Durante mi reciente visita a Beijing anuncié que ese iba a ser mi último viaje a China, y que me despedía del país. En realidad no quería alejarme de China, pero lo que estaba pasando es que China se estaba alejando de mí.
De alguna manera, ya había dado a entender algo así en la
entrada de este blog "Lo de China, ¿valió la pena? el pasado 5 de julio.
Allí ya indicaba que los "viejos amigos" de China, entre los cuales me incluyo, habíamos quedado desplazados de esta China de hoy, moderna y poderosa.
Y el hecho es que ya no tengo ninguna relación institucional con China ni con ninguna de las asociaciones/fundaciones/institutos de España, Uruguay o el resto de América que mantienen contactos estrechos con la República Popular.No sé si me sirve de consuelo, pero soy consciente de que
este no es un tema personal conmigo, porque lo que me pasa a mí, les pasa a muchos
otros que vivimos la China de los años sesenta o setenta. Y en algunos casos de
forma más grave, ya que algunos de ellos, tras toda una vida relacionada con
China -incluso habiendo nacido en el país- se ven obligados a marcharse al
cumplir los 60 años.
En algunos casos, me siento humillado cuando al “suplicar” que me envíen alguna publicación
-gratuita y que se remite por correo electrónico- me dicen que “van a
estudiarlo”. Me siento humillado cuando veo en algunas oficinas de España la
edición en papel de China Hoy. O cuando tengo que “suplicar” que se me invite a
algún acto oficial que organice la embajada para dar a conocer temas de la política
interna o internacional de China.
Todos los sufrimientos que mi familia y yo hemos pasado por
haber estado al lado de China, cuando el hacerlo implicaba sufrir atentados,
persecución, cárcel y exilio, han quedado en el olvido para esta nueva China
que sigue repitiendo eso de que “China no olvida a sus viejos amigos” o “quien
bebe el agua del pozo nunca olvida a quien le ayudó a construirlo”.
Ese pasado que vivimos muchos, en mi caso más de medio
siglo, de relación con China, ya no sirve, ya no se tiene en cuenta. El hablar,
leer, escribir y hasta cantar en chino; el poder traducir directamente del
chino al español obras de literatura y de historia, no sirve para nada, no
cuenta.
También hay cosas de esta nueva China que no entiendo, que
creo que no explica bien al mundo, y que, en algunos casos, no me gustan o no
estoy de acuerdo. Siempre ha sido así en los últimos 50 años porque, como decía mi padre, “una cosa es ser amigo, y otra
incondicional”.
Aunque sea “para mover las neuronas” como dice un amigo, espero hacer algunos trabajos de traducción, reflexionar y escribir sobre el pasado, y quizás escribir algún libro más sobre lo vivido, y otros temas que pienso que pueden ser de interés.
Voy a aprovechar esta triste despedida para, por fin después
de toda una vida, poner orden en mis papeles, fotos, documentos, archivos.
Mi profundo agradecimiento a los fieles lectores de estas Reflexiones Orientales. Espero poder regresar con una página web bien diseñada y con rico contenido.
Y, para finalizar, vayan mis mejores deseos para China, y de
forma muy especial para sus ciudadanos, que espero sigan mejorando sus
condiciones de vida en todos los aspectos.



