


    ¿Han sido y son beneficiosas para Uruguay las relaciones con China?    


En marzo de 2023 se cumplirán 35 años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países. En este período de tiempo, todos los principales partidos políticos uruguayos han estado al frente de diferentes gobiernos, y todos ellos han mantenido excelentes relaciones con la República Popular. Hasta la crisis de la Covid -que originó serias dificultades para los viajes internacionales, en especial hacia Beijing - todos y cada uno de los presidente de la República viajaron de forma oficial a China.

De esto podemos deducir que las relaciones con China han sido importantes para todos los gobiernos uruguayos desde el retorno de la democracia, independientemente del signo político y de la ideología de los mismos. Por lo tanto, creo que podríamos decir que el mantener unas buenas y estrechas relaciones con el país asiático puede ser, o debería ser, considerado como un tema de Estado para el Uruguay.

Estas buenas relaciones políticas y diplomáticas no sólo se limitan a la esfera del Poder Ejecutivo, sino que las hemos podido y las podemos ver en otros ámbitos como el parlamentario, en las Intendencias, organismos públicos, organizaciones sociales y partidos políticos. 

Además, no sólo se han limitado al terreno político y económico, sino que de ellas se han beneficiado sectores como la ciencia y tecnología, el deporte y hasta la educación y cultura.

Pero si hay un sector en el cual las relaciones con China han sido y son muy favorables para Uruguay ha sido el del comercio exterior. Y creo que es por ahí por donde deberíamos empezar a analizar el tema.

Como una imagen vale más que mil palabras, el siguiente gráfico de Uruguay XXI nos puede dar una idea muy clara de la importancia del mercado chino para las exportaciones uruguayas.




China no es sólo, con una gran diferencia, el principal cliente de las exportaciones uruguayas, sino que lo que compra ese mercado es equivalente al total de lo que Uruguay exporta a Brasil, Argentina y toda la Unión Europea juntos.

Estas estadísticas corresponden al primer semestre de este año. Para tener una idea más amplia, veamos cuál ha sido la evolución, y la composición por rubros, de las exportaciones a la República Popular en los últimos años, siempre con información de Uruguay XXI.





Parece claro, por lo tanto, que cuando hablamos del comercio exterior con China no nos estamos refiriendo a un hecho puntual sino a una tendencia al alza. Se puede ver claramente cómo el año pasado -muy difícil para el comercio internacional por los efectos de la Covid- el volumen de lo exportado al país asiático llegó a su mejor nivel en la historia, y seguramente batirá otro récord al final del presente.

Otro hecho destacable en la evolución de las exportaciones al país asiático ha sido la progresiva diversificación de los rubros. Es bueno recordar que hasta hace menos de dos décadas Uruguay "solo" vendía a China principalmente lana, y en segundo lugar cueros.

Ahora el país asiático es el principal comprador de carne uruguaya, aparte de un importante cliente para la soja y la madera y la celulosa. Al mismo tiempo, hay otros sectores, como el de los productos lácteos, donde China ya es uno de los principales clientes de Uruguay.

Para terminar con las gráficas, veamos -también gracias a la información de Uruguay XXI- la evolución de la balanza comercial entre Uruguay y China.


Como se puede apreciar claramente, desde hace ya nueve años, y seguramente el presente será el décimo, la balanza comercial es netamente favorable a Uruguay, habiendo alcanzado en el 2021 un récord histórico.

Volviendo entonces a la pregunta que nos hacíamos al principio: ¿Han sido y son beneficiosas para Uruguay las relaciones con China? Creo que las cifras mostradas dan una respuesta clara.

Quedan aún muchos temas por tratar. Por ejemplo, ¿a qué se ha debido el cambio en la composición de las exportaciones uruguayas a China, y por lo tanto su incremento? ¿cómo un país como Uruguay -"chiquito" y con la población de un barrio de Beijing- se ha convertido en un importante suministrador de alimentos para el país más poblado de la tierra? ¿cómo han podido los productos uruguayos del sector agropecuario entrar en un mercado tan lejano, tan exigente, tan estricto en sus normas y con una competencia tan fuerte como lo es China? ¿cuál es la presencia de Uruguay hoy en China y como es percibido entre su población?

Como vemos, incluso antes de empezar a reflexionar sobre el posible TLC, son muchos aún los temas de interés a tratar y esperamos seguir haciéndolo desde estas Reflexiones Orientales.

@Pablo Rovetta Dubinsky 

12 junio, 2022

Es el momento de tomar té

Los lectores fieles de estas Reflexiones Orientales habrán notado que últimamente mis entradas ya no son tan frecuentes como antes, y que esta página está un poco descuidada. Y por ello, creo que es mi obligación dar una explicación al respecto.

En diciembre se cumplirán ya diez años desde que, muy entusiasmado e ilusionado, me decidí a crear un espacio propio para "reflexionar, contar, compartir pensamientos, historias y experiencias de China, de ayer y del presente" como está definido en la portada.

Diez años no son casi nada, no digo ya en la historia de la humanidad, sino en la vida de un país o de una persona. Pero los cambios que han tenido lugar en esta última década -políticos, diplomáticos, económicos, tecnológicos, sanitarios- creo que tienen pocos precedentes.

No voy a hacer un resumen de estos diez años, pero creo que no exagero si digo que ahora estamos viviendo "en otro mundo". Y una de sus características son los extremismos, donde o todo es "blanco" o todo es "negro", sin margen para ningún tipo de variaciones intermedias.

Este fenómeno se puede ver en todo el mundo, y no abarca sólo al campo de la política internacional, sino hasta los más mínimos e impensables aspectos de la sociedad, en muchos casos llegando al ridículo.

Allá por principios de los años noventa, recuerdo que en el hotel donde estaba alojado en una ciudad del centro de China, había una tienda que cerraba al mediodía, y ponía un cartel que decía en chino 休息时间, mientras que en inglés ponía "Drinking tea".

Estas Reflexiones Orientales se merecen un momento de descanso, un momento para "tomar el té". Para terminar un ilusionante proyecto profesional que espero poder anunciar en el segundo semestre y para, como decimos en términos futbolísticos, "bajar la pelota" y ver hacia donde tirarla.

Volviendo al tema del té, hay un refrán chino que dice "cuando la gente se va, el té se enfría" (人走茶凉). Espero que cuando regrese, si es que lo hago, el té aún se mantenga caliente en las tazas de aquellos que me han apoyado y ayudado en esta larga marcha de reflexiones doblemente orientales.

@PabloRovetta 

26 mayo, 2022

Distancias geográficas - Distancias psicológicas

Leo en un diario de España un artículo que comienza con la siguiente frase: Hay pocos países más alejados de España geográfica y culturalmente que China.

Me hizo acordar a tiempos que ya parecen lejanos, cuando se realizaban con mucha frecuencia en España seminarios empresariales sobre cómo entrar en el mercado chino y se indicaban cuáles eran las dificultades para acercase a la República Popular.

Casi siempre surgía la comparación con América Latina y la pregunta que se planteaba era ¿por qué las empresas españolas -"tan exitosas en América Latina"- tenían dificultades, en comparación con los países de "nuestro entorno", para "conquistar" el mercado chino?

Se mencionaba lo difícil que es el idioma chino. Y siendo esto verdad, nadie se preguntaba por qué los países del entorno de España tenían una presencia mayor en China, como si para los alemanes, británicos, italianos o franceses el chino fuese un idioma más fácil que para los españoles.

Otro de los tópicos era "la distancia". China quedaba "muy lejos" de España, como da a entender esa frase del medio de prensa.

Si uno se toma un taxi para el Aeropuerto de Madrid-Barajas y le dice al taxista que va a viajar a Buenos Aires, a éste le parecerá algo "normal", como quien viaja a Vigo. Pero si dice que va a volar a China, entonces casi siempre se asombra por lo "lejos" que va.

Aún hoy, la sensación en general es que China, como dice la frase del artículo está, geográficamente, muy lejos de España.




Es verdad que el país asiático no está cerca de la peninsula ibérica; pero desde el punto de vista geográfico también es verdad que hay muchos países de América Latina que están más alejados, aunque psicológicamente poca gente lo considere así.

La distancia en línea recta entre Madrid y Beijing, según Google, es de 9.222 kilómetros. Un viaje de vuelo directo de unas doce horas.

Según la misma fuente, Madrid está a 9.513 kilómetros de Lima, 9.941 de Montevideo, 10.039 de Buenos Aires y 10.695 de Santiago de Chile. Estos cuatro destinos están por lo tanto más lejos de Madrid que de Beijing (si consideramos sus capitales y no sus fronteras) sin que casi nadie mencione el tema de la distancia.

A esos destinos podríamos agregar Ciudad de México o Asunción, un poco más cercanas que de Beijing, pero separadas por más de 9.000 kilómetros de la capital española.

Por ello, en comparación con muchos países de América Latina, desde el punto de vista geográfico China está más cerca de España. Y así lo que separa a España de China, y lo que la acerca a América Latina no son las distancias geográficas, sino lo que podríamos llamar distancias "psicológicas".

Por otro lado, es verdad que desde el punto de vista cultural, España y China son países muy alejados entre sí. Pero, China ¿es uno de los "pocos"? ¿Y qué pasa con tantos países de Asia Central y Oriental, de África y Oriente Medio con formas de vestir, organización de la sociedad y hasta influencias religiosas tan diferentes y distantes no sólo de España, sino incluso de la propia China?

Sólo como ejemplo podríamos citar a India, países del Golfo o incluso algunos del norte de África, éstos últimos tan cercanos geográficamente a España. ¿Acaso no están culturalmente muy alejados de España, aunque geográficamente mucho más cercanos que China?

En el fondo de esto subyace un "eurocentrismo" que en cierto modo también se ve en los países latinoamericanos, donde, empezando por la eduación, ni se habla de la historia y cultura de miles de millones de habitantes (sólo entre China e India ya son más de 2.500) que representan demográfica y geográficamente la mayoría del planeta.

Y asi, lamentablemente, con mucha frecuencia cuando se habla de "el mundo", en el fondo no se está teniendo en cuenta a esa gran mayoria de la tierra.

Es una pena que, a pesar de los muy modernos medios tecnológicos que nos permiten acercarnos a los rincones más perdidos del planeta, en la práctica, el conocimiento de esos países fuera de la esfera de Europa y el llamado mundo "occidental" sea ahora mucho más pobre que cuando sólo teníamos los libros y las enciclopedias de papel.

@PabloRovetta


23 abril, 2022

Los años setenta en China - Recuerdos de un oriental en Oriente (Prólogo)




Oriental
«(del lat. orientalis) Adj. 1. Natural del oriente o de
Oriente (Asia y regiones inmediatas) […] 
5. Uruguayo. Aplicado a personas. Usado también como sustantivo».
Diccionario de la lengua española. Real Academia Española.


El avión de Swissair, casi vacío, aterrizó la noche del siete de julio de 1975 en el aeropuerto «La Capital» de Pekín. Cuando salí para bajar por la escalerilla, me golpeó una ola de calor húmedo mientras, en medio de una mansa llovizna, un retrato de Mao Zedong me miraba como dándome la bienvenida a la República Popular China.

Yo tenía diecisiete años y viajaba con mi hermana Laura, un año menor, y con mis padres, y desde entonces y durante más de diez años fuimos los únicos uruguayos que vivimos en el país más poblado de la Tierra. Ese día marcó para mí el comienzo de una relación directa con China que ya lleva casi medio siglo.

Venía de una ciudad como Montevideo que está considerada la capital más alejada de Pekín en el mundo, del sur al norte, de Occidente a Oriente, del Atlántico al Pacífico, del invierno al verano y del capitalismo al socialismo.

Estábamos justo del otro lado de la tierra donde había nacido, y para mí fue como llegar a otro mundo, en el cual, mientras mis padres trabajaban, mi hermana y yo dedicamos los primeros años a los estudios.

Ellos ejercieron como correctores de estilo de español en Ediciones en Lenguas Extranjeras —organismo oficial encargado de la publicación de revistas y libros en diferentes idiomas—, y formaron parte de lo que los chinos llamaban «expertos extranjeros».

Mi hermana y yo estuvimos dos años estudiando chino en el entonces llamado Instituto de Lenguas de Pekín (北京语言学院) —en la actualidad Universidad de Lengua y Cultura de Pekín (北京语言大学)— y luego entré a Qinghua ( 清华大学), una de las dos universidades más prestigiosas del país. Allí estuve cinco años cursando en chino la carrera de Informática, donde obtuve mi licenciatura, y coincidí durante un tiempo con el actual presidente Xi Jinping que entonces estaba en la facultad de Química.

En plena Guerra Fría, había llegado a una China donde aún vivía el Presidente Mao, que seguía convulsionada por la Revolución Cultural y muy aislada del y por el mundo. Allí pude ser testigo de acontecimientos históricos como la muerte del también conocido como «Gran Timonel», tensas luchas políticas con multitudinarias manifestaciones, incidentes en la famosa plaza de Tian’anmen, la caída de «La Banda de los Cuatro», liderada por la viuda de Mao, y el comienzo de la política de reformas y apertura al exterior.



También en la capital china viví el primer terremoto de mi vida, el que está considerado uno de los movimientos sísmicos más devastadores de la historia moderna del mundo.

En medio de una muy reducida colonia extranjera, y sin los modernos medios actuales de comunicación e información —internet, celulares, televisión por satélite— vivimos varios años prácticamente aislados del mundo. Nada más llegar, y al ver que un barrio de Pekín tenía más habitantes que todo el Uruguay, aprendí a relativizar las cosas y cambiaron las nociones que hasta entonces tenía sobre lo que era grande o pequeño, mucho o poco, viejo o nuevo. También añoré cosas en principio insignificantes a las que no les había prestado atención en el pasado, como, por ejemplo, un buen café, un limón, el olor y la vista del mar, el canto de los teros, o el sabor del dulce de leche o de membrillo.

Para mis padres, seguir tomando mate fue uno de sus mayores retos, y más de una vez los llegué a ver usando literalmente «la yerba de ayer secándose al sol», como dice el tango

Mi vida y la de mi familia cambiaron por completo en casi todos los aspectos; la comida, los horarios, las costumbres, la vestimenta, y tuvimos que acostumbrarnos a muchas cosas nuevas, como tomar agua caliente en pleno verano.

Allí pasé por diferentes etapas, desde la experiencia de estar siete años en dos universidades, trabajar como periodista para la Agencia EFE, dedicarme a la promoción y a realizar estudios de mercado para la Oficina Comercial de la Embajada de España, hasta trabajar en una empresa muy relacionada directamente con un sector clave en la economía, como es el mundo del petróleo.

Mientras estudiaba en la universidad, y como parte de los métodos de educación de esos años, trabajé en dos fábricas y en una Comuna Popular en el campo. También me manifesté en dos ocasiones en la plaza de Tian’anmen, la primera vez para condenar a Deng Xiaoping y la segunda para celebrar la caída de «La Banda de los Cuatro».

He podido vivir China bajo diversos líderes, desde Mao Zedong, hasta posteriormente Hua Guofeng, Deng Xiaoping, Hu Yaobang, Zhao Ziyang, Li Peng, Yang Shankun, Jiang Zemin, Hu Jintao, Wen Jiabao y ahora Xi Jinping.

Fui testigo directo de lo que pasó en el país antes, durante y después del llamado proceso de reformas y apertura al exterior que se inició a finales de diciembre de 1978. Para que un ciudadano local en la actualidad haya vivido ese mismo período debería tener unos sesenta años. Por lo tanto, me tocó vivir y ser testigo de acontecimientos que una gran parte de la población china solo conoce hoy, en el mejor de los casos, por historias familiares, películas o libros.

Así tuve la oportunidad de vivir una experiencia única, muy enriquecedora en muchos aspectos y que me generó una forma de ver el mundo y las cosas desde otro ángulo y con otras dimensiones.

Tras la muerte de Mao fui viendo los pequeños y paulatinos cambios que iban teniendo lugar, desde la llegada de la Coca-Cola hasta la transformación de varios aspectos de la vida diaria: la vestimenta, el suministro en las tiendas, los servicios, la oferta cultural y hasta las costumbres y hábitos de su población,

Los cambios que ha experimentado China en estos más de cuarenta años han sido tan espectaculares —cosa que nadie en el mundo pone en duda— que podría decir, sin exagerar, que dentro de un mismo territorio, en el fondo, he vivido en dos o más países diferentes.

Si me hubiese quedado dormido a finales de 1975 y despertara ahora, prácticamente no reconocería ni la ciudad ni el país, salvo, quizás, por alguna imagen familiar como la plaza de Tian’anmen; utilizaría expresiones que casi nadie entendería, y tampoco comprendería muchas palabras de la actualidad.

Para muchos, la experiencia vivida me convertiría en un «experto». Sin embargo, a medida que ha ido pasando el tiempo, he sido cada vez más consciente de la complejidad de todo lo relacionado con el mundo chino y de lo difícil que es hablar o escribir sobre el país.

Llevaba décadas pensando en escribir un libro, mientras que cuanto más pasaba el tiempo, más difícil se me hacía, como le ocurre a mucha gente después de largas temporadas viviendo en China. Creo que son una muy reducida minoría los que, después de haber residido décadas o incluso nacido en Pekín, han escrito algo —muchas veces ni siquiera un artículo— sobre su experiencia o aspectos del gigante asiático.

Los pocos que conozco que lo han hecho, ha sido después de muchos años y en algunos casos de una forma muy particular, refiriéndose a etapas y casos muy concretos. Y conozco a muchas personas, de todos los continentes, que hablan un chino perfecto y conocen todas las costumbres locales, que han vivido experiencias mucho más interesantes que la mía, pero que no han escrito ni una sola línea.

En teoría, parece un país fácil de entender tras una breve estancia —«los chinos son así», «a los chinos no les gusta esto», «los chinos prefieren aquello», y un largo etc.—, pero, con el paso del tiempo, estoy cada vez más convencido de lo complejo que es. Aparte de ser una nación milenaria, los cambios han sido y son casi constantes, surgen sin cesar cosas nuevas, al tiempo que otras desaparecen o regresan del pasado. Lo que hoy es «bueno» hasta ayer podía ser «malo», o viceversa; lo blanco se podía transformar en negro, para volver a ser blanco en algún caso, o gris en otro. Si en muchos aspectos los cambios se producen a una velocidad supersónica, en otros el país parece haberse quedado estancado en alguna de sus milenarias dinastías.

Por eso, cuando más tiempo se está relacionado con China, más cuesta no solo escribir, sino, simplemente, hablar del país. Por lo menos ese es mi caso y el de gente que conozco y que ya lleva décadas —o toda una vida— como residentes. Al final, sin embargo, me he decidido a dejar una constancia por escrito de lo vivido, para que aquellos interesados en el gigante asiático tengan un testimonio de lo que fui testigo en una etapa muy especial de su historia y que espero resulte de interés. Creo que en español se pueden encontrar muchas versiones y análisis sobre la China de hoy, o sobre el proceso de reformas que ya lleva más de cuatro décadas; pero no sé si pasa lo mismo con la época anterior a ese proceso, que, en mi opinión, abarcó, en un corto período de tiempo, los años de cambios más radicales y espectaculares en la historia reciente de la República Popular.

En las páginas que siguen lo que intento reflejar es cómo era el país en los años setenta, cómo viví en él, las cosas que veía y que en algunos casos no entendía o no me gustaban. Son recuerdos, impresiones y reflexiones de esa época, intentando también hacer en algunos casos una comparación con la actualidad.

Para los lectores no familiarizados con la historia de mi país me gustaría destacar que lo que hoy es la República Oriental del Uruguay era conocida en la época de la colonia como la «Banda Oriental» del Virreinato del Río de la Plata, por encontrarse al este del río Uruguay, y por eso «oriental» ha sido y es también sinónimo de uruguayo o de todo lo relacionado con Uruguay. De ahí que estos sean recuerdos doblemente orientales: de un «oriental» uruguayo, y sobre este nunca mejor llamado lejano Oriente.

Este libro ha sido escrito basado en lo que me queda de memoria de esos años, y las fuentes utilizadas, en especial para mencionar citas, fechas o nombres, provienen de mi archivo personal de publicaciones de la época que aún conservo, aunque en algún caso he debido recurrir a fuentes chinas para refrescar algunos episodios, entre ellas la hemeroteca del Diario del Pueblo, el principal órgano de prensa del país.

Por último, en estos años repletos de fuentes de información, pero paradójicamente de tanta amnesia y en muchos casos mediocridad, me gustaría recordar, en especial para las nuevas generaciones, que hasta hace unas pocas décadas atrás, solo el hecho de mostrar interés por el país asiático, intentar acercarse o querer ser su amigo, podía tener en muchos países, como el mío, consecuencias muy trágicas, que incluían la cárcel, la persecución, atentados terroristas o, incluso, la muerte o «desaparición» de personas como lo que vivimos en el Cono Sur. Creo que es bueno mencionarlo, ahora que es muy fácil y está de moda hacerse amigo o acercarse a China.

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"Los años setenta en China-Recuerdos de un oriental en Oriente" puede conseguirse en papel, sólo en España, a través de este enlace y en las plataformas de Casa del Libro, FNAC u otras similares.

En versión ebook (con un prólogo del embajador uruguayo en China, Fernando Lugris) está en Amazon o plataformas similares en todo el mundo

13 marzo, 2022

Hablando de Ucrania: las abreviaturas en el idioma chino

Reflexiones de un lector del "Diario del Pueblo"-1

En mis "Los años setenta en China" dedido un capítulo al idioma chino, indicando que "otra de sus características, buenas o malas, según se mire, es el uso o abuso de las abreviaturas....Un titular como 'Viva la amistad entre los pueblos de Zhong y Wu ( 中乌人民的友谊万岁!)' podría referirse a la amistad del pueblo chino con el de Uruguay, con el de Uganda o con el de Uzbekistán ya que los nombres en chino de esos países empiezan por el mismo caracter: 乌 (Wu)."

El mismo ejemplo puede aplicarse para la palabra Ucracia 乌克兰 y desde hace semanas podemos ver con frecuencia el uso de 乌俄 o 俄乌 para referirse a Ucracia-Rusia o Rusia-Ucrania: 俄乌危机 俄乌冲突 乌俄战争 乌俄谈判. 

Por lo tanto, en el contexto actual, si vemos en un titular lo de 中乌 o 乌中 lo más seguro es que no se esté refiriendo a Uruguay.

Si bien es verdad que para cualquier traducción o interpretación es necesario conocer el contexto de la palabra o frase a traducir, en el caso del chino la dificultad es mayor por ese uso generalizado de las abreviaturas.


En este titular aparece una referencia a "Rusia-Ucrania" y otra a "Estados Unidos-Ucrania"

Siguiendo con el ejemplo de los países -estando yo en la Universidad- los diarios, la radio y la televisión hablaban de  "两伊战争" (la guerra de "las dos Yi", o "la guerra de las dos "I"; la guerra entre Irak-Irán) ya que el nombre en chino de ambos países comenzaba por el mismo caracter: 伊.

En otros casos se requiere un conocimiento más profundo. Por ejemplo, no sé si los intérpretes jóvenes entienden el significado de "两阿提案" (la propuesta de las dos "A"), que se refiere a la moción que Albania (阿尔巴尼亚) y Argelia (阿尔及利亚) presentaban todos los años -hasta 1971- a votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas para que la República Popular ocupara el puesto oficial de China en el organismo internacional.  Por ejemplo, podemos leer que "hasta el año X, Brasil siempre votó en contra de la moción de 'las dos A'".

Tampoco creo que sea fácil ahora conocer a qué se referían en la diplomacia china cuando se hablaba de las "三利", las tres "li" según la pronunciación en chino de la última sílaba de tres países (Italia -意大利; Austria - 奥地利 y Chile - 智利-). Se trataba de una estrategia de la diplomacia china a mediados de los años sesenta para probar en esos tres países la "táctica de los dos pasos" (establecer primero organismos no oficiales para el comercio, para luego, en un segundo paso, alcanzar el establecimiento de relaciones diplomáticas cuando las condiciones estuvieran maduras).

Otro ejemplo "divertido" lo encontramos cuando en China se hace referencia a los BRICS (el grupo de países que forman Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Como la palabra inglesa "bric" quiere decir "ladrillo", tanto en su traducción al español como al chino, en los medios de prensa este grupo de países es conocido como "金砖国家" (los países del ladrillo).

El uso de tantas abreviaturas -hoy sólo nos limitamos a hablar de países, pero podríamos dar una larga lista de ejemplos de uso en el lenguaje político y sólo como muestra recordar la mención a 两会 (las dos Sesiones) para referirse a las reuniones de la Asamblea Popular Nacional y del Consejo Consultivo Político del Pueblo Chino- dificulta así enormemente el trabajo de los intérpretes, y es un difícil reto cuando la interpretación tiene que ser simultánea.

En el caso del lenguaje escrito, los titulares en chino pueden resumir fácilmente una información o una idea, lo cual en español haría que ese titular fuese mucho más largo.

Con esta, comienzo una serie de "Reflexiones de un lector del 'Diario del Pueblo'" en las cuales iré comentando aspectos de interés en relación con el uso del idioma chino en la prensa oficial escrita del país.

Como siempre, cualquier comentario o crítica son bienvenidos, bien en este blog o directamente en pablo.rovetta@gmail.com

25 enero, 2022

Ante la llegada de la "Fiesta de la Primavera", llamemos las cosas por su nombre

Hoy, 25 de enero,  el 小年 ("pequeño año") marca el comienzo de las actividades tradicionales para la celebración de la Fiesta de la Primavera en China, y ya he leido y escuchado fuera del país asiático menciones a que dentro de una semana, el 1 de febrero, comenzará el "año del tigre de agua", o que los chinos entrarán en el año cuatro mil y tanto (en concreto en el 4720).

En realidad ya hace varios años, y seguramente en los próximos días veremos cada vez más, en la prensa escrita, la radio y la televisión de nuestro mundo de habla hispana, esas palabras y fechas.

De verdad no entiendo por qué en gran parte de los medios de comunicación, páginas web y redes sociales del mundo, por lo menos en español, se insiste en usar esos y otros términos que en realidad no se utilizan en la República Popular.

Sin necesidad de ser un experto o estudioso sobre China, y aplicando la sencilla lógica de "allá donde fueres haz lo que vieres" podemos comprobar fácilmente cómo se refieren los chinos (desde el Presidente de la República hasta el más sencillo de los ciudadanos) a esta festividad tradicional.

La primera "Fiesta de la Primavera" la pasé con mi familia en China a principios del año 1976. Entonces esa era su única denominación oficial y pública y no se hacía referencia al "animal" del año en el cual íbamos a entrar, ni había dibujos del mismo, aunque por tradición todos sabían y mencionaban qiue íbamos a entrar en el "Año del Dragón".

Tras el comienzo de la política de reformas y apertura al exterior en 1979, poco a poco fueron retornando a la sociedad algunas costumbres y tradiciones, entre ellas las de hablar de "año nuevo" y el nombrar a cada uno de los doce animales que existen en ese calendario particular de algunos países de Asia Oriental. Sin embargo nunca se ha dejado de utilizar el término "Fiesta de la Primavera".

En todo caso nunca, desde 1976 hasta el presente, vi en el país referencias a animales "de metal", "de agua" "de fuego", "de madera",  o "de tierra", como tampoco menciones a que, según su calendario tradicional, China estaba en el años cuatro mil y tanto.

Creo que cualquier persona que haya podido estar aunque sea sólo una Fiesta de la Primavera en China podrá estar de acuerdo con esto. Pero incluso sin viajar a China, y sólamente con leer las felicitaciones de Año Nuevo -tanto las oficiales como las que figuran en las redes sociales-, la prensa del país o los discursos de los dirigentes, se podrá comprobar fácilmente cómo esos términos no se utilizan.

Simplemente entrando en Google, Baidu o cualquier otro buscador y poner "año del tigre" aparecerán miles de imágenes en las cuales sólo se menciona al 虎年, "año del tigre" o "year of the tiger" y en todas ellas la fecha que aparecerá será 2022.

  

Evidentemente los términos "de metal", "de agua", "de fuego", "de madera", o "de tierra" no se han inventado en Occidente, y tienen una base científica; lo mismo pasa con la referencia al año 4720. Pero eso daría para otro análisis. El hecho y lo principal es que son términos que no se usan de forma popular, y que sólo podemos encontrar en publicaciones o artículos más académicos.

Otro de los términos que solemos encontrar es el de "Año Nuevo Lunar" o "Calendario Lunar" -incluso en publicaciones chinas. Es verdad que la entrada del nuevo año está directamente relacionada con la luna; sin embargo el calendario chino -lo mismo que el judío- es en realidad luni-solar.

Por eso, en las fechas que figuran en los periódicos, en las declaraciones oficiales, en los calendarios, lo que se menciona es el "Calendario Agrícola" (农历 )

En un reciente discurso, el Presidente de la República Popular China, Xi Jinping hizo mención a que "中国农历虎年新春就要到来" ("Pronto se celebrará la Fiesta de la Primavera del Año del Tigre según el calendario agrícola chino".) Creo que ésta es la mejor prueba de cómo se debe hacer referencia a este nuevo año.

Por último, si bien es verdad que los habitantes del país hacen referencia al "Año nuevo chino", no debemos olvidarnos que ésta festividad también se celebra en otros países de la región como Corea, Vietnam o Mongolia.

En mi opinión las fiestas tradicionales de los diversos países y nacionalidades del mundo deberían ser nombradas según las costumbres propias de sus habitantes, lo mismo si se hace referencia a los años y por eso vuelvo al refrán del comienzo: "Allá donde fueres, haz lo que vieres". Lo mismo 

¿Por qué los uruguayos, mexicanos, españoles y demás hispanoparlantes tenemos que emplear -para referirnos a cosas de China- términos que no se utilizan en ese país? 

Este fenómeno es una muestra del gigantesco trabajo que aún queda por hacer para un mayor conocimiento de la cultura china en nuestros países. Y en ese sentido, los medios de comunicación chinos enfocados al exterior creo que deberían hacer más esfuerzos para aclarar estos temas y explicar al público extranjero todo lo relacionado con esta fiesta, empezando por lo más sencillo: qué términos se emplean en China para referirse a ella.

@PabloRovetta

04 enero, 2022

China se consolida como principal cliente de Uruguay

En un año en el cual la crisis del Covid afectó gravemente a la economía y el comercio mundial, Uruguay alcanzó en el 2021 una cifra record de exportaciones, un 43 % más que el 2020 e incluso un 26 % superior a lo vendido en 2019, el año anterior a la pandemia.

La República Popular China -principal socio comercial de Uruguay desde el año 2013- se volvió a consolidar como el primer destino de las exportaciones uruguayas, superando incluso con holgura las cifras récord del 2019. La carne sigue siendo "el producto estrella" en las ventas de Uruguay al país asiático -el primer cliente uruguayo de este producto en el mundo- seguida por otros rubros como la celulosa y la soja. También hay que destacar que, teniendo en cuenta el volumen de lo exportado, China fue el año pasado el principal comprador de productos lácteos.

28 diciembre, 2021

Dos años viendo a China desde afuera

Se acerca fin de año, y me gustaría reflexionar sobre algunas cosas que han pasado en China y que han tenido relación con ese país, en este 2021 tan raro y trágico que nos ha tocado vivir, continuación de un fatídico 2020 cuando la Covid comenzó a expandirse por el mundo.

El próximo 21 de enero se cumplirán dos años desde mi último viaje a China. Nunca desde 1975 había estado tanto tiempo fuera de la República Popular. Y teniendo en cuenta la velocidad con la que se desarrollan los acontecimientos y se producen los cambios en el país asiático, dos años es mucho tiempo.

14 noviembre, 2021

Dirigentes chinos en la década de los años setenta

La reciente celebración de la VIª Sesión Plenaria del XIX Comité Central del Partido Comunista de China, creo que es una buena oportunidad para recordar la historia de los líderes de la República Popular en la década de los años setenta.

Y lo hago porque desde hace ya mucho tiempo, y muy especialmente con motivo de esa reunión celebrada del 8 al 11 de noviembre en Beijing, en gran parte de la prensa occidental se repite eso de que Xi Jinping es, después de Mao, el dirigente con más poder en la historia de la República Popular.