19 diciembre, 2014

Chile, el idioma chino, y una excelente iniciativa. "El sur también existe"

En estos tiempos de tanta mediocridad, de recortes y falta de interés en la educación y la cultura, leo con alegría que Chile dará 15.000 becas a jóvenes de entre 15 y 19 años para aprender chino. Es verdaderamente una excelente noticia y un soplo de aire fresco -en medio de un aire tan viciado- que honra a Chile y a todos los que están detrás de esta iniciativa.

Según lo que he podido leer, se trata de un proyecto - llamado Conoce y emprende con China- del organismo de servicio público Instituto Nacional de la Juventud (Injuv) junto con la ONG Cruzando el Pacífico y que incluirá cursos enfocados al idioma, cultura y los negocios relacionados con el país asiático.

Al anunciar el lanzamiento de este programa, los organizadores destacaron que China es el principal socio comercial de Chile, y resaltaron la importancia de que miles de jóvenes chilenos tengan la oportunidad de "derribar barreras" y puedan acercarse más al gigante asiático.

Creo que muchos coincidirán en que esta medida es un ejemplo de trabajo serio, de mentalidad de futuro y de visión a largo plazo. Son muchos los discursos y declaraciones que vemos con frecuencia en nuestro mundo de habla hispana sobre la importancia de China y de conocer y acercarse al gigante asiático, pero que lamentablemente muchas veces se quedan en eso, sólo palabras o acciones puntuales y limitadas, sin planes ni recursos económicos para alcanzar ese objetivo. 

Es verdad que existen también iniciativas encomiables en otros países de habla hispana para acercarse al "mundo chino", pero que muchas veces salen adelante sólo gracias a meritorios esfuerzos y sacrificios, muchas veces personales y casi altruistas, que no son suficientemente reconocidos ni respaldados económicamente por planes serios y con una mentalidad de futuro.

Así que enhorabuena a Chile por esta medida que seguramente será vista con envidia sana en otros países que hablan español, y que, ojalá me equivoque, lamentablemente no tendrá la repercusión que se merece. 

Como en otros tanto temas, y como decía mi compatriota Benedetti, una vez más "el sur también existe"



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08 diciembre, 2014

Reflexiones sobre el "guanxi" en China

Yuangfang Magazine acaba de sacar el primer número de su revista, y han tenido la amabilidad de invitarme a participar con un artículo que he titulado Reflexiones "a contracorriente" sobre el "guanxi" en China.

Sin pretender desmentir ni negar la importancia que el guanxi tiene para los negocios y la vida en general en China y gran parte de Asia, en el artículo reflexiono sobre algunos de los mitos que existen sobre este fenómeno, uno de los más nombrados a la hora de escribir o hablar sobre la República Popular.

Por ello lo llamo "Reflexiones 'a contracorriente'" ya que intento destacar los aspectos menos mencionados del guanxi: ¿es el guanxi la herramienta mágica para hacer negocios en China? ¿teniendo un guanxi adecuado se puede triunfar en China? ¿tiene o no el guanxi efectos secundarios negativos?




30 noviembre, 2014

Días de radio en Beijing

Leo con tristeza la noticia sobre la próxima desaparición de las emisiones en onda corta de Radio Exterior de España y recuerdo con nostalgia la importancia que tenía la radio para muchos de los extranjeros que vivíamos en China en los años 70 y 80.

Entre los detalles de la vida cotidiana de esa época en Beijing estaba el de la falta de información periódica y actualizada sobre lo que pasaba en el exterior y en nuestros países, en un mundo sin Internet, sin cadenas de televisión extranjeras, en unos años en que China sí estaba muy lejos de verdad de “nuestro mundo”.

La radio en onda corta –no sé verdaderamente si la juventud en la actualidad sabe a lo que me estoy refiriendo ya que ahora casi todos los dispositivos electrónicos sólo traen FM, y hasta la AM es a veces difícil de escuchar- jugaba pues un papel fundamental en nuestras vidas.

Eran, parafraseando a Woddy Allen, verdaderamente “Días de Radio”, aunque treinta años más tarde de la época que refleja la película.

Recién llegados a China en 1975  compramos una radio de mesa, que tardaba algunos segundos en calentarse y empezar a funcionar, con la cual como máximo podíamos escuchar las audiciones en español de “Radio Pekin” (“Aquí Radio Pekín”, “Aquí Radio Pekín”, era el anuncio que, intercalado con la música de “El Este es Rojo” se emitía antes de comenzar las transmisiones).

Aparte de las noticias relacionadas con las actividades diplomáticas de los dirigentes del país –ya entonces China recibía semanalmente a Jefes de Estado, de Gobierno y personalidades internacionales- sólo nos enterábamos de los incrementos en la producción agrícola e industrial y de las batallas ideológicas, por ejemplo, contra “los vientos derechistas que pretenden revocar los veredictos”,  y de lo cual en el fondo no entendíamos nada.

Aunque se podían comprar en Beijing aparatos de radio con onda corta, lo máximo que se llegaba a escuchar eran las audiciones en español de Radio Pyongyang, donde nos contaban cómo las gallinas de una granja determinada de Corea del Norte había incrementado su producción de huevos tras una visita de inspección del llamado Gran Líder, Kim Il-sung.

Una de las “joyas” más apreciadas era entonces tener una buena radio con onda corta, y a la mínima oportunidad que alguien viajó a Hong Kong, le encargamos una Sony de varias bandas.

Ya con la radio de onda corta en nuestras manos, comenzaba la nada fácil tarea de encontrar emisiones de radios extranjeras en español –nuestro nivel de inglés o francés no daba como para escuchar en otros idiomas- o, como se diría ahora, “navegar” en las ondas.

El reto era encontrar la sintonía y la hora en que esas radios transmitían en español, ya que casi ninguna tenía emisiones las 24 horas del día.

Después de las ya mencionadas Radio Pekín y Radio Pyongyang, la que le seguía en potencia y facilidad para sintonizar era Radio Moscú en español que, en esos tiempos de mediados de los años 70, aparte de la guerra fría con Estados Unidos y Occidente, dedicaba la mayor parte de sus audiciones a hablar de la Dictadura de Pinochet (nos parecía bien y nos gustaba escuchar a Quilapayún y a los Inti-Illimani, pero nos daba la impresión de que para Radio Moscú entonces no había otras dictaduras en América Latina)

Lo más “cercano” a lo nuestro que podíamos encontrar en español eran audiciones de Radio France Internacional, Radio Netherlands  –por cierto en mi opinión una de las mejores-, la radio de El Vaticano y finalmente Radio Exterior de España. Esta última estaba más “enfocada” hacia Filipinas y no era muy fácil de sintonizar en la capital china.

El gran problema era, aparte de “encontrar” la audición de radio, lograr obtener la mejor calidad posible de sonido.

Eso requería varias cosas. En primer lugar una mano de cirujano capaz de mover el dial con la suficiente precisión para sintonizar y mantener en línea la emisora deseada (más tarde, este problema fue solucionado con la aparición de las radios digitales). Las emisiones de diferentes radios se mezclaban, se “juntaban”, y uno podía estar escuchando Radio France en español con el fondo de una radio alemana.

Al mismo tiempo, había que mover la radio y su antena para obtener el mejor sonido; así como encontrar el mejor lugar de la casa donde escucharla. Había que sentarse a escuchar la radio, tocarla, moverla, manejar la antena, y por eso ni pensar en escuchar la radio en la cama, mientras se cocinaba o menos aún caminando, en bicicleta o en el autobús, como en la actualidad.

También teníamos que buscar formas de evitar las interferencias de los motores –imposible escuchar onda corta en una cocina- de los muros, o intentar incrementar la potencia de la antena atándole a ésta un cable de cobre que luego se unía a los radiadores de la calefacción o se colgaba de la ventana.

Las estaciones del año y el clima también influían en la recepción de las emisiones. Había algunas radios que se escuchaban mejor, o que sólo se escuchaban bien en determinadas estaciones del año. Tampoco era lo mismo escuchar la radio un día de nieve o un día de tormenta de verano.

Cuando en verano íbamos a la playa de Beidaihe, a unas horas en tren de Beijing, era –para los amantes de la onda corta- como llegar al paraíso, ya que el estar al lado del mar facilitaba la recepción de las ondas.

Los extranjeros compartíamos nuestros “descubrimientos” de nuevas emisiones, así como las noticias del mundo que cada uno iba obteniendo. Así vivimos y así seguimos durante muchos años acontecimientos importantes de mundo y de China.



Radio Sony Digital usada en la década de los 80. El modelo anterior -que usamos en los 70- era analógico. Estaba consideraba una de los "joyas" para los aficionados a la radio en China.


Aún recuerdo, por ejemplo, el haber seguido el intento de Golpe de Estado en España el 24 de Febrero de 1981 de mañana, (23 de febrero por la noche en Madrid) a través de Radio Exterior, con una radio casera y una antena de hilo de cobre en el dormitorio para estudiantes extranjeros de la universidad de Qinghua, o los acontecimientos de la plaza de Tiananmen en junio de 1989, ya con una Sony Digital, a través de las emisiones en inglés de la BBC en el edifico de la Oficina Comercial de España. Eso sí, teníamos que pegar la radio a la ventana, ya que estábamos en el primer piso de un edificio alto, rodeado de muchas edificaciones.

En estas “reflexiones radiales” me gustaría recordar a Marcelino Blanes, de Radio Televisión Española (RTVE) quien llegó a la capital china en junio de 1988 para trabajar en Radio Pekín, al tiempo que hacía crónicas radiales para España y América Latina y que tuvo la oportunidad de seguir los acontecimientos de la plaza de Tiananmen en 1989 y, de hecho, estuvo de junio a agosto de ese año trabajando directamente desde Beijing para Radio Televisión de España.

Como muchos otros ejemplos de este mundo tan desmemoriado, creo que no hay muchas referencias –no me atrevo a decir ninguna por falta de conocimiento- al caso de Marcelino Blanes y su paso como corresponsal de Radio en Beijing.

Ahora cualquier persona puede viajar a China y escuchar a través de una amplia gama de dispositivos, la radio que quiera, en el idioma que quiera, como si estuviera en su propia casa.

Todo es mucho más fácil ahora, aunque se ha perdido la emoción que teníamos entonces buscando y “descubriendo” radios extranjeras.

Como señala el niño de la película de Woody Allen, “ahora todo ha desaparecido, sólo quedan los recuerdos”.

06 noviembre, 2014

CARTAS DESDE LA CHINA DE LOS AÑOS 70. VICTOR OCHOA Y SUS REMINISCENCIAS ESTUDIANTILES

“Un día a principios de 1968 papá anuncia que nos íbamos a vivir a China. Yo acababa de cumplir 13 años”. Así, de esta forma directa y sencilla comienza Víctor J. Ochoa-Piccardo sus recién publicadas “Cartas de Jingzhai” (*), “reminiscencias estudiantiles", como él las llama, que abarcan el período 1976-1981, aunque en su interesante Prólogo, y a lo largo de las más de 500 páginas del libro, hay referencias continuas a esos primeros años en la República Popular que, como dice, le “marcaron para toda la vida”.

Víctor Ochoa, de Venezuela,  que sigue residiendo en Beijing, pertenece a lo me gusta definir como “rara avis” china –apelativo que también me aplico a mí mismo- y que incluye a una “especie” muy particular de personas –de todos los continentes, razas, religiones, etc.- que pasamos parte de nuestra niñez o de nuestra adolescencia en China entre los años 60 y 70 (algunas de ellas incluso nacieron allí), que seguimos, después de décadas, en contacto con ese país, que muchas veces nos comunicamos entre nosotros en chino, que aún recordamos la letra y música de muchas canciones revolucionarias de entonces, y que –por lo menos en mi caso- nos emocionamos viendo “El Ejército Rojo de Mujeres”.




Víctor estuvo por primera vez en China con sus padres y sus tres hermanos entre 1968 y 1970, en plena Revolución Cultural. A pesar de que el anuncio de su padre sobre el viaje a Beijing le cayó “como un baño de agua fría”, dos años después, en el momento de salir para Caracas confiesa que no quería regresar y se fue llorando de la República Popular.

Ese interés que había despertado en él el gigante asiático, unido a factores familiares como la relación de su padre con China, hacen que en 1976, al poco tiempo de que el país asiático volviese a abrir sus puertas para recibir a estudiantes extranjeros, él regrese y así,  a los pocos días de la muerte de Mao, aterriza en Beijing y se queda estudiando cinco años mientras es testigo directo de los cambios que comienzan a producirse tras la desaparición del llamado “Gran Timonel”.

En esos años sin internet, teléfonos celulares, o comunicaciones telefónicas vía satélite “la correspondencia epistolar representaba la única alternativa práctica” para comunicarse con su familia en Caracas, con la cual logra –a pesar de la distancia y del tiempo- mantener un diálogo ininterrumpido y sentirse menos lejos, como él mismo confiesa.

Tuvo el buen criterio de pedirle a su madre que le guardase todas las cartas que va escribiendo a la familia; y al cabo de muchos años se las trae de Caracas, las vuelve a leer, las ordena y se toma el trabajo de pasarlas a un ordenador. Fruto de ese trabajo y de algunas de las muchas fotografías que toma entonces, es el libro que acaba de publicar y que, como ya hemos indicado, se llama “Cartas de Jingzhai”. Jingzhai (o “el edificio de la tranquilidad”) era uno de los dos edificios donde los estudiantes extranjeros, junto a una minoría de chinos, vivíamos en la Universidad de Qinghua (también  conocida como Tsinghua, término que prefiere usar Víctor Ochoa).

Víctor es la única persona que conozco de esas “raras avis” que ha publicado un libro. Es un fenómeno interesante que, entre los autores de las obras que se publican sobre China, no figuren aquellos que desde los años 60 o 70, y desde nuestra juventud, hemos estado relacionados y lo seguimos estando, con ese país.

Quizás, como reconoce muchas veces Víctor en sus cartas, China “es muy difícil de comprender”, y en el país se desarrolla un drama “que sólo ellos saben”,  y por eso cuanto más tiempo se está en China, más difícil se hace escribir sobre el país.

En todo caso, uno de los valores de “Cartas de Jingzhai” está precisamente en el hecho de que no se trata de un libro de recuerdos escrito ahora, sino que es una especie de “diario de viaje” que refleja fielmente, sin necesidad de una prosa literaria, lo que él veía, sentía, pensaba en esos años tan interesantes y tan intensos en la historia de la República Popular.

Mi opinión elogiosa sobre el libro quizás no es muy objetiva ya que soy amigo del autor y  coincidimos, en tiempo y espacio, en el período durante el cual escribe esas misivas.  Pero al mismo tiempo, precisamente por eso, porque yo también viví en el “Jingzhai”, y porque fui testigo de esa misma época que relata Víctor, y de algunos de los acontecimientos a los que hace referencia, es que puedo decir “yo estuve allí”, “eso era así”, aparte de comprender muchas de sus reflexiones.

Entre muchas cosas, Víctor Ochoa refleja cómo vivíamos los extranjeros y cómo vivían los chinos entonces (en ambos casos nada comparado con la actualidad), siendo nosotros los privilegiados que por ejemplo teníamos una o dos horas de agua caliente al día … cuando ésta no se cortaba por los problemas de la caldera.

También hace una excelente descripción de Beijing, su pasado, su evolución, su situación en una época que cuando íbamos de la Universidad al centro usábamos el término “entrar en la ciudad”.

Al mismo tiempo va relatando de forma muy detallada y amena los cambios que se van produciendo en la sociedad tras la muerte de Mao. “Las corbatas empiezan a estar de moda” relata en una carta, mientras que en otras se queda de la carestía de la vida (“nos han cobrado 6 yuanes diarios por comer” dice con gran enfado).

Sus cinco años universitarios, además, le hacen replantearse algunos de los conceptos e ideas que tenía sobre China en general, su cultura, la mentalidad de su gente, el papel de Mao y del Partido Comunista, le causan desilusión, y lo llevan a “acaloradas” reflexiones con su padre. De alguna manera, aunque en diferente grado, China también se estaba replanteando en esos años muchas de las políticas que se aplicaban por ejemplo cuando Víctor, con 13 años llegó al Hotel de la Amistad en 1968.

Uno de los aspectos más interesantes de la experiencia relatada por el entonces joven estudiante de arquitectura son sus viajes por China, incluyendo Hong Kong y Taiwán, desplazándose días enteros en trenes, barcos y autobuses, siempre abarrotados de gente, viajando en “cama dura” o simplemente tirado en el suelo.

China comenzaba a abrirse al exterior, y en muchos de los lugares a los cuales llegaba era la primera vez que veían un extranjero en años, por no decir décadas, lo que en algunos casos ocasionaba atascos de tráfico, y verdadero asombro entre la población local. Tuvo pues el privilegio de visitar muchos lugares antes de que éstos perdieran su encanto con la llegada de masas de turistas extranjeros.

El otro aspecto interesante es su extraordinaria capacidad para conversar, y en algunos casos, polemizar con todo tipo de personas del país: taxistas, porteros, profesores, estudiantes, campesinos, soldados, obreros, presidiarios, artistas, cuadros del Partido, disidentes, agentes del servicio secreto y un largo etc. Eso le permitió también visitar a familias chinas, comer con ellas, vivir en sus modestas casas, tanto en las grandes ciudades como en el campo, asistir a bodas, cumpleaños y festividades tradicionales.

Sinceramente, no creo que hayan sido muchos los extranjeros con una experiencia similar.

Al terminar sus estudios Víctor regresa a Caracas, pero al poco tiempo vuelve a Beijing, donde hoy aún continúa residiendo 46 años después de su llegada al país. Personalmente detecto en Víctor una sensación de “cansancio” cuando está en China, pero de “saudade” cuando se aleja de ella, y creo que ésta es una característica común de muchos de los que, cada uno a su manera y en diferente grado, hemos vivido experiencias similares a las de Víctor y que hacen que China siga siendo una especie de imán para nosotros.

Tras terminar sus estudios, entre otras cosas, Víctor Ochoa trabajó durante 14 años en el primero llamado Banco Exterior de España, luego Argentaria y finalmente BBVA en Beijing, años caracterizados por operaciones financieras de gran relevancia con financiación gubernamental española, para grandes proyectos de empresas españolas en China.

Lamentablemente, y al igual que otros latinoamericanos y españoles que en los años más difíciles, cuando casi nadie quería viajar a China, trabajaron en beneficio de las relaciones entre el mundo de habla hispana y la República Popular, en campos como el educativo, cultural, periodístico o económico, creo que el trabajo de Víctor Ochoa  no ha sido reconocido y ha quedado en el olvido, ahora que China “está de moda” y existe una especie de competencia por demostrar quién es “más amigo” del país.

Todo estos elementos, unidos a que al tratarse de una recopilación de cartas se puede leer "fácilmente", hacen recomendable el libro de Víctor para que todos aquellos interesados en China, en especial las nuevas generaciones, puedan hacerse una idea de cómo se vivía décadas atrás en el país que está llamado a convertirse en la primera potencia del mundo. 

Me atrevería a decir, incluso, que la gran mayoría de los jóvenes chinos nacidos después de los años ochenta, ni conoce, ni tiene idea de las cosas que describe Víctor en su libro.

Quizás, y ojalá, que el ejemplo de Víctor con esta publicación,  sea un estímulo para que los otros “rara avis” empiecen, empecemos, a dejar constancia de nuestros recuerdos y a contar nuestras experiencias, antes de que sea demasiado tarde, ya que lamentablemente, en este mundo tan informatizado parece que la memoria se está perdiendo a una velocidad cada vez mayor.

14 octubre, 2014

Soles amarillos, soles rojos, colores y diferencias culturales

En la República Oriental del Uruguay el sol es amarillo; en Oriente el sol es rojo. Sobre colores y diferencias culturales con China trata mi última reflexión en Global Asia.

Pinche aqui para leer entrada en Global Asia

28 septiembre, 2014

México, el español en China y latinos en el Beijing de los 70

Leo hoy en el periódico Global Times la noticia de que el Consulado de México en Shanghai organizó días atrás una conferencia sobre la influencia de México en el arte moderno de China.

Reconozco mi total ignorancia sobre el arte y la pintura en particular, pero la información me pareció muy interesante y debo decir que he aprendido muchas cosas nuevas tras su lectura. La conferencia, dada por el pintor chino Zheng Shengtian, hace mención a que fue el escritor Lu Xun quien introdujo en China el arte mexicano a través de un artículo que escribió en 1931 sobre el muralista Diego Rivera.
 
Posteriormente el artista mexicano Miguel Covarrubias visita Shanghai en los años 30 y ejerce una importante influencia en los pintores chinos de esa época, según lo que he podido aprender gracias a ese artículo.

Tras el triunfo de la revolución china, el arte mexicano se introduce en la recién fundada República en los años 50, causando también una importante impresión entre los artistas chinos que en esos años estaban influenciados por el realismo del arte soviético.

La lectura del artículo me ha hecho recordar y reflexionar sobre el importante papel que ha tenido México en la introducción y difusión en China del idioma español y de la literatura y el arte provenientes del mundo de habla hispana, papel que no sé si ha sido suficientemente reconocido.

En alguna otra ocasión he escrito que el español se empezó a estudiar y difundir en China, aparte del interés del gobierno de la República Popular, gracias a la labor de un reducido grupo de republicanos españoles, de latinoamericanos amigos de China, y a nivel gubernamental, principalmente gracias a la labor de países como Cuba y México.

Cuba empezó a recibir estudiantes chinos en la década de los 60, y México realizó una destacada labor a partir del establecimiento de relaciones diplomáticas con la República Popular en 1972, a través de su gobierno, instituciones de prestigio como El Colegio de México, y de su Embajada en Beijing.

Para los pocos latinos que vivíamos en la capital china en los años 70 -en medio de un "desierto cultural" donde aún no existía Internet ni los vídeos- la Embajada de México era nuestro "oasis", al cual podíamos acudir a ver películas en español en su sala de cine, y a conseguir libros en la lengua de Cervantes. Fiel a su tradición de apoyo a la cultura y a las causas justas -como se vio en el caso de los republicanos españoles o de los exiliados latinoamericanos, y uruguayos en particular, en lo que a mi país respeta- que fueron acogidos por México, su Embajada en Beijing siempre tuvo las puertas abiertas para nosotros y para los ciudadanos chinos que estudiaban o hablaban español.

Viajar una hora en bicicleta, o en la línea 332 de autobús, valía la pena para aquellos que vivíamos en el Hotel de la Amistad o en las universidades de la ciudad, con tal de poder hablar español, ver una película en español o conseguir material para leer.

Es justo decir que la Embajada de Cuba también tenía una biblioteca abierta al público -gracias a la cual aprendí a admirar a Alejo Carpentier- y una escuela para niños de habla hispana -la única que existía en Beijing- pero la Embajada de México tenía la ventaja de su cine, uno de los mejores "lujos culturales" que entonces se podían encontrar en el país.

Ahora que "todo ha cambiado" -China, el mundo, las telecomunicaciones- y todo parece tan fácil, reconforta leer artículos como el del Global Times, gracias al cual he podido comprobar con alegría -en medio de mi ignorancia- cómo México continúa en China con su tradición de apoyo a las actividades culturales que contribuyen a un mejor conocimiento entre dos mundos -el chino y el de habla hispana- aún muy alejados el uno del otro.





(Imagen sobre "Exposición de pintura mexicana" tomada de la McGill University
















13 septiembre, 2014

Un nuevo aniversario de la muerte de Mao - Mis recuerdos de ese día en Beijing

El pasado 9 de septiembre se cumplieron 38 años de la muerte de Mao Zedong. La efemérides casi no fue recordada no sólo en la prensa internacional sino tampoco en la prensa china. Aunque menos de cuatro décadas no son nada en la historia de la humanidad, ni siquiera en la más reciente, los cambios que han tenido lugar en China y en el mundo en este período han sido de tal magnitud que a veces parece que nos estamos refiriendo a la "prehistoria" si recordamos las cosas que pasaban a mediados de los años 70 del siglo XX.

Se podrá estar de acuerdo o en contra de Mao Zedong y de su trayectoria desde los años 20 hasta su fallecimiento en septiembre de 1976. Sin embargo, la China de hoy, gran parte de lo que -para bien o para mal- es el mundo de hoy, tiene una relación directa con "la China de Mao".

En este acelerado mundo de las telecomunicaciones y la revolución digital, quizás a veces sería bueno "poner el freno" y estudiar lo que fueron esos años -dejando de lado los tópicos o "anécdotas" de si Mao se lavaba los dientes o no- y así se podrían comprender un poco mejor acontecimientos que están teniendo lugar hoy mismo en China, en la economía mundial, en las relaciones internacionales, así como mucho de que está sucediendo en relación con Rusia, Japón, la Península Coreana, el papel de los Estados Unidos en la escena internacional, la evolución económica de América Latina y un largo etcétera.

Cuando murió Mao yo tenía 18 años, y llevaba ya más de un año viviendo en la capital china. Los meses anteriores y posteriores al fallecimiento del líder chino fueron de una gran intensidad y de cambios profundos y muy radicales, y en algún modo me siento afortunado de poder haber sido testigo directo de todos esos acontecimientos trascendentales en la historia de China, y como podemos ver hoy, del mundo entero.

Mis recuerdos de ese 9 de septiembre de 1976 los publiqué tiempo atrás en Global Asia en un artículo Recordando el día que murió Mao y me gustaría revivirlos hoy.

 Pinche aqui para leer el artículo completo "Recordando el día que murió Mao".