16 enero, 2017

El idioma chino y el pinyin

A los pocos años de establecida la República Popular China y después de décadas de guerras y hambre, uno de los tantos problemas a los que se enfrentaba el joven Estado era a la alfabetización de su población, que vivía mayoritariamente en el campo.

Casi el 90 por 100 de la población era analfabeta y para resolver este problema China se enfrentaba entre otras dificultades, a las de su propio idioma, un idioma sin alfabeto, formado a base de decenas de miles de caracteres, cuya única forma de aprender era y es la memorización.





En los años 50 el Gobierno toma dos medidas para solucionar este problema: la simplificación de los caracteres, y el uso del pinyin como forma romanizada del idioma. El pinyin  es precisamente la tarea que emprende Zhou Youguang quien acaba de fallecer a los 111 años de edad en Beijing. Por eso se ha conocido siempre a Zhou Youguang como al "padre del pinyin" aunque él se consideraba su hijo.

El pinyin no es un idioma en sí mismo que quiera o pueda suplantar al chino, sino una transcripción fonética, un "alfabeto latino" del idioma chino para facilitar su estudio.Sería imposible que el pinyin suplantara a los caracteres chinos, ya que muchos de estos tienen la misma pronunciación, pero se escriben de diferente manera.

El pinyin, que fue adoptado oficialmente en 1958, facilitó el estudio del chino en las escuelas del país, el uso de diccionarios, y su aprendizaje relativamente más fácil por parte de los extranjeros.

Antes del uso del pinyin el sistema más usado en occidente para transcribir nombres chinos era el inglés Wade-Giles, había otra transcripción francesa -que por ejemplo escribía Pequin para nombrar a la capital china- aunque en general no había una unificación globalizada y el caos cundía en lo relacionado con la transcripción fonética de los nombres chinos a nivel general.

A mediados de los años 80, las Naciones Unidas, que tienen al chino como una de sus lenguas oficiales, aceptaron oficialmente el pinyin para la transcripción de nombres chinos. Sólo se aceptó como excepción los nombres de lugares o personas que por motivos históricos ya eran muy conocidos con otros nombres, que podían pasar a escribirse de las dos maneras Así tenemos por ejemplo a Mao Zedong, y a Mao Tse-tung; o a Guanzhou y Cantón.

El pinyin ha jugado pues un papel muy importante en la alfabetización de la población china y en el estudio del idioma por parte de los extranjeros. La llegada de los medios modernos de comunicación, como las computadoras o teléfonos inteligentes le han dado al invento de Zhou Youguang -cuyo nombre de nacimiento fue en realidad Zhou Yaping, y luego se lo cambió por el nombre artístico por el que se le conoció toda la vida- una nueva era de vigor y esplendor.

Todos los que hemos tenido la suerte de estudiar chino debemos pues estarle agradecidos a Zhou Youguang.

Actualmente el pinyin es de uso casi universal, aunque en el caso del español y su prensa lamentablemente no se ha unificado como en el inglés. Por la ejemplo, la Real Academia Española reconoce la palabra Shanghái por Shanghai, utilizando la tilde, "por tratarse de una transcripción, (que) debe someterse a las reglas de acentuación gráfica del español".  Con esa misma lógica Tianjin debería escribirse Tianjín. De esta manera encontramos Shanghai, Shanghái y Shangai en publicaciones en español.

En todo caso caso, y gracias a Zhou Yougyang, no solo millones de chinos sino miles de extranjeros pueden estudiar y hablar chino.

30 diciembre, 2016

Esperando el año del gallo

Sin lugar a dudas, creo que el 2017 será uno de los más interesantes de los últimos años para todos aquellos interesados en China. 

Antes de que el año del gallo comience oficialmente el 28 de enero según su calendario tradicional ya tendremos un hecho inédito, y es que por primera vez en la historia un Presidente de la República Popular participará en el Foro Económico Mundial de Davos que comenzará el 17 de enero, una muestra más del papel más activo que está jugando China, y en concreto Xi Jinping, en la escena internacional. 

Coincidiendo con el Foro, el 20 de enero tomará posesión Donald Trump como nuevo Presidente de los Estados Unidos, y dará comienzo a un nuevo período en las relaciones entre Beijing y Washington. En principio, y según lo visto y oído en la campaña electoral de Trump, nos esperan mayores enfrentamientos entre las dos principales potencias económicas del mundo.

Es verdad, no obstante, que lo que se dice en una campaña electoral en muchos casos luego no se lleva a la práctica. También es verdad que a lo largo de la historia de las últimas décadas la República Popular siempre se ha llevado mejor con las Administraciones Republicanas que con las Demócratas. En todo caso será interesante ver este proceso, lo mismo que observar cómo esto afectará a las excelentes relaciones que Beijing tiene con Rusia, que ha declarado de forma abierta su apoyo a Donald Trump en las elecciones de los EE.UU.





Siguiendo en el terreno internacional, las malas relaciones con Japón, la situación de Corea del Norte y sus planes de desarrollo nuclear, y en especial los conflictos que Beijing mantiene con varios países en el Mar del Sur de China no harán más que agravarse, con una posible mayor intervención de EE.UU. y Japón, aunque parece que por lo menos la situación con Filipinas y su nuevo presidente tienden a mejorar.

Aparte de todo esto, la batalla diplomática con Taiwán aún no ha finalizado -el último episodio ha sido el reconocimiento de Santo Tomé y Príncipe al gobierno de la República Popular tras romper sus relaciones con Taipei- y a Beijing le preocupan los deseos de independencia de la isla desde la asunción al poder de Tsai Ing-wen, del DPP (Democratic People´s Party), después de ocho años de gobierno del Guomindang (Kuomintang) con el cual el Partido Comunista había alcanzado buenas relaciones. De la misma forma le preocupan las nuevas relaciones que Estados Unidos vaya a mantener con Taiwán. La conversación telefónica mantenida recientemente entre Donald Trump y la Presidenta Tsai es un hecho que molestó profundamente a la República Popular.

Por si no tuviera más problemas que enfrentar, en marzo del 2017 se celebrarán las primeras elecciones directas en Hong Kong para elegir a las autoridades de la ex colonia británica. La condición impuesta por Beijing de dar primero el visto bueno a los candidatos, lo cual implica que las elecciones no serán libres, desató una ola de protestas callejeras en Hong Kong y convierten el tema de las elecciones en una olla a presión.

La iniciativa china de renovar las antiguas rutas de la seda, por tierra y por mar, no parece que esté dando muchos frutos concretos, aparte del caso de Paquistán, por lo que habrá que ver si en el 2017 se logran avances significativos en este sentido. 

Por último, y no menos importante, está el acercamiento entre Beijing y el Vaticano. Es verdad que quedan aún obstáculos importantes por resolver -obstáculos que no son nuevos, como el nombramiento de los obispos-, pero ambas partes están negociando directamente y haciendo gestos amistosos mutuos, lo cual es algo nuevo. Tanto el Vaticano como la República Popular se caracterizan por su paciencia, visión a largo plazo y por contar con excelentes diplomáticos y por ello, a riesgo de equivocarme, no me sorprendería ver en el 2017 un establecimiento de relaciones entre ambas partes.

En el plano interior, el hecho más trascendental, salvo que ocurra algo imprevisible, será el XIX Congreso del Partido Comunista, previsto para la segunda mitad del 2017, lo cual no hará más que agravar, en los primeros meses del año, las luchas internas dentro del Partido. Xi Jinping continúa de forma firme y constante con su campaña contra la corrupción -también una forma de ir deshaciéndose de sus rivales- al tiempo que, en muchos aspectos de la vida diaria, está haciendo esfuerzos para reforzar su papel como líder indiscutible del Partido, el Ejército y el país, en muchos casos volviendo a utilizar gestos -algo que en China es muy importante-, un vocabulario y medidas que, en cierto modo y salvando las diferencias, hacen recordar más a la China de Mao que a la que empezó a transformarse con Deng Xiaoping.

De forma paralela, el país deberá continuar con sus reformas económicas, hacer cada vez mayores esfuerzos para alcanzar unas tasas de crecimiento económicas mínimas que garanticen la paz social y hacer frente a un número creciente de conflictos comerciales con el resto del mundo.

En resumen, a medida que aumenta su poderío económico y su posición en el mundo, son mayores los temas a los cuales la República Popular tendrá que hacer frente en el terreno internacional. Para ello, cuenta a su favor, y lo está utilizando de forma directa y lo seguirá haciendo, con su inmensa capacidad financiera y el "caramelo" de ser el país más poblado del mundo con una población con un poder adquisitivo cada vez mayor. 

Mientras internamente se ven cada vez mayores reflejos de lo que fue la China de Mao, en lo internacional, por el contrario, los reflejos que se ven son, en cierta medida, los que se criticaban en los años del fundador de la República Popular.

En todo caso, la China del año del gallo no pasará inadvertida en el mundo, nos guste o no, nos interese o no.

22 diciembre, 2016

China y el síndrome de la superpotencia

Una de las bases de la diplomacia de Mao y de Zhou Enlai, seguida durante muchos años por sus sucesores, era que China no quería convertirse en una superpotencia, y que luchaba para que todos los países, grandes o pequeños, fueran iguales. (国家不分大小,应该一律平).

A medida que, como consecuencia de la política de reformas y apertura al exterior, China se ha transformado en la segunda economía del mundo y primera potencia comercial, su política exterior ha ido cambiando, es cada vez más activa, y se ha transformado en un importante protagonista de la diplomacia internacional.

Al mismo tiempo, de forma directa o indirecta, quiere mostrar al mundo, y que éste le reconozca, su papel como potencia mundial, y ha ido perdiendo esa modestia y "perfil bajo" que de alguna forma formaban parte de su cultura, su idiosincrasia, y su política exterior. Ahora está jugando en las grandes ligas y quiere que se le reconozca su papel.

Esto no sólo lo basa en su poderío económico y financiero, sino en el hecho demográfico de ser el país más poblado del mundo.

Lo vemos en detalles en apariencia insignificantes como en el fútbol (por el hecho de ser el país más poblado del mundo, y muy rico en recursos financieros quiere ser campeón mundial de ese deporte), en su actitud  ante los conflictos fronterizos en sus mares, y en su diplomacia y trato hacia otros países.

El último ejemplo de esto ha sido la normalización de las relaciones diplomáticas con Noruega, que habían sido afectadas como consecuencia del Premio Nobel de la Paz que el Comité correspondiente de Noruega -nombrado por su parlamento- decidió otorgar en el 2010 al disidente chino Liu Xiaobo.

Comentando esta normalización, el periódico en inglés Global Times, dependiente del Partido Comunista, indicó en un artículo que "Norway has a population of merely 4 million, but it tried to teach China, a country with 1.4 billion people, a lesson in 2010. It was a ridiculous story." (Noruega tiene una población de sólo cuatro millones pero intentó darle una lección a China con 1.400 millones de habitantes. Fué una ridícula historia) Ver artículo del Global Times pinchando aquí

Sin querer entrar en el debate de la idoneidad o no del Premio Nobel, lo que resulta de alguna forma asombroso y peligroso del comentario del Global Times es que solamente porque un país es más pequeño y tiene menos población que China, no tiene derecho a opinar sobre temas relacionados con el país más poblado del mundo.

Se trata, en mi modesta opinión, de una conclusión, aparte de errónea, peligrosa, y que rompe con una tradición diplomática de décadas de la República Popular. Representa, también en mi opinión, un giro de 180 grados en la diplomacia china y sienta un mal precedente.

El centro de la cuestión, según el Global Times, ya no es si la concesión del Premio Nobel fue justa o no, sino que un país con "sólo" 4 millones de habitantes no tiene derecho a opinar sobre temas relacionados con la potencia de 1.400 millones de habitantes.

Con este mismo criterio ya nadie podría opinar sobre temas de China, ya que todos los demás países del mundo tienen poblaciones más pequeñas.

Creo que el gobierno chino está en todo su derecho de criticar las decisiones de otros gobiernos, parlamentos o instituciones internacionales, al igual que éstos tienen derecho a expresar sus opiniones sobre temas relacionados con China.

Es una pena ver cómo la diplomacia china, caracterizada durante décadas por las buenas formas, la modestia, el trato igualitario, la búsqueda de consensos -aunque siempre defendiendo como es lógico sus propios intereses- se ha ido transformando y llegando a límites que estoy convencido Zhou Enlai nunca aprobaría. 










29 noviembre, 2016

La reacción de China ante la muerte de Fidel Castro

La reacción de China, y en especial de su Presidente Xi Jinping ante el fallecimiento de Fidel Castro ha sido muy activa, en cierto sentido sorprendente, y ha superado de lejos los límites normales de la diplomacia entre dos países que mantienen muy buenas relaciones.

Fidel fue elogiado por Xi Jinping en su mensaje de condolencias como "lider revolucinario", "fundador de la causa socialista de Cuba", que "dedicó su vida a la construcción del socialismo", que "hizo contribuciones históricas inmortales al pueblo cubano y al desarrollo del socialismo mundial", y su muerte es "una gran pérdida para el pueblo cubano y latinoamericano".


Bien es verdad que Cuba fue, en 1960, el primer país latinoamericano en reconocer a la República Popular, detalle nunca olvidado por la diplomacia del gigante asiático. Sin embargo, Fidel no llegó a viajar a China en vida de Mao, lo que sí hizo el "Che" Guevara en 1960 y 1965.

También es verdad, sin embargo, que a los pocos años, cuando estalla la polémica ideológica entre Moscú y Beijing, el gobierno de La Habana, al igual que todos los Partidos Comunistas "pro-soviéticos" del continente, se alinean junto a la URSS en contra del régimen de Mao Zedong. Fidel llegó incluso a criticar a Mao y las relaciones entre ambos países se limitaban al mantenimiento de Embajadas y a la compra, por parte de China, de azúcar cubana.

Durante la Guerra Civil de Angola, entre 1975 y 2002 China apoyo a uno de los movimientos en conflicto (el FNLA) junto con EE.UU. mientras que Cuba y la URSS se unieron al MPLA.

Es recién tras la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética en 1991, cuando las relaciones entre La Habana y Beijing comienzan su deshielo. En 1993 el entonces líder chino Jiang Zeming visita Cuba y en 1995 Fidel Castro viaja por primera vez a la República Popular, entre otras cosas, para ver de primera mano los cambios que se estaban produciendo en el país asiático con la política de reformas y apertura al exterior.

Es pues desde principios de los 90 cuando ambos países comienzan una relación estrecha en lo económico y político, durante la cual China se transforma en uno de los pilares económicos del régimen de Fidel Castro, y al mismo tiempo sigue manteniendo estrechas relaciones con el principal enemigo de Cuba -los Estados Unidos- y con Occidente en general.

En Julio del 2014, en estas "Reflexiones Orientales" analizábamos en un artículo titulado El viaje de Xi Jinping a América Latina: la nueva diplomacia china, “triangulación” y otras reflexiones el caso de Cuba y la diplomacia "con características chinas", destacando lo siguiente: 

"El Presidente chino (Xi Jinping), al igual que sus recientes antecesores, también quiere mostrar que su país es lo suficientemente fuerte y, podríamos decir “digno” como para visitar, recibir o reunirse con quien quiera, manteniendo en este sentido una tradición diplomática que le permite tener buenas relaciones con Obama, o con Bush anteriormente, y al mismo tiempo abrazarse con los hermanos Castro en Cuba. Ningún líder de peso internacional podría hacer lo que hace el Presidente Xi, y que también hicieron sus antecesores, con Cuba."

Como indicábamos al principio, la reacción de China y de su Presidente en particular ha sido particularmente elogiosa y cariñosa hacia Fidel y hacia Cuba en general. Esto se podría entender si estuviéramos hablando de reacciones de Corea del Norte o de Vietnam pero no de un país como la República Popular que en la práctica está aplicando una especie de "capitalismo con características chinas" y que recibe y visita casi todas las semanas a los líderes del mundo Occidental, entre otros, y de los organismos internacionales.

La reacción de China, el lenguaje utilizado en el mensaje de Xi Jinping, la propia visita del Presidente chino a la Embajada de Cuba en Beijing, hacen recordar un lenguaje más de los años 70 y previos, que de la actual segunda economía del planeta.

Esta reacción podría tener los siguientes tres objetivos:

a. A nivel interno destacar los valores revolucionarios y la voluntad de Xi Jinping de poner la ideología y el poder del Partido Comunista por encima de otros factores, mientras continúa su lucha contra la corrupción y su objetivo de ganarse a la gente para enfrentar a sus enemigos. El continuo uso de la palabra "camarada" en referencia a Fidel Castro tiene que ver también con su reciente llamado al uso de este apelativo entre los miembros del Partido, algo que había quedado en desuso y palabra de la cual se habían "apoderado" hace ya varios años los homosexuales.

b. Mostrarle al mundo, una vez más, que nadie es más amigo de China que otro, y que a China hay que "conquistarla" y seducirla con concesiones para obtener su amistad. La República Popular puede ser muy amiga de los Estados Unidos o de Alemania, pero también de países como Cuba.

c. Es un mensaje claro a la nueva Administración de los Estados Unidos, que a partir de febrero liderará Donald Trump. "No te tengo miedo" parece decirle Xi Jinping a Donald Trump mientras no para de elogiar y apoyar a Cuba, cuyo régimen es uno de los más "odiados" públicamente por quien será el próximo presidente estadounidense.


13 noviembre, 2016

Casa Asia y el uso del catalán

Como una persona interesada en los temas de Asia en general y de China en particular son un seguidor de la importante institución Casa Asia en las redes sociales, principalmente en Twitter y en Facebook.

Como indican en su página web, Casa Asia se fundó en 2001 “como consorcio formado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación a través de su Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), la Generalitat de Cataluña y los Ayuntamiento de Barcelona y Madrid”, y su sede central está en Barcelona, aunque también hay una Casa Asia en Madrid.

En los últimos tiempos he visto con asombro y desilusión que una gran parte de sus comunicaciones en las redes sociales son solamente en catalán. Este asombro y desilusión también me lo han reflejado varios estudiantes chinos de español, y veteranos hispanoparlantes en China.

“Resulta que lo que debía ser un puente entre España y Asia-Pacífico, y China en particular, pierde su valor porque no entendemos lo que escriben en sus redes” me decía no sin cierto enfado días atrás un hispanista chino."Para estudiar español creo que es mejor ir a América Latina" me decía uno de los miles de jóvenes chinos que están estudiando la lengua de Cervantes.

Como muestra aquí van dos ejemplos sacados de Twitter:


El novembre arriba ple de novetats editorials! Les trobaràs totes a la nostra Mediateca #BEGcat https://www.casaasia.es/noticia/detalle/213323-novedades-mensuales-de-la-mediateca-de-casa-asia …

Desde el 1 de noviembre hasta la fecha de escribir esta entrada en mi blog, Casa Asia publicó directamente 34 twitters, 20 de ellos en catalán, 13 en español y 1 en inglés. En su página de Facebook, también en el mismo período, hay 9 entradas en catalán y 4 en español.

Como este es un tema muy sensible y conflictivo en España, me gustaría recordar que soy uruguayo –por cierto un país de inmigrantes de todo el mundo-, que la mayor parte de mis amigos españoles en China han sido y son catalanes, y que me gusta Barcelona (el único lugar de Cataluña que conozco, aparte de Tarragona) y me siento muy a gusto cada vez que viajó allí.

En los años 80, cuando trabajaba en la Oficina Comercial de la Embajada de España en China, una parte muy importante de las actividades de promoción comercial en la República Popular era con empresas y organizaciones catalanas como AMEC, AMTEX o el COPCA, ya que, junto con las del País Vasco, eran las más activas en el mercado chino.

Hablo español, o castellano, chino e inglés, y lamentablemente no hablo ni entiendo el catalán, como tampoco hablo o entiendo el vasco, el ruso o el alemán.

Por eso me sorprende tanto que un organismo gubernamental, con la participación del Ministerio de Asuntos Exteriores, que tendría como objetivo incrementar el conocimiento mutuo y los lazos entre España y los países de la zona de Asia-Pacífico no utilice el castellano en todas sus comunicaciones y anuncios.

No tengo nada contra el catalán, y de hecho, Casa Asia tiene una página web 100 por 100 en catalán (www.casaasia.cat ) y boletines en español, en catalán y en inglés. Mi reflexión es por qué se ponen sólo en catalán esas entradas en Twitter o Facebook sin incluir una versión en español. Eso obviamente limita mucho el número de personas a las que se quiere llegar, y en este sentido creo que la que sale perdiendo es Casa Asia.

Por otro lado, España, incluida Barcelona, que se pasa “vendiendo” en Asia-Pacífico su posición como “plataforma hacia América Latina”, también, en mi modesta opinión, sale perdiendo con estas acciones ya que está claro que los cientos de millones de hispanoparlantes del continente americano no hablan ni entienden el catalán.

No olvidemos que una Institución del prestigio de Casa Asia es seguida en las redes sociales, y ahí están las ventajas de estas redes, no sólo por las personas de toda España interesadas en Asia-Pacífico, la mayoría de las cuales no hablan catalán, sino también por personas e instituciones que forman el conjunto de países donde el español –y no el catalán- es la lengua principal (incluido una parte importante de los Estados Unidos).


Por último, con esta actitud, Casa Asia nos está privando a los seguidores de los temas asiáticos de la posibilidad de desplazarnos a Barcelona, donde tiene su sede, a participar en alguna de sus tan interesantes actividades.

20 octubre, 2016

Añoranzas del viejo Beijing, sufrimientos actuales en la capital china

Quizás porque me estoy volviendo viejo, y otras razones, cada vez añoro más al Beijing de antes (al que llegué en 1975) con la misma fuerza con la que me desagrada el Beijing actual.

La semana pasada visité la capital china y, entre la contaminación, los atascos, los problemas con los taxis, sólo estuve, en una semana, dos horas afuera de la Oficina y del Hotel. Tuve la suerte de que los temas de trabajo los pude resolver en la Oficina, dentro del mismo complejo donde estaba el hotel donde me alojaba, lo cual me permitió no salir a la calle.


Foto de Beijing esta semana de la Agencia Xinhua
No sólo se trata de que del Beijing de mediados de los años 70 ya casi no queda nada –salvo los monumentos históricos y algunos parques- sino que hasta hace unos diez años la capital china era mucho más agradable, habitable, de lo que es en la actualidad.

Sí, es verdad, Beijing era más “pobre”, no conseguíamos con facilidad muchos artículos de uso diario y aprovechábamos para traerlos en nuestros viajes al exterior. Y eso también tenía en cierta medida un encanto, ya que disfrutábamos más cuando llegaban a nuestras manos esos productos.

Pero podíamos, y nos gustaba, andar en bicicleta, caminar por calles arboladas, ir a pasear o remar a los parques en verano y a patinar sobre hielo en invierno. Ahora, las continuas alertas amarillas llaman a la población a “reducir sus actividades en el exterior”.

Éramos “descubridores” de lugares de interés, de tiendas especiales, de restaurantes. La pequeña comunidad extranjera estaba muy unida; casi todos los fines de semana había alguna fiesta o reunión en casa de alguien, y en verano nos sentábamos afuera a tomar cerveza o “qishui” (agua gaseosa con sabor a naranja). Jugábamos al ping-pong , al bádminton, al fútbol y en verano teníamos la piscina del Hotel de la Amistad o del Hotel de las Colinas Perfumadas.

Los primeros restaurantes extranjeros privados que se abrieron tras la apertura al exterior, como el famoso “Mediterráneo” o el español “Mare” se convirtieron en lugares de encuentros inolvidables por lo menos para la comunidad de habla hispana.

Ahora Beijing es un bosque de rascacielos que parece que compitieran a ver cuál de ellos es más “raro”, de autopistas atascadas día y noche, de barreras arquitectónicas que obligan al peatón a estar constantemente cruzando puentes o túneles, donde es difícil conseguir un taxi y se puede tardar una hora para recorrer cuatro kilómetros. Y aparte de eso es una ciudad cada vez más cara. Andar en bicicleta es una actividad que se ha vuelto peligrosa, por el tráfico, por la contaminación, y minoritaria.

Es verdad que con la “modernización” y el “progreso” otras ciudades del mundo también han cambiado y son peores que en décadas atrás; pero también es verdad que otras han cambiado para bien, pensando en los habitantes y visitantes de las mismas.

En la capital china se han perdido tradiciones, como los baños públicos, el jugar al ajedrez o a las cartas en la calle, el que la ciudad se inundara de sandías en verano y de coles chinas en invierno. Beijing tenía sus cuatro estaciones (es verdad que el verano y el invierno más largas que la primavera y el otoño) cada una con su característica propia, sus colores, sus comidas, sus olores, su clima, su paisaje.

Ahora la macro-urbe sin personalidad, queda escondida y borrosa en medio de la contaminación a tal punto que –al igual que el hombre que muerde al perro- la noticia ya no es la contaminación sino cuando amanece y perdura un día claro, con aire limpio y cielo azul.

Las estadísticas de las empresas de transporte muestran que son más los extranjeros que se van de Beijing que los que llegan. Varias son las razones, entre ellas la contaminación, los cambios en la economía china, y las nuevas normas de las autoridades que obligan a marcharse del país a los extranjeros mayores de 60 años, muchos de ellos con décadas de residencia en China. O sea que encima de todo ya cada vez queda menos gente para ver.


Los veintidós años como residente en Beijing, y los cuarenta y uno relacionados con China creo que me dan “derecho” a criticar, quejarme y sufrir por lo inhóspita que se ha vuelto la Capital del Norte de la cual, por suerte, guardo agradables recuerdos del pasado.

13 octubre, 2016

El fútbol chino, de derrota en derrota

Hace casi un año atrás escribía en estas Reflexiones Orientales "Una decepción para el fútbol chino"( Ver artículo pinchando aquí.)

Días atrás, mi amigo y veterano seguidor de la realidad china, Jesús Castillo Abascal escribía en Iberchina un artículo titulado "China, el fútbol y Xi Jinping" ( Ver artículo pinchando aquí )

En abril de este año, el gobierno chino, bajo la dirección de Xi Jinping, considerado un gran aficionado al fútbol, fijó un ambicioso plan para convertir a China en una "superpotencia mundial de fútbol" para el año 2050.

Los tres "sueños" de Xi Jinping en relación con este deporte son: que China participe en un mundial de fútbol, que China pueda organizar un mundial en su territorio y por último que su selección sea campeona del mundo.

Al mismo tiempo, en los últimos meses hemos visto cómo de forma continua empresas chinas compran equipos de fútbol por todo el mundo, atraen con contratos millonarios a entrenadores y jugadores para participar en su Liga nacional, y llegan a acuerdos para la creación de escuelas de fútbol con participación de miles de estudiantes.

Desde que llegué a China en 1975, o sea 41 años atrás, no he dejado de escuchar las quejas de su población, muy aficionada al fútbol, sobre por qué siendo el país más poblado del mundo, no eran capaces de seleccionar a once buenos jugadores. 

En los últimos años, a este "razonamiento" demográfico, se ha unido el poderío financiero de China y sus empresas, como si con todo el dinero del mundo se pudiera mejorar el nivel de un deporte detrás del cual hay tradición, picardía y lo que en Uruguay llamamos "garra".

Con esta misma lógica -el país más poblado del mundo y con un extraordinario poder financiero- China debería figurar como el país número uno de la tierra, no sólo en fútbol, sino en otros deportes y demás campos de la vida social.

Por suerte para países como Uruguay -cuya población total es menor que la de un simple barrio de Beijing y que ha sido dos veces campeón del mundo y dos más campeón olímpico- la demografía y el dinero no son los elementos claves para figurar a la cabeza del mundo. No sé si existen en Uruguay escuelas de fútbol, y si es así, cuántas hay, Lo que si veo en Uruguay y nunca he visto en China son niños jugando al fútbol en la calle y plazas de todo el país. De allí han salido figuras que en la actualidad brillan en el fútbol europeo, por ejemplo Luis Suarez, Cavani o Godín, entre otros.

Lamentablemente para China su situación ha ido de peor en peor desde que en noviembre del año pasado escribí "Una decepción para el fútbol chino". En las últimas dos semanas ha perdido con Siria y con Uzbekistán para las eliminatorias del mundial de fútbol de Rusia del 2018, y de cuatro partidos ha perdido tres y empatado uno.

Sólo un milagro haría que China pudiera clasificarse para el mundial de Rusia. En realidad, no sería nada nuevo, ya que la República Popular sólo participó en un Mundial de Fútbol, el de Corea-Japón del 2002 que, al realizare en Asia, permitió a China llegar a estar entre los mejores del Continente ya que la participación de Corea del Sur y de Japón ya estaba asegurada, como anfitriones.

En este caso concreto del fútbol, me temo que va a ser difícil que, a corto y mediano plazo el sueño del Presidente Xi Jinping y de más de 1.300 millones de chinos se haga realidad por más dinero que sigan invirtiendo en todo el planeta.