02 febrero, 2023

Uruguay y China celebran 35 años de relaciones diplomáticas

Este viernes 3 de febrero se celebran los 35 años desde el establecimiento de relaciones diplomáticas entre la República Oriental del Uruguay y la República Popular China. Si ya en el 2018, al cumplirse tres décadas de esas relaciones, los lazos políticos, institucionales, económicos y culturales entre ambos países habían alcanzado niveles que podríamos calificar como de espectaculares, ahora, cinco años más tarde, éstos han subido un escalón más. Y todo ello en un contexto en el cual en los últimos tres años el mundo entero tuvo que hacer frente a dificultades y retos inimaginables debido a la pandemia de la Covid.




La crisis sanitaria mundial fue una prueba de fuego para las relaciones bilaterales. En este sentido hay que recordar cómo en febrero de 2021 llegó a Montevideo el primer lote de vacunas chinas contra la Covid-19, como resultado de las gestiones al más alto nivel realizadas por el presidente Luis Lacalle Pou y su homólogo chino Xi Jinping, así como de las gestiones de las representaciones diplomáticas de ambos países en Beijing y Montevideo, encabezadas respectivamente por los embajadores Fernando Lugris y Wang Gang.

Aparte obviamente del dolor por las víctimas causadas por esta pandemia, la Covid generó también enormes dificultades en el comercio mundial, en especial en la logística y el transporte marítimo, lo cual originó un incremento de los costes y grandes retrasos en los plazos de entrega. Las estrictas medidas tomadas por las autoridades chinas para salvaguardar la vida de su población agravaron aún más esos problemas y los principales puertos del país asiático quedaron “atascados” hasta hace sólo unos meses atrás.

La imposibilidad de realizar viajes de negocio a China o de tener una participación presencial en importantes ferias del país, fueron también efectos negativos de la pandemia a los que debemos agregar el enfriamiento en el crecimiento de la segunda economía más grande del mundo.

Después de una caída de las ventas de bienes uruguayos a China en el 2020 como consecuencia de esos efectos adversos, hemos visto, sin embargo, un incremento continuo en el 2021 y 2022, años éstos también de muchas dificultades. El año pasado las exportaciones uruguayas a China crecieron un 12 % en relación con 2021 y por primera vez rompieron la barrera de los 3.500 millones de dólares, según datos de Uruguay XXI.


China es desde el 2013 el principal cliente de las exportaciones uruguayas 


Con solamente mencionar que la República Popular China es desde hace ya una década el principal socio comercial de Uruguay y el destino número uno de nuestras exportaciones ya sería suficiente para demostrar la importancia que tienen para nuestro país las relaciones con el país asiático.

Con el fin de resaltar a qué nivel se ha llegado en tan poco espacio de tiempo, podemos citar al embajador chino en Montevideo, Wang Gang, quien ha declarado que "el volumen comercial bilateral ascendió a 7.441 millones de dólares en 2022, batiendo un nuevo récord histórico, 60 veces mayor al de 1988, año del establecimiento de nuestras relaciones diplomáticas." Según fuentes chinas, además, desde el año 2017 hasta la actualidad, el comercio sino-uruguayo creció en un 50 %.

Por último para darnos cuenta de la dimensión de esto vamos a recordar que el porcentaje de lo vendido a China (28 %) el año pasado supera a todos los bienes exportados por Uruguay a Brasil y Argentina juntos (14 % y 9% respectivamente),  así como  a toda la Unión Europea (15 %). 

También es motivo de satisfacción el ver cómo paulatinamente se va diversificando la oferta uruguaya a China. Cuando en 1988 se establecieron las relaciones diplomáticas, y durante años posteriores, la lana era el principal rubro de nuestras exportaciones que entonces apenas superaban la cifra de los cien millones de dólares.

En la actualidad, y desde hace años, la carne es el principal producto de las ventas uruguayas. El año pasado representó un 40 % de las exportaciones, seguida por la soja. En la canasta de productos exportados también destacan los lácteos, la madera o la celulosa. 


El desarrollo económico y social de China como catalizador de las exportaciones uruguayas


El desarrollo económico, y en especial social, que ha experimentado China en las décadas recientes, y principalmente en los últimos diez años es algo reconocido por los principales organismos internacionales e incluso por aquellos más críticos con el país asiático.

El 25 de febrero del año 2021, el presidente chino Xi Jinping indicó en el Gran Palacio del Pueblo de Beijing:  "Hoy declaramos solemnemente (...) un completo éxito en la lucha contra la pobreza en el país".

El espectacular incremento en la demanda china de carne, lácteos, frutas, aceite de oliva, vinos y otros productos agroalimentarios de todas partes del mundo son una prueba de cómo ha mejorado de forma creciente el nivel de vida de sus ciudadanos. Son muchos los ejemplos de países con altas tasas de crecimiento económico, en algunos casos superiores a las de China, pero donde sus ciudadanos siguen viviendo en condiciones de extrema pobreza.

Lo destacable en el caso de la República Popular, en comparación con muchos otros países (podríamos poner como ejemplo a India) es que su desarrollo económico se ha visto reflejado de forma palpable y general en la mejora de las infraestructuras del país y de muchos aspectos relacionados con su sociedad. La mejora del nivel de vida de millones de ciudadanos chinos es lo que ha generado una demanda creciente de productos que países como Uruguay pueden aportar al país asiático. 

Por decirlo de forma sencilla, sin el desarrollo social alcanzado no veríamos en los supermercados o restaurantes chinos carne uruguaya o productos de Conaprole


El importante papel jugado por la embajada de Uruguay en China


Ese desarrollo social alcanzado por China ha sido pues una condición necesaria para transformar al país en un gran consumidor de carne y productos agroalimentarios, pero no suficiente para que Uruguay se haya convertido en uno de sus principales proveedores en este campo.

La existencia de una gran demanda china, siendo algo bueno, hace al mismo tiempo que la competencia dentro del mercado sea muy fuerte. Muchos han sido y son los esfuerzos que ha tenido y tiene que realizar Uruguay en este sentido para haber alcanzado esos niveles espectaculares de ventas a la República Popular.

En comparación con cualquiera de sus competidores Uruguay fue el país que más tarde estableció relaciones diplomáticas con China. Argentina o Australia, por ejemplo, lo hicieron en 1972, quince años antes. Incluso Estados Unidos, gran exportador de carne, soja y cereales a China, las estableció en 1979, nueve años antes.

Aparte de esto, países como Australia o Nueva Zelanda pueden competir mejor que Uruguay ya que además de las ventajas geográficas tienen los beneficios de aranceles más bajos debido a acuerdos comerciales firmados hace ya muchos años atrás con la República Popular.

Al mismo tiempo, el chino es un mercado donde hay que conocer y acatar muy bien todas las normas sanitarias relacionadas con productos alimentarios, y donde los consumidores están cada vez mejor informados y son muy exigentes.

Hacer que la calidad y características de nuestros productos puedan ser conocidos y apreciados en el país más poblado del planeta, el tercero más grande del mundo, no es una tarea fácil. Si tenemos en cuenta estos dos factores -demográficos y geográficos- realizar labores de promoción comercial o cultural en China es el equivalente a hacerlo en todo el continente europeo. Eso es algo que pocas veces se tiene en cuenta cuando se ve el mercado chino desde afuera.

El trabajo realizado por la embajada de Uruguay y sus consulados en Shanghai, Guangzhou (Cantón) y Chongqing, aparte obviamente del de Beijing, ha sido fundamental para la promoción de nuestro país, nuestros productos, nuestra cultura. Eso ha sido así desde el principio en 1988 cuando se estableció la embajada en Beijing y de forma más destacada en los últimos años debido a los cambios que se han ido produciendo en China y en las relaciones bilaterales. 

Debido a la crisis sanitaria, prácticamente durante tres años no pudieron realizarse visitas, y por eso gran parte del trabajo de promoción y apoyo al comercio con China fue realizado por la embajada uruguaya. Ésta ha sido y es muy activa y creativa en el uso de las redes sociales chinas y muy cuidadosa en la utilización del idioma chino, prestando también mucha atención a las relaciones con la prensa y participando de forma presencial o virtual en infinidad de actividades.

El auge del estudio del español en China ha sido también un factor que ha posibilitado esas labores de promoción a todos los niveles: organismos públicos centrales y regionales, universidades, institutos de investigación, academias de ciencias, bibliotecas y museos, llegando también hasta el mundo del deporte, en especial del fútbol.

Tampoco podemos olvidar las excelentes relaciones con la Embajada de la República Popular China en Montevideo y que la cooperación recibida de ésta y en particular de su embajador Wang Gang, han sido también claves para los éxitos alcanzados.


Los retos del futuro


Si bien nunca ha sido fácil -para bien o para mal- hacer previsiones sobre China, en la situación actual del mundo -parafraseando a Mao podríamos decir que "hay un gran desorden bajo los cielos"- aún es más complicado.

En este "desorden bajo los cielos" tenemos, entre otros, los problemas del Mercosur y las relaciones con la Unión Europea y los Estados Unidos. Pero ese será tema de otras reflexiones.

Centrándonos en el tema de las relaciones bilaterales creo que hay razones para el optimismo, en especial después del fin de los confinamientos en China y de la apertura de las fronteras del país.

Con el riesgo que tiene esta afirmación, todo hace pensar que los niveles de vida y de consumo de los ciudadanos chinos no sólo no caerán sino que por el contrario podrían ir regresando a los niveles pre-pandemia e incluso superarlos.

Las grandes empresas de artículos de lujo, las líneas aéreas y el turismo internacional ya se están preparando para ello. Durante las últimas vacaciones por la Fiesta de la Primavera en China, se volvió a vivir por primera vez en años el fenómeno de turistas chinos en el exterior, siendo Tailandia y Singapur los principales destinos de los viajeros.

Las principales exportaciones uruguayas están directamente relacionadas con esos niveles de vida y de consumo y por eso los riesgos son menores que en otros sectores como por ejemplo la industria.

Al mismo tiempo, siempre teniendo en cuenta a esos millones de ciudadanos con un poder adquisitivo cada vez mayor, a Uruguay se le abren, o ya se le han abierto, nuevas oportunidades de negocios. Un ejemplo de ello es el de los vinos.

Una gran oportunidad para Uruguay, a mediano plazo, es el turismo chino. El país cuenta con condiciones naturales atractivas pero, al igual que pasó en Europa años atrás, el sector del turismo deberá aprender a conocer más y mejor las características de los visitantes que lleguen de la República Popular, y a adaptarse a nuevas costumbres y formas de trabajo.

Uno de los grandes problemas a resolver es el de los traspasos trasnacionales. Si un ciudadano uruguayo, argentino o brasileño tiene muchas veces que esperar horas para cruzar una frontera o pasar un control de inmigración y aduanas si viaja en barco, no esperemos que un turista chino haga lo mismo después de haber dado la vuelta al mundo para llegar a Uruguay.

En este sentido Brasil o Argentina serían los que saldrían ganando. Su gran extensión geográfica les permite tener una oferta muy variada aparte de que tienen buenas conexiones aéreas.

El embajador chino en Uruguay, Wang Gang, propuso ya en junio del 2021 la creación de "una ruta transnacional que integre los destinos de Argentina, Brasil, Uruguay y Antártida, dirigida a un sector de alta gama de la sociedad china que aún no conoce la región." Me parece una propuesta con mucho sentido, muy acertada y muy interesante .... si se pudiera materializar. Me temo, sin embargo, que lamentablemente no será tarea fácil debido al tema de los visados y de los cruces transnacionales.... y ojalá que me equivoque.

En todo caso, creo que Uruguay y China pueden estar satisfechos, después de 35 años, por el nivel alcanzado en sus relaciones bilaterales  y podrán mirar el futuro con optimismo esperando festejar con más fuerza aún los 40 años de lazos diplomáticos.

Pablo Rovetta Dubinsky

@PabloRovetta

08 noviembre, 2022

Era 1889 y un emisario chino de la dinastía Qing pasó por Montevideo

Es muy posible que aún no figure en la lista de visitantes ilustres de Montevideo, y por eso nos gustaría rescatar la historia del primer representante oficial chino que estuvo en Uruguay hace ya más de 130 años y que dejó constancia por escrito de su paso por la capital, con una detallada descripción del país.

Nos estamos refiriendo a Fu Yunlong, “emisario en viaje al exterior” del emperador chino Guangxu de la dinastía Qing quien, en una misión por el continente americano, llegó al puerto de Montevideo un 2 de marzo de 1889, proveniente de Valparaíso y de paso hacia Brasil.

En realidad, en el año 2018 ya tuvimos oportunidad de mencionar los detalles generales de esta historia en la entrada La historia apasionante del primer emisario de una Dinastía china que viajó a América Latina en el Siglo XIX cuando el profesor Wang Xiaoqiu, después de veinte años de trabajo, hizo público el resultado de su investigación sobre un tema prácticamente desconocido en las relaciones entre China y América Latina    (Nota 1) Esta vez, sin embargo, vamos a centrarnos en su paso por Uruguay.



Retrato de Fu Yunlong tomado de la página china "Baidu"


Todo comenzó a finales de la década de los 80 del siglo XIX cuando el gobierno Qing decidió enviar a un grupo de emisarios itinerantes por diversas regiones del mundo con el propósito de conocer y dejar constancia por escrito de todos los detalles de los países que visitaban.

Entre ellos, Fu Yunlong, un funcionario de bajo nivel pero muy interesado en la geografía y la historia, fue seleccionado mediante exámenes para realizar un viaje oficial a Japón, EE UU, Cuba, Perú, Brasil y Canadá.  

En total estuvo tres meses y medio en América Central y del Sur, y aprovechó también para visitar países y lugares que no estaban incluidos en su misión, pero por los cuales pasó durante su viaje. Es el caso de Uruguay a donde llegó después de haber cruzado el Estrecho de Magallanes en el buque “Sorata” de la Compañía del Pacífico (Pacific Steam Navigation Company PSNC).

La nave británica llegó a Montevideo en la madrugada del 2 de marzo de 1889 y tuvo que esperar al amanecer para atracar en el puerto. El funcionario chino estuvo dos días en la ciudad, regresando por las noches para dormir en el barco, antes de partir el 4 con destino a Río de Janeiro.

Fu Yunlong dejó registro de muchas cosas relacionadas con Uruguay y Montevideo. Como indicó en el año 2004 uno de sus descendientes, Fu Xuncheng, “de su paso por Uruguay las pequeñas notas de unos 300 caracteres que escribió fueron suficientes para que la gente tuviese una idea general del país”.


Segmento ampliado del mapa donde se destaca, en rojo, su ruta en América del Sur

No hay constancia de que haya tenido ningún encuentro con autoridades uruguayas, si no lo hubiese reflejado, teniendo en cuenta lo detallista que era en sus apuntes de viaje. En todo caso, el año de su llegada la República Oriental estaba presidida por el general Máximo Tajes.

Llama la atención toda la información que dejó escrita sobre nuestro país, a pesar de que no era uno de los objetivos que le había planteado el emperador. Algo similar ocurrió en el caso de Chile.

Lo primero    que hace es citar     correctamente la ubicación de   Montevideo (latitud 34º 53’ S y longitud 56º 05’ O) y de Uruguay. “El país está situado al Sureste del continente de América del Sur. Va desde la latitud 30º 15’ S, al sur de la línea del Ecuador, a la 35º 15’ S.”

Para ubicar la posición de Uruguay en el eje Oeste-Este de la Tierra, sin embargo, toma como referencia el meridiano que pasa por Beijing y no el de Greenwich, decisión que parece lógica ya que su objetivo era posicionar a Uruguay en relación con China. De esta forma, considerando a la capital china como “latitud 0”, al mencionar el ancho de Uruguay indica que “Su longitud va, partiendo de Beijing hacia el Oeste, desde el meridiano 169º 15’ hasta el meridiano 174º 15’ ”. La medición que hace es exacta. (A los 116º de latitud Este de Beijing, le suma respectivamente, los 53º y 58º de latitud Oeste de Uruguay).

Aunque las cifras que registra sobre la población no parecen muy exactas (habla de 300.000 habitantes), sí hace mención a una realidad, y es el gran número de extranjeros que existía entonces en Uruguay, lo cual lo “asombra” (los cifra en 110.000) destacando que son “en su mayoría italianos.”  “No hay ningún chino” -escribe- “pero sí un solo japonés”, aunque aclara que es parte de la tripulación de un buque de guerra de los Estados Unidos, y “no es un residente extranjero”.

Explica a continuación que el país formaba parte del Virreinato del Río de la Plata (él dice simplemente “el país pertenecía a La Plata”), y que Brasil intentó conquistarlo, sin éxito, y al final se constituyó en un estado independiente.  También deja constancia de que el idioma que se habla es el español y de que en Uruguay hay productos agrícolas frescos y ganado.

“El río Uruguay es el más grande del país.”  “Al norte del puerto hay una colina redonda, de pocos cientos de metros de altura, … , sin picos ni barrancos” escribe refiriéndose al Cerro de Montevideo a quien compara con un mantou, un panecillo redondo chino hecho al vapor.

Relata que al Noreste hay arena y que las construcciones están concentradas en el Este. Parece que la ciudad le gustó ya que escribe que su aspecto es “mucho, mucho mejor” que el de Valparaíso.

También destaca que ve mucha actividad en el puerto. En la zona donde está atracado su barco dice que los mástiles forman una especie de “bosque”. “Hay muchas naves amarradas, nueve de ellas son de vapor, mientras los buques pequeños van y vienen.” 

La primera noche “las nubes se volvieron negras como tinta y las olas llegaron a tocar el cielo” mientras que la luz de los relámpagos se reflejaba en los buques amarrados. La tormenta dura toda la noche y la mañana del segundo día. Por la tarde sale a dar un paseo, dejando constancia de que ve un faro en una pequeña isla, a la cual dice que llaman “islote”. 

Fu Yunlong está considerado como la primera persona que investigó para China, in situ, el continente americano. Es muy probable -aunque difícil de probar- que haya sido el primer ciudadano chino en visitar Uruguay. Sin embargo, en todo caso, sí fue el primer funcionario gubernamental del lejano país asiático que lo hizo. Además, sus registros, publicados en el año 1901 tras su regreso a China, fueron los primeros que se escribieron sobre Uruguay en el país asiático.

En el año 2004, uno de sus descendientes, Fu Xuncheng, fue el encargado de poner en limpio el “Diario de viaje de Fu Yunlong”. El profesor Wang Xiaoqiu, por su parte, en el año 2018, hizo pública la historia de su viaje por América Latina después de haber estudiado y puesto en orden los 23 volúmenes de diarios de viaje, reflexiones personales e información obtenida.


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Fuentes:

Reflexiones Orientales: http://www.pablo-rovetta.com/2018/04/la-historia-apasionante-del-primer.html

(Nota 1 )19世纪中拉文明的一次相遇与互鉴   清朝外游历使傅云龙的拉丁美洲之行  作者 王晓秋拉丁美洲研究  (El viaje a América Latina de Fu Yunlong, emisario en viaje al extranjero del gobierno de la Dinastia Qing – El primer encuentro y conocimiento entre las culturas de China y América Latina en el s XIX. Wang Xiaoqiu. Revista América Latina. Artículo escrito en chino)

傅云龙日记  浙江古籍出版社 (“Diario de Fu Yunlong”. Editorial de libros antiguos de Zhejiang. Libro escrito en chino)

The Montevideo Independent and Rive Plate Daily News

 

@PabloRovetta



15 octubre, 2022

Reflexiones antes del XXº Congreso del Partido Comunista de China

El domingo 16 de octubre se inaugurará en Beijing el XXº Congreso Nacional del Partido Comunista de China. Los medios de prensa y las redes sociales de nuestro mundo de habla hispana se han llenado de todo tipo de comentarios y notas periodísticas sobre un acontecimiento que indudablemente tendrá repercusiones mundiales. 

Y las tendrá, porque como ya decía este servidor en el año 2007.... -y perdón por la autocita-  China nos importa, China nos afecta y en gran medida el futuro del país asiático para los próximos años se definirá estos días en el Gran Palacio del Pueblo.

A horas de que comience pues el Congreso me gustaría hacer algunas reflexiones sobre algunas de las cosas que he leído y escuchado de forma reiterada en los últimos días.




Es bueno aclarar que la misión más importante del Congreso será la de estudiar y aprobar el informe de trabajo que Xi Jinping presentará la mañana del domingo en Beijing. También, como ha ocurrido en todos los Congresos, se aprobarán las nuevos estatutos del Partido Comunista (que, por cierto, no sé por qué desde algunos medios, incluso chinos, se empeñan en llamarlos "constitución"), y se eligirán a los miembros y miembros suplementes del nuevo Comité Central del Partido.

Aparte del uso continuo de la palabra "constitución", este año no hay un sólo artículo que no mencione el término "mandato". Esto es algo nuevo, por lo menos para mí. Como decía una experta de verdad en un foro serio sobre temas de China, ¿alguna vez se habló de "mandatos" en los casos de Mao Zedong o Deng Xiaoping, por ejemplo?

¿Cuáles fueron los "mandatos" de Mao? Fue el máximo líder de la República Popular China desde el 1 de octubre de 1949 hasta el 9 de septiembre de 1976. ¿Cuáles fueron los "mandatos" de Deng Xiaoping después de su última rehabilitación tras la muerte de Mao? 

La persona que está considerada tanto dentro como fuera de China como el líder máximo de la República Popular entre 1978 hasta su muerte en 1997 no tuvo ningún "mandato" (salvo un relativamente breve paso por la Comisión Militar) ni dentro ni fuera del Partido. Tanto es así que para referirse a Deng Xiaoping, una de las expresiones que utilizaba la prensa en español era la de "el hombre fuerte de China".

No fue Presidente de la República, ni Primer Ministro, ni Presidente o Secretario General del Partido Comunista. Es más, mientras Deng era el "hombre fuerte de China" y viajaba a Estados Unidos recibiendo los honores de un Jefe de Estado, desde el punto de vista técnico la persona jerárquicamente con más poder en China era Hua Guofeng. Incluso, teóricamente, Hua llegó a tener más "poder" que Mao ya que también fue primer ministro del Consejo de Estado.

En una gran mayoría de los artículos que he podido leer también se habla de que Deng era un partidario de una "dirección colectiva". Sin embargo, en realidad él mismo estuvo por encima de esa "dirección colectiva". Es más, habría que recordar que los dos candidatos de Deng Xiaoping para asumir tareas de máxima responsabilidad en el Partido y en el Gobierno fueron Hu Yaobang y Zhao Ziyang y que, como todos saben, no terminaron muy bien sus carreras políticas y tuvo que ser el mismo Deng quien tomó las decisiones claves.

Obvia decir que los Estatutos del Partido Comunista no hacen ninguna mención a los años del "mandato" del Secretario General y otros miembros del Buró Político....como tampoco estipula cuántos deben ser los integrantes del Buró Político y de su Comité Permanente. ¿Serán siete, como ahora? ¿Más? ¿Menos? ¿Pares? ¿Impares? Teóricamente todo es posible y hemos tenido ejemplos de todo tipo en la historia del Partido.

Lo que sí es un hecho es que en la Constitución (en este caso sí, Constitución) de la República Popular se eliminó hace cuatro años la cláusula que limitaba a dos mandatos seguidos el puesto de presidente de China lo que permitiría a Xi Jinping continuar como Presidente del país a partir del año próximo ¿Es eso bueno o malo? ¿Lo es -bueno o malo- para China, para el mundo?  

En la historia reciente de la humanidad podemos encontrar ejemplos para todos los gustos, incluso dentro de las mismas democracias de Europa occidental. En todo caso es un tema interno de China. El mundo cambia, y lo está haciendo a una velocidad de crucero; las situaciones cambian y las normas y políticas de los gobiernos también están cambiando para adaptarse a nuevas situaciones. Y eso lo estamos viendo todos los días, y en menos de tres años hemos sido testigos de los grandes cambios -en algunos casos impensables hasta hace muy poco- que se están dando en la geopolítica mundial, en la economía, en la vida diaria de los ciudadanos, por la crisis del Covid y la invasión rusa de Ucrania.

Desde hace décadas las autoridades de la República Popular China han estado administrando su país en base a decisiones propias, al tiempo que tuvieron que hacer frente a muchos y muy graves problemas internos y externos. Hasta ahora han sido capaces de superar las dificultades, beneficiar a su población gracias al desarrollo económico y social, y crear un Estado cada vez más fuerte y avanzado.

No hay razones para pensar que en este nuevo ciclo que comenzará en los próximos días, las cosas no sigan siendo así.

Desde fuera de China, creo que lo más importante en estos momentos es seguir de cerca el desarrollo del Congreso, y más importante aún las primeras decisiones que tome a partir del sábado, el XX Comité Central. Y por supuesto ver qué puede pasar en los próximos cinco o más años, y prepararse ya para los diferentes escenarios que se puedan dar.

@PabloRovetta

30 julio, 2022

Cuando en China no se comía carne vacuna - Serie TLC Uruguay-China -2

La semana pasada reflexionábamos sobre la posibilidad de un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Uruguay y China, poniéndo énfasis en si las relaciones con la República Popular habían sido y eran o no beneficiosas para Uruguay.

Hoy, continuando con el mismo tema, vamos a recordar a una China en la cual prácticamente no se comía carne vacuna hasta unas pocas décadas atrás. Recordando ese pasado no tan lejano de China podremos apreciar mejor cómo el espectacular resurgimiento del país asiático y su gran desarrollo económico y social han supuesto una verdadera revolución en el sector agroalimentario mundial, favoreciendo en este caso a países como Uruguay.


En la década los años setenta, cuando empecé a vivir en China, la palabra carne (肉) era en la práctica un sinónimo de "carne de cerdo", y estaba considerado un producto de lujo; estaba racionado, y sólo se comía en situaciones muy especiales, como por ejemplo para la entrada del Año Nuevo según el calendario agrícola chino.

Algunos de los platos de la comida china más populares, como el famoso "cerdo agridulce", se conocía, y aún se conoce con el nombre de 古老肉, lo mismo que el plato preferido del presidente Mao, 红烧肉, u otros como el 木须肉 o el 回锅肉. En todos los casos sólo aparece el caracter carne, sin indicar de qué animal es, aunque se da por sentado que es de cerdo. 

Si alguien preguntaba o pregunta aún de qué estaban rellenos los famosos jiaozi 饺子 (que a mí me gusta traducir como "ravioles chinos"), y le respondían 肉馅的, querian decir que lo estaban de carne (por supuesto de cerdo).

Para los médicos, la carne (肉) "era mala para la salud", y le decían a los pacientes con problemas de hipertención o colesterol, que no la comieran.

El cerdo era tan importante en la cultura y la sociedad de China que la palabra "casa" o "familia" (家) está representada por un cerdo debajo de un techo. "Allí donde había cerdos, había una casa o una familia", nos decía el profesor.

En "Los años setenta en China-Recuerdos de un Oriental en Oriente" recuerdo cómo más de una vez ví cómo en la parrilla trasera de una bicicleta, encima de unas maderas horizontales, se transportaba a un cerdo vivo.

Lo que no cuento es cómo, durante un período de estancia en una Comuna Popular, en una clase de secundaria se dio una clase en la cual los alumnos aprendían, "en vivo y en directo", a castrar a un cerdo, en medio de los chillidos del animal.

La China de antes de 1949 era un país arrasado por décadas de guerras y calamidades naturales, con frecuentes hambrunas. Tras el establecimiento de la República Popular, la producción de alimentos era deficitaria y con el objetivo de poder garantizar un mínimo de suministros a toda la población, se estableció un sistema de racionamiento para los cereales, el aceite...y la carne. Este sistema se regía por el uso de los llamados "cupones", y en el caso concreto de la carne, éstos eran distribuidos entre los ciudadanos en los niveles locales, y además tenían fecha de caducidad.

Los cupones de carne eran para la de cerdo, y para que no quedara duda de ello, en muchos aparecía un dibujo del animal, como en el siguiente:


Cupón para 250 gramos de carne de cerdo, para ser usado en el primer trimestre de 1964 en el municipio de Shanghai

Cupón para 250 gramos de carne de cerdo, para su uso en Shanghai durante el primer trimestre de 1964

Sólo existía un caso en cual debía indicarse de forma clara que la carne tenía que ser vacuna, y éste era el la población musulmana.

En concreto, se trataba de los habitantes hui, una de las principales de las más de 50 llamadas "minorías nacionales" que tiene China y que en total representan menos del diez por ciento de su población.

Los hui son descendientes de poblaciones árabes, persas, turcas y de otras regiones de Asia central que comenzaron a llegar a China en la antiguedad, y que profesan el islamismo. La Región Autónoma Hui de Ningxia es una de las cinco que existen en China. En ella, los hui representan aproximadamente la tercera parte de su población. Sin embargo, se pueden encontrar habitantes hui en todo el territorio chino.

Y para los hui, que no comían cerdo, existían cupones especiales como el que vemos a continuación, también con un dibujo:


"Cupón de carne de vaca para los huimin"

Como los hui no eran los únicos musulmanes en China -por ejemplo están los uigures que habitan la Región Autónoma Uigur de Xinjiang- también había cupones con el nombre de 清真, un sinónimo de "musulmán" usado muy frecuentemente en China.


Cupón de carne de vaca para musulmanes de la municipalidad de Shanghai


Este tipo de cupones circularon en China hasta finales de la década de los 80 del siglo pasado. En efecto, a partir del año 1979 el país comienza a aplicar una serie de reformas económicas, en especial en el campo. Entre esas medidas se permite a las familias criar cerdos más allá de los necesarios para sus propias necesidades y vender la carne excedente en lo que se llamaban "mercados libres agrícolas". 

Algo similar tiene lugar con la creación de "parcelas individuales" de tierra para que los campesinos pudieran cultivar verduras y frutas. En cuanto a los cereales, se fijaron cuotas de producción que las familias estaban obligadas a vender al Estado a precios fijados por éste; pero todos los excedentes podían entrar en la cadena de distribución, a precios que fijaba la oferta y la demanda.

Como consecuencia, se incrementó de forma destacada la producción agropecuaria, y hacia finales de la década de los ochenta desaparecieron los cupones, tanto para los cereales como para la carne. 

En resumen, fue hace unas más de tres décadas cuando la población china pudo comenzar a comprar y comer carne sin limitaciones, aunque en un principio, ésta seguía siendo principalmente sinónimo de carne de cerdo.

Es recién en los comienzos del siglo XXI cuando, gracias al espectacular desarrollo económico y social experimentado por China, y la mejora en las condiciones de vida de su población, paulatinamente productos como la carne vacuna o los lácteos comenzaron a ser importados por China para satisfacer las necesidades de sus consumidores. 

Esto produjo una especie de revolución agropecuaria en el mundo que afectó positivamente primero a países como Estados Unidos, Australia o Nueva Zelanda, y posteriormente a Argentina, Brasil y por supuesto Uruguay que vieron cómo se abrían las puertas de un mercado nuevo, con un crecimiento exponencial en su demanda, que ha llevado a la República Oriental -siempre insisto que, con una población similar a la de un simple barrio de Beijing- a convertirse en uno de los principales provedores de carne vacuna de la República Popular.

Esperamos poder seguir tratando temas relacionados con un posible TLC entre Uruguay y China en  próximas "Reflexiones Orientales"


Pablo Rovetta Dubinsky

24 julio, 2022

Uruguay da un paso adelante hacia un Tratado de Libre Comercio con China

Uruguay dió un gran paso adelante en su objetivo de alcanzar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China cuando el presidente Luis Lacalle anunció el pasado día 13, la finalización, con resultados positivos, del estudio de factibilidad sobre el mismo. "Ahora sí empezarán formalmente las negociaciones" indicó con satisfacción el mandatario de la República Oriental.

El proceso "oficial"  había comenzado en septiembre del año pasado cuando Luis Lacalle Pou informó que el gobierno uruguayo había recibido una respuesta formal de las autoridades chinas en la que se explicaba su disposición de "avanzar en un Tratado de Libre Comercio".

Desde entonces, y más recientemente tras el anuncio de la pasada semana y la Cumbre de Mercosur en Asunción, ese posible TLC ha sido uno de los temas más tratados por la prensa nacional y sobre el cual se han generado más comentarios, críticas, elogios y polémicas, no sólo en el panorama político uruguayo, sino también entre sus otros socios de Mercosur (Argentina, Brasil y Paraguay).

Desde estas reflexiones, hoy más doblemente orientales que nunca, creo que antes de empezar a analizar toda la complejidad relacionada con un TLC, es necesario partir desde lo más básico y hacerse la siguiente pregunta:


    ¿Han sido y son beneficiosas para Uruguay las relaciones con China?    


En marzo de 2023 se cumplirán 35 años del establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países. En este período de tiempo, todos los principales partidos políticos uruguayos han estado al frente de diferentes gobiernos, y todos ellos han mantenido excelentes relaciones con la República Popular. Hasta la crisis de la Covid -que originó serias dificultades para los viajes internacionales, en especial hacia Beijing - todos y cada uno de los presidente de la República viajaron de forma oficial a China.

De esto podemos deducir que las relaciones con China han sido importantes para todos los gobiernos uruguayos desde el retorno de la democracia, independientemente del signo político y de la ideología de los mismos. Por lo tanto, creo que podríamos decir que el mantener unas buenas y estrechas relaciones con el país asiático puede ser, o debería ser, considerado como un tema de Estado para el Uruguay.

Estas buenas relaciones políticas y diplomáticas no sólo se limitan a la esfera del Poder Ejecutivo, sino que las hemos podido y las podemos ver en otros ámbitos como el parlamentario, en las Intendencias, organismos públicos, organizaciones sociales y partidos políticos. 

Además, no sólo se han limitado al terreno político y económico, sino que de ellas se han beneficiado sectores como la ciencia y tecnología, el deporte y hasta la educación y cultura.

Pero si hay un sector en el cual las relaciones con China han sido y son muy favorables para Uruguay ha sido el del comercio exterior. Y creo que es por ahí por donde deberíamos empezar a analizar el tema.

Como una imagen vale más que mil palabras, el siguiente gráfico de Uruguay XXI nos puede dar una idea muy clara de la importancia del mercado chino para las exportaciones uruguayas.




China no es sólo, con una gran diferencia, el principal cliente de las exportaciones uruguayas, sino que lo que compra ese mercado es equivalente al total de lo que Uruguay exporta a Brasil, Argentina y toda la Unión Europea juntos.

Estas estadísticas corresponden al primer semestre de este año. Para tener una idea más amplia, veamos cuál ha sido la evolución, y la composición por rubros, de las exportaciones a la República Popular en los últimos años, siempre con información de Uruguay XXI.





Parece claro, por lo tanto, que cuando hablamos del comercio exterior con China no nos estamos refiriendo a un hecho puntual sino a una tendencia al alza. Se puede ver claramente cómo el año pasado -muy difícil para el comercio internacional por los efectos de la Covid- el volumen de lo exportado al país asiático llegó a su mejor nivel en la historia, y seguramente batirá otro récord al final del presente.

Otro hecho destacable en la evolución de las exportaciones al país asiático ha sido la progresiva diversificación de los rubros. Es bueno recordar que hasta hace menos de dos décadas Uruguay "solo" vendía a China principalmente lana, y en segundo lugar cueros.

Ahora el país asiático es el principal comprador de carne uruguaya, aparte de un importante cliente para la soja y la madera y la celulosa. Al mismo tiempo, hay otros sectores, como el de los productos lácteos, donde China ya es uno de los principales clientes de Uruguay.

Para terminar con las gráficas, veamos -también gracias a la información de Uruguay XXI- la evolución de la balanza comercial entre Uruguay y China.


Como se puede apreciar claramente, desde hace ya nueve años, y seguramente el presente será el décimo, la balanza comercial es netamente favorable a Uruguay, habiendo alcanzado en el 2021 un récord histórico.

Volviendo entonces a la pregunta que nos hacíamos al principio: ¿Han sido y son beneficiosas para Uruguay las relaciones con China? Creo que las cifras mostradas dan una respuesta clara.

Quedan aún muchos temas por tratar. Por ejemplo, ¿a qué se ha debido el cambio en la composición de las exportaciones uruguayas a China, y por lo tanto su incremento? ¿cómo un país como Uruguay -"chiquito" y con la población de un barrio de Beijing- se ha convertido en un importante suministrador de alimentos para el país más poblado de la tierra? ¿cómo han podido los productos uruguayos del sector agropecuario entrar en un mercado tan lejano, tan exigente, tan estricto en sus normas y con una competencia tan fuerte como lo es China? ¿cuál es la presencia de Uruguay hoy en China y como es percibido entre su población?

Como vemos, incluso antes de empezar a reflexionar sobre el posible TLC, son muchos aún los temas de interés a tratar y esperamos seguir haciéndolo desde estas Reflexiones Orientales.

@Pablo Rovetta Dubinsky 

26 mayo, 2022

Distancias geográficas - Distancias psicológicas

Leo en un diario de España un artículo que comienza con la siguiente frase: Hay pocos países más alejados de España geográfica y culturalmente que China.

Me hizo acordar a tiempos que ya parecen lejanos, cuando se realizaban con mucha frecuencia en España seminarios empresariales sobre cómo entrar en el mercado chino y se indicaban cuáles eran las dificultades para acercase a la República Popular.

Casi siempre surgía la comparación con América Latina y la pregunta que se planteaba era ¿por qué las empresas españolas -"tan exitosas en América Latina"- tenían dificultades, en comparación con los países de "nuestro entorno", para "conquistar" el mercado chino?

Se mencionaba lo difícil que es el idioma chino. Y siendo esto verdad, nadie se preguntaba por qué los países del entorno de España tenían una presencia mayor en China, como si para los alemanes, británicos, italianos o franceses el chino fuese un idioma más fácil que para los españoles.

Otro de los tópicos era "la distancia". China quedaba "muy lejos" de España, como da a entender esa frase del medio de prensa.

Si uno se toma un taxi para el Aeropuerto de Madrid-Barajas y le dice al taxista que va a viajar a Buenos Aires, a éste le parecerá algo "normal", como quien viaja a Vigo. Pero si dice que va a volar a China, entonces casi siempre se asombra por lo "lejos" que va.

Aún hoy, la sensación en general es que China, como dice la frase del artículo está, geográficamente, muy lejos de España.




Es verdad que el país asiático no está cerca de la peninsula ibérica; pero desde el punto de vista geográfico también es verdad que hay muchos países de América Latina que están más alejados, aunque psicológicamente poca gente lo considere así.

La distancia en línea recta entre Madrid y Beijing, según Google, es de 9.222 kilómetros. Un viaje de vuelo directo de unas doce horas.

Según la misma fuente, Madrid está a 9.513 kilómetros de Lima, 9.941 de Montevideo, 10.039 de Buenos Aires y 10.695 de Santiago de Chile. Estos cuatro destinos están por lo tanto más lejos de Madrid que de Beijing (si consideramos sus capitales y no sus fronteras) sin que casi nadie mencione el tema de la distancia.

A esos destinos podríamos agregar Ciudad de México o Asunción, un poco más cercanas que de Beijing, pero separadas por más de 9.000 kilómetros de la capital española.

Por ello, en comparación con muchos países de América Latina, desde el punto de vista geográfico China está más cerca de España. Y así lo que separa a España de China, y lo que la acerca a América Latina no son las distancias geográficas, sino lo que podríamos llamar distancias "psicológicas".

Por otro lado, es verdad que desde el punto de vista cultural, España y China son países muy alejados entre sí. Pero, China ¿es uno de los "pocos"? ¿Y qué pasa con tantos países de Asia Central y Oriental, de África y Oriente Medio con formas de vestir, organización de la sociedad y hasta influencias religiosas tan diferentes y distantes no sólo de España, sino incluso de la propia China?

Sólo como ejemplo podríamos citar a India, países del Golfo o incluso algunos del norte de África, éstos últimos tan cercanos geográficamente a España. ¿Acaso no están culturalmente muy alejados de España, aunque geográficamente mucho más cercanos que China?

En el fondo de esto subyace un "eurocentrismo" que en cierto modo también se ve en los países latinoamericanos, donde, empezando por la eduación, ni se habla de la historia y cultura de miles de millones de habitantes (sólo entre China e India ya son más de 2.500) que representan demográfica y geográficamente la mayoría del planeta.

Y asi, lamentablemente, con mucha frecuencia cuando se habla de "el mundo", en el fondo no se está teniendo en cuenta a esa gran mayoria de la tierra.

Es una pena que, a pesar de los muy modernos medios tecnológicos que nos permiten acercarnos a los rincones más perdidos del planeta, en la práctica, el conocimiento de esos países fuera de la esfera de Europa y el llamado mundo "occidental" sea ahora mucho más pobre que cuando sólo teníamos los libros y las enciclopedias de papel.

@PabloRovetta


23 abril, 2022

Los años setenta en China - Recuerdos de un oriental en Oriente (Prólogo)




Oriental
«(del lat. orientalis) Adj. 1. Natural del oriente o de
Oriente (Asia y regiones inmediatas) […] 
5. Uruguayo. Aplicado a personas. Usado también como sustantivo».
Diccionario de la lengua española. Real Academia Española.


El avión de Swissair, casi vacío, aterrizó la noche del siete de julio de 1975 en el aeropuerto «La Capital» de Pekín. Cuando salí para bajar por la escalerilla, me golpeó una ola de calor húmedo mientras, en medio de una mansa llovizna, un retrato de Mao Zedong me miraba como dándome la bienvenida a la República Popular China.

Yo tenía diecisiete años y viajaba con mi hermana Laura, un año menor, y con mis padres, y desde entonces y durante más de diez años fuimos los únicos uruguayos que vivimos en el país más poblado de la Tierra. Ese día marcó para mí el comienzo de una relación directa con China que ya lleva casi medio siglo.

Venía de una ciudad como Montevideo que está considerada la capital más alejada de Pekín en el mundo, del sur al norte, de Occidente a Oriente, del Atlántico al Pacífico, del invierno al verano y del capitalismo al socialismo.

Estábamos justo del otro lado de la tierra donde había nacido, y para mí fue como llegar a otro mundo, en el cual, mientras mis padres trabajaban, mi hermana y yo dedicamos los primeros años a los estudios.

Ellos ejercieron como correctores de estilo de español en Ediciones en Lenguas Extranjeras —organismo oficial encargado de la publicación de revistas y libros en diferentes idiomas—, y formaron parte de lo que los chinos llamaban «expertos extranjeros».

Mi hermana y yo estuvimos dos años estudiando chino en el entonces llamado Instituto de Lenguas de Pekín (北京语言学院) —en la actualidad Universidad de Lengua y Cultura de Pekín (北京语言大学)— y luego entré a Qinghua ( 清华大学), una de las dos universidades más prestigiosas del país. Allí estuve cinco años cursando en chino la carrera de Informática, donde obtuve mi licenciatura, y coincidí durante un tiempo con el actual presidente Xi Jinping que entonces estaba en la facultad de Química.

En plena Guerra Fría, había llegado a una China donde aún vivía el Presidente Mao, que seguía convulsionada por la Revolución Cultural y muy aislada del y por el mundo. Allí pude ser testigo de acontecimientos históricos como la muerte del también conocido como «Gran Timonel», tensas luchas políticas con multitudinarias manifestaciones, incidentes en la famosa plaza de Tian’anmen, la caída de «La Banda de los Cuatro», liderada por la viuda de Mao, y el comienzo de la política de reformas y apertura al exterior.



También en la capital china viví el primer terremoto de mi vida, el que está considerado uno de los movimientos sísmicos más devastadores de la historia moderna del mundo.

En medio de una muy reducida colonia extranjera, y sin los modernos medios actuales de comunicación e información —internet, celulares, televisión por satélite— vivimos varios años prácticamente aislados del mundo. Nada más llegar, y al ver que un barrio de Pekín tenía más habitantes que todo el Uruguay, aprendí a relativizar las cosas y cambiaron las nociones que hasta entonces tenía sobre lo que era grande o pequeño, mucho o poco, viejo o nuevo. También añoré cosas en principio insignificantes a las que no les había prestado atención en el pasado, como, por ejemplo, un buen café, un limón, el olor y la vista del mar, el canto de los teros, o el sabor del dulce de leche o de membrillo.

Para mis padres, seguir tomando mate fue uno de sus mayores retos, y más de una vez los llegué a ver usando literalmente «la yerba de ayer secándose al sol», como dice el tango

Mi vida y la de mi familia cambiaron por completo en casi todos los aspectos; la comida, los horarios, las costumbres, la vestimenta, y tuvimos que acostumbrarnos a muchas cosas nuevas, como tomar agua caliente en pleno verano.

Allí pasé por diferentes etapas, desde la experiencia de estar siete años en dos universidades, trabajar como periodista para la Agencia EFE, dedicarme a la promoción y a realizar estudios de mercado para la Oficina Comercial de la Embajada de España, hasta trabajar en una empresa muy relacionada directamente con un sector clave en la economía, como es el mundo del petróleo.

Mientras estudiaba en la universidad, y como parte de los métodos de educación de esos años, trabajé en dos fábricas y en una Comuna Popular en el campo. También me manifesté en dos ocasiones en la plaza de Tian’anmen, la primera vez para condenar a Deng Xiaoping y la segunda para celebrar la caída de «La Banda de los Cuatro».

He podido vivir China bajo diversos líderes, desde Mao Zedong, hasta posteriormente Hua Guofeng, Deng Xiaoping, Hu Yaobang, Zhao Ziyang, Li Peng, Yang Shankun, Jiang Zemin, Hu Jintao, Wen Jiabao y ahora Xi Jinping.

Fui testigo directo de lo que pasó en el país antes, durante y después del llamado proceso de reformas y apertura al exterior que se inició a finales de diciembre de 1978. Para que un ciudadano local en la actualidad haya vivido ese mismo período debería tener unos sesenta años. Por lo tanto, me tocó vivir y ser testigo de acontecimientos que una gran parte de la población china solo conoce hoy, en el mejor de los casos, por historias familiares, películas o libros.

Así tuve la oportunidad de vivir una experiencia única, muy enriquecedora en muchos aspectos y que me generó una forma de ver el mundo y las cosas desde otro ángulo y con otras dimensiones.

Tras la muerte de Mao fui viendo los pequeños y paulatinos cambios que iban teniendo lugar, desde la llegada de la Coca-Cola hasta la transformación de varios aspectos de la vida diaria: la vestimenta, el suministro en las tiendas, los servicios, la oferta cultural y hasta las costumbres y hábitos de su población,

Los cambios que ha experimentado China en estos más de cuarenta años han sido tan espectaculares —cosa que nadie en el mundo pone en duda— que podría decir, sin exagerar, que dentro de un mismo territorio, en el fondo, he vivido en dos o más países diferentes.

Si me hubiese quedado dormido a finales de 1975 y despertara ahora, prácticamente no reconocería ni la ciudad ni el país, salvo, quizás, por alguna imagen familiar como la plaza de Tian’anmen; utilizaría expresiones que casi nadie entendería, y tampoco comprendería muchas palabras de la actualidad.

Para muchos, la experiencia vivida me convertiría en un «experto». Sin embargo, a medida que ha ido pasando el tiempo, he sido cada vez más consciente de la complejidad de todo lo relacionado con el mundo chino y de lo difícil que es hablar o escribir sobre el país.

Llevaba décadas pensando en escribir un libro, mientras que cuanto más pasaba el tiempo, más difícil se me hacía, como le ocurre a mucha gente después de largas temporadas viviendo en China. Creo que son una muy reducida minoría los que, después de haber residido décadas o incluso nacido en Pekín, han escrito algo —muchas veces ni siquiera un artículo— sobre su experiencia o aspectos del gigante asiático.

Los pocos que conozco que lo han hecho, ha sido después de muchos años y en algunos casos de una forma muy particular, refiriéndose a etapas y casos muy concretos. Y conozco a muchas personas, de todos los continentes, que hablan un chino perfecto y conocen todas las costumbres locales, que han vivido experiencias mucho más interesantes que la mía, pero que no han escrito ni una sola línea.

En teoría, parece un país fácil de entender tras una breve estancia —«los chinos son así», «a los chinos no les gusta esto», «los chinos prefieren aquello», y un largo etc.—, pero, con el paso del tiempo, estoy cada vez más convencido de lo complejo que es. Aparte de ser una nación milenaria, los cambios han sido y son casi constantes, surgen sin cesar cosas nuevas, al tiempo que otras desaparecen o regresan del pasado. Lo que hoy es «bueno» hasta ayer podía ser «malo», o viceversa; lo blanco se podía transformar en negro, para volver a ser blanco en algún caso, o gris en otro. Si en muchos aspectos los cambios se producen a una velocidad supersónica, en otros el país parece haberse quedado estancado en alguna de sus milenarias dinastías.

Por eso, cuando más tiempo se está relacionado con China, más cuesta no solo escribir, sino, simplemente, hablar del país. Por lo menos ese es mi caso y el de gente que conozco y que ya lleva décadas —o toda una vida— como residentes. Al final, sin embargo, me he decidido a dejar una constancia por escrito de lo vivido, para que aquellos interesados en el gigante asiático tengan un testimonio de lo que fui testigo en una etapa muy especial de su historia y que espero resulte de interés. Creo que en español se pueden encontrar muchas versiones y análisis sobre la China de hoy, o sobre el proceso de reformas que ya lleva más de cuatro décadas; pero no sé si pasa lo mismo con la época anterior a ese proceso, que, en mi opinión, abarcó, en un corto período de tiempo, los años de cambios más radicales y espectaculares en la historia reciente de la República Popular.

En las páginas que siguen lo que intento reflejar es cómo era el país en los años setenta, cómo viví en él, las cosas que veía y que en algunos casos no entendía o no me gustaban. Son recuerdos, impresiones y reflexiones de esa época, intentando también hacer en algunos casos una comparación con la actualidad.

Para los lectores no familiarizados con la historia de mi país me gustaría destacar que lo que hoy es la República Oriental del Uruguay era conocida en la época de la colonia como la «Banda Oriental» del Virreinato del Río de la Plata, por encontrarse al este del río Uruguay, y por eso «oriental» ha sido y es también sinónimo de uruguayo o de todo lo relacionado con Uruguay. De ahí que estos sean recuerdos doblemente orientales: de un «oriental» uruguayo, y sobre este nunca mejor llamado lejano Oriente.

Este libro ha sido escrito basado en lo que me queda de memoria de esos años, y las fuentes utilizadas, en especial para mencionar citas, fechas o nombres, provienen de mi archivo personal de publicaciones de la época que aún conservo, aunque en algún caso he debido recurrir a fuentes chinas para refrescar algunos episodios, entre ellas la hemeroteca del Diario del Pueblo, el principal órgano de prensa del país.

Por último, en estos años repletos de fuentes de información, pero paradójicamente de tanta amnesia y en muchos casos mediocridad, me gustaría recordar, en especial para las nuevas generaciones, que hasta hace unas pocas décadas atrás, solo el hecho de mostrar interés por el país asiático, intentar acercarse o querer ser su amigo, podía tener en muchos países, como el mío, consecuencias muy trágicas, que incluían la cárcel, la persecución, atentados terroristas o, incluso, la muerte o «desaparición» de personas como lo que vivimos en el Cono Sur. Creo que es bueno mencionarlo, ahora que es muy fácil y está de moda hacerse amigo o acercarse a China.

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En versión ebook (con un prólogo del embajador uruguayo en China, Fernando Lugris) está en Amazon o plataformas similares en todo el mundo