09 julio, 2018

China y Asia-Pacífico en la política exterior española

El pasado 21 de junio, la prestigiosa publicación "Estudios de Política Exterior" publicó un artículo titulado "¿Cuáles son las prioridades exteriores de España?. ¿Qué obstáculos encontrará", que puede leerse pinchando en este enlace

En realidad era una serie de preguntas-respuestas en la cual seis expertos daban sus respuestas a estas dos interrogantes. Los expertos consultados representaban a prestigiosas instituciones españolas como el Instituto de Estudios Europeos en la Universidad CEU San Pablo, Universidad Autónoma de Madrid, Blanquerna-Universidad Ramon Llull, Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, CIDOB y Real Instituto Elcano

En un comentario que puse en las redes sociales entonces indicaba que, aunque a esta altura de la vida no me asombraba, ninguno de los expertos consultados destacara como prioridades de la diplomacia española a Asia-Pacífico ni a América Latina. Según esos expertos el énfasis de la política exterior del nuevo gobierno española debía centrarse en la Unión Europea y en la paridad y el "feminismo".

El pasado 4 de Julio, el Ministro español de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, Josep Borrell, compareció ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados para dar a conocer los temas más importantes y prioritarios de su Ministerio.

He intentado, sin éxito, conseguir una versión escrita de las declaraciones del Ministro en dicha Comisión. Gracias a Internet y al consejo de una persona en Twitter, he podido conseguir un vídeo completo de la comparecencia y he dedicado tres horas esta noche para verlo y escucharlo, incluidas las palabras del Ministro así la de todos los integrantes de la Comisión, representantes del arco parlamentario español completo.

Debo reconocer que los seis expertos consultados por "Estudios de Política Exterior" acertaron en sus previsiones. Tanto el Ministro como los representantes de todos los partidos políticos pusieron gran parte de su énfasis en la Unión Europea, y los graves problemas que ésta afronta. 

Ni el Ministro ni ninguno de los integrantes de la Comisión pronunció una sola vez la palabra China, ni mucho menos Asia-Pacífico.  

No es ninguna novedad que la Unión Europea enfrenta en estos momentos graves problemas internos y externos y parecería lógico que deba poner gran parte de sus esfuerzos para solucionarlos.

También es verdad la importancia que tiene China en la diplomacia y la economía mundial, y que la gran mayoría de los países del mundo, grandes y pequeños, desarrollados o en vías de desarrollo, tienen a la República Popular como uno de los pilares de su diplomacia.

Los problemas de la Unión Europea no han impedido, al contrario, que la Canciller Alemana Angela Merkel haya recibido hoy mismo en Berlín al Primer Ministro chino Li Keqiang.

No han impedido que estos días haya concluido la reunión del Grupo China + 16, que incluye a la mayoría de los países de Europa Central y Oriental, once de ellos pertenecientes a la Unión Europea, con la presencia de Li Keqiang.

Tampoco ha impedido que el Primer Ministro francés Edouard Philippe haya viajado la última semana de junio a China, acompañado de un numeroso grupo de Ministros, funcionarios y empresarios. Durante la visita los Jefes de Gobierno de ambos países presidieron un Encuentro Empresarial. La visita del Primer Ministro francés además, ha tenido lugar sólo cinco meses después del viaje del Presidente Macron a Beijing.

Está claro que como dice el refrán "doctores tiene la Iglesia". Además no soy obviamente un experto en diplomacia y en política exterior.

Simplemente, como seguidor de China desde hace más de cuarenta años, y en especial testigo del papel que el país asiático está jugando en el mundo en estos momentos, no puedo más que respetuosamente expresar mi sorpresa ante esta "falta de interés" en lo relacionado con el gigante asiático.

@PabloRovetta 

07 julio, 2018

A los 43 años de la llegada a China

Un 7 de julio de 1975 llegué a China con mis padres y una de mis hermanas, Laura, y desde entonces y durante un período de varios años fuimos la única familia uruguaya que vivió en el país más poblado de la tierra, alejados y aislados de nuestra República Oriental.

Veníamos del Sur al Norte, de Occidente a Oriente, del Atlántico al Pacífico, del invierno al verano, de un mundo a otro completamente diferente.

En Beijing mis padres trabajaron en las “Ediciones en Lenguas Extranjeras” –organismo oficial del gobierno chino encargado de la publicación de revistas y libros en diferentes idiomas- en concreto mi padre en el semanario “Pekin Informa” (así se llamó los primeros años hasta que cambió su nombre por el de “Beijing Informa”) y mi madre en la sección de edición de libros, ambos como correctores de estilo para las ediciones en español.

Mi hermana y yo, que aún no habíamos cumplido los 18 años cuando llegamos, estuvimos dos años estudiando chino en el Instituto de Idiomas de Beijing (en la actualidad Universidad de Idiomas de Beijing). Luego tomamos rumbos académicos diferentes y terminamos realizando estudios superiores en las dos universidades más prestigiosas del país; Laura en la Universidad de Beijing (más conocida como "Beida") especializada en humanidades y en mi caso en la de Qinghua (o Tsinghua) dedicada a las ciencias. 

Por supuesto eran años sin Internet, sin comunicaciones telefónicas directas, sin cadenas de televisión por satélite, sin aire acondicionado, sin posibilidad de comprar productos extranjeros o cosas tan "insignificantes" pero importantes como un desodorante o una hoja de afeitar. 

Llegamos a Beijing en la fase final de la llamada “Revolución
Cultural”, con el Presidente Mao, como se le llamaba entonces, aún con vida; era la China de las Comunas Populares en el campo, de los Comités Revolucionarios como órganos de dirección de todas las entidades del país, de los "médicos descalzos", de los pioneros y los guardias rojos.

Era la China de los “cupones de racionamiento” para la alimentación y la vestimenta y donde una bicicleta, un reloj de pulsera o una radio eran los bienes más valiosos que podían tener sus habitantes; una China de 800 millones de personas cuyos principales aliados internacionales eran Albania y Corea del Norte; un país –el más poblado de la tierra- que sin embargo no podía participar en ninguna Olimpíada porque no pertenecía aún al Comité Olímpico Internacional
.

La distancia nos llevó a apreciar y entender mejor cosas de nuestro lejano Uruguay, de nuestra América Latina y del mundo en general, a relativizar las cifras, y a valorar cosas en principio “insignificantes” como por ejemplo un limón, el olor y la vista del mar, el canto de los teros, o el sabor del dulce de leche o de membrillo.

Nuestra vida cambió en muchos aspectos, aprendimos a comer con palillos, a tomar agua caliente en pleno verano y a usar la bicicleta no como una herramienta de diversión sino como un útil e importante medio de transporte. Fueron años en que más de una vez llegué a ver a mis padres tomando mate literalmente “con yerba de ayer secándose al sol” como dice el tango.

En Beijing fue donde vimos nieve por primera vez en nuestra vida, y donde vivimos una climatología en nada parecida a la de Uruguay; duros inviernos, con temperaturas mínimas por debajo de cero y noches insoportables de calor veraniego en medio del ensordecedor canto de las chicharras. Así mismo tuvimos que acostumbrarnos a vivir las estaciones del año “al revés” de como se vivían en el Hemisferio Sur.

También en la capital china vivimos y sufrimos lo que está considerado el terremoto más devastador de la historia moderna del mundo, que tuvo su epicentro en Tangshan, a menos de 150 kilómetros de Beijing y que causó, según las cifras oficiales, más de 240.000 muertos. Aunque casi no hubo grandes bajas humanas en la capital, sí nos obligó, al igual que a los demás habitantes de la ciudad, a vivir varias semanas fuera de nuestras casas, en nuestro caso concreto en tiendas de campaña instaladas por el ejército en las zonas al aire libre del Hotel de la Amistad, donde vivíamos entonces.

Entre nuestra llegada a Beijing y octubre de 1976 vivimos uno de los años más convulsos en la historia de la joven República Popular, y fuimos testigos directos de importantes acontecimientos de la historia mundial como la muerte de Mao Zedong el 9 de septiembre; una caída más en desgracia de Deng Xiaoping, quien más tarde regresaría al poder y se convertiría en la figura principal de la China post-Mao, así como la detención y juicio a la viuda de Mao y otras importantes figuras del Partido Comunista y del Gobierno, pertenecientes al ala más “izquierdista” y radical, conocida como “La banda de los 4”.

También fuimos viendo los pequeños y paulatinos cambios que se fueron viviendo tras la muerte de Mao, desde la primera vez que apareció la Coca-Cola hasta la progresiva “modernización” en todos los aspectos de la vida diaria.

En China, en medio de saudades y recuerdos, tuvimos oportunidad de vivir una experiencia única en nuestras vidas, muy enriquecedora en muchos aspectos y que por lo menos en mi caso cambió o generó una forma de ver el mundo y las cosas desde otro ángulo y con otras dimensiones, a relativizar muchas cosas.

En las décadas pasadas desde nuestra llegada, China ha cambiado de forma espectacular, y en muchos aspectos es ya "otro país". Para muchos la experiencia que vivimos nos convertiría en “expertos”. Sin embargo, a medida que ha ido pasando el tiempo, he sido cada vez más consciente de la complejidad de todo lo relacionado con el mundo chino y de lo difícil que es hablar o escribir sobre este gigante país.

China es hoy, en muchos aspectos, un país mucho más abierto y más “fácil” de entender, aunque en el fondo sigue siendo tremendamente complejo e imprevisible.

Y si algo he comprendido en estas más de cuatro décadas de relación con China es lo difícil que es comprender, más allá de las apariencias y signos externos, lo que de verdad ocurre en el gigante asiático.

@PabloRovetta

24 junio, 2018

Uruguay, cansado de esperar a la Unión Europa, decide impulsar con fuerza en Mercosur un Tratado de Libre Comercio con China

Desde que el pasado 17 y 18 de Junio tuviera lugar la Cumbre de Mercosur en Paraguay, tras la cual Uruguay asumió la presidencia pro témpore hasta finales de este año, se ha reiterado de forma firme, por un lado el escepticismo del país ante un posible Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Unión Europea y por el otro su voluntad de impulsar un Acuerdo similar del grupo con la República Popular China.

Al mismo tiempo, y ante las diferencias y problemas internos que existen en el Mercosur, el gobierno uruguayo ha manifestado su intención de profundizar de forma individual las relaciones bilaterales con China, su principal socio comercial. 

Algunas de las declaraciones realizadas durante y tras la cumbre por el Presidente Tabaré Vázquez y su Ministro de Asuntos Exteriores, Rodolfo Nin Novoa, han sido muy claras y directas. 

Refiriéndose a la Unión Europea el presidente uruguayo dejó bien clara su posición: "no estamos dispuestos a perder el tiempo en negociaciones eternas", y su objetivo no es "firmar un `acuerdito`" con el grupo europeo.

Y es que las negociaciones para la firma de un TLC entre Mercosur y la Unión Europea llevan ya más de veinte años y cada una de las reuniones parece ser la "última", la "definitiva", como se esperaba por ejemplo en la del pasado mes de marzo.

Uno de los principales obstáculos para llegar a un Acuerdo es el relacionado con la carne, un sector subvencionado en Europa, dentro de la cual países como Francia, Irlanda o Polonia son los que tendrían una posición más dura debido a las presiones internas que reciben de sus ganaderos.

Creo que cuando Tabaré Vázquez dice "un acuerdito" se refiere precisamente a la oferta europea para la entrada de carne, muy lejos de las aspiraciones mínimas de Mercosur.


No todos los países de la Unión tienen la misma posición sobre el TLC, y lo mismo pasa en Mercosur. Hay demasiadas "lineas rojas" que ambas partes no quieren cruzar.

En un momento se llegó a hablar de dejar a la carne fuera del acuerdo e incluir el tema de los lácteos, una "linea roja" para Uruguay que indica con razón que se vería afectado por las subvenciones que el sector lechero tiene en el viejo continente.

Dentro de Mercosur, Brasil y hasta hace muy poco Argentina, eran los países más activos y optimistas en relación con un acuerdo con Europa. 

Uruguay, por su parte, parece cansado de esperar y "perder el tiempo" como indicó su Presidente que considera que si no es el Grupo, el país debe abrirse más al mundo, al Pacífico en general y a países asiáticos como China o Corea del Sur, entre otros.

El gobierno uruguayo estaría pues dispuesto a poner toda la carne en el asador en el caso de China, su principal socio comercial. El país más pequeño del grupo ve con cierta "rabia" y razón cómo países competidores de Mercosur, como Chile, Costa Rica o Nueva Zelanda, pagan aranceles muchos más bajos en sus ventas a la República Popular, gracias a los TLC firmados con Beijing, mientras que Mercosur tiene que abonar cerca de 15 por 100 de tasas. 

En este sentido, y aprovechando la presidencia de Mercosur, el gobierno uruguayo ha expresado su posición de poner "especial énfasis" en las relaciones con China. En este sentido, ya ha anunciado que convocará en Montevideo en el segundo semestre de este año a una reunión Mercosur-China.

En este aspecto el camino no será fácil. Brasil no parece muy entusiasmado con la idea. Argentina, que hasta hace poco apostaba por Europa, parece haber cambiado de opinión muy recientemente y Mauricio Macri declaró hace pocos días que China "es un aliado potencial estratégico". Paraguay tiene el "problema" de que aún no ha establecido relaciones diplomáticas con la República Popular. Si bien la próxima asunción a la Presidencia en agosto por parte de Mario Abdo podría cambiar algo las cosas, ya que expresó su deseo de "abrir lazos" con Beijing, el proceso no parece fácil.

"Mercosur no funciona", dicen muchos analistas que también opinan que sus socios "no le dejarán" a Uruguay seguir muy adelante por este camino de acercamiento a China.

En todo caso lo que parece tener claro el gobierno uruguayo es su decisión de impulsar al máximo posible las relaciones individuales de su país con el gigante asiático.

El Ministro de Asuntos Exteriores de la República Oriental ya ha anunciado que viajará este año dos veces a China, en agosto y noviembre, que se reunirá con su colega Wang Yi para la rúbrica de Acuerdos para mejorar la integración de Uruguay en el Proyecto de `Una Franja, Una Ruta` y que presentará ante las autoridades chinas al Puerto de Montevideo como un centro de distribución muy importante para la introducción de mercancías y bienes chinos a América.

Otro de los objetivos del Canciller uruguayo parece ser el de lograr que el Presidente chino Xi Jinping visite Montevideo tras participar en la reunión del G-20 que tendrá lugar en Buenos Aires del 30 de Noviembre al 1 de Diciembre. Si esa visita tiene lugar sería un gran éxito para la diplomacia uruguaya y pondría un broche de oro al año en el cual se celebran tres décadas desde el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos países.

Un posible viaje de Xi Jinping al país que ejerce la Presidencia de Mercosur podría ser aprovechado también para un acercamiento entre China y Paraguay.


Todo esto tiene lugar al tiempo que en Europa, y más concretamente en España, se reiteran por un lado los "miedos" y "preocupación" ante los avances comerciales alcanzados entre la República Popular y América Latina, y por el otro se sigue insistiendo en la teoría de la "triangulación" según la cual España es el puente o trampolín ideal para que China entre en Latinoamérica.

Hace ya años que China se ha convertido en uno de los más importantes socios comerciales de América Latina y en el caso de algunos países como Uruguay, en el principal. El país asiático compra, vende e invierte en el sub-continente de forma directa sin pasar por ningún "trampolín" o "puerta de entrada". Al mismo tiempo ya ha firmado tres Acuerdos de Libre Comercio en la región: con Chile, Costa Rica y Perú.

También hace tiempo, en mi opinión, que América Latina ha dejado de ser una prioridad en la política exterior europea y española en particular. ¿Cuántos presidentes de gobierno españoles han visitado América Latina, si dejamos de lado la participación en cumbres internacionales o en la toma de posesión de nuevos presidentes? En esos mismos años han sido numerosas las visitas de Jefes de Estado o de Gobierno de la República Popular que se han desplazado a la región.

El proyecto de la Unión Europea, además, parece tambalearse política y económicamente tras el Brexit, y más recientemente, con las medidas de gobiernos como los de Italia, Hungría o Polonia en relación con la inmigración, medidas que en casos como el de Italia con los gitanos, están rozando con lo que fue el nazismo. Algunos me criticarán y tildarán de exagerado, pero el gobierno de Roma, en los hechos, está buscando abiertamente una limpieza étnica en el país, empezando con los gitanos.

En todo caso, si a esto le sumamos los graves problemas a los que debe hacer frente en la actualidad la Unión Europea, y las claras divisiones existentes en la misma, no creo que sea el mejor momento para que, internamente, se pongan de acuerdo y aceleren la firma de un TLC con Mercosur.

Uruguay, por su parte, tiene en cierto sentido "las manos atadas" por sus socios de Mercosur -un proyecto que en muchos casos le ha perjudicado- y si no logra convencer al grupo sobre las ventajas de un TLC con China, le será difícil -por no decir imposible- llegar a un acuerdo unilateral con el Gobierno de Beijing.

En mi modesta opinión, para un país de las características geográficas y económicas como Uruguay, la apertura a nuevos mercados, en especial en la zona del Pacífico no puede más que aportarle beneficios, como se ha visto con China, como se está viendo con Corea del Sur, o como pronto se podría ver con Vietnam.

Por eso se puede comprenderse el "enfado" del Presidente Tabaré Vázquez y la insistencia de su gobierno para elevar a un nuevo nivel sus ya buenas relaciones con la República Popular.

@PabloRovetta


17 junio, 2018

Mundial Rusia 2018: demografía, riqueza y tradición. El caso de China

Los seguidores de estas "Reflexiones Orientales" saben que he escrito más de una vez sobre fútbol, y en concreto sobre el tema de China.

Al final del artículo incluyo los enlaces de algunas de las entradas escritas.

Esta vez, y en relación con el Mundial de Rusia que se está desarrollando en estos momentos, me gustaría actualizar, y en algunos casos repetir algunas de las reflexiones hechas.

Desde que llegué a China en 1975, o sea 43 años atrás, no he dejado de escuchar las quejas de su población, muy aficionada al fútbol, sobre por qué siendo el país más poblado del mundo, no eran capaces de seleccionar a once buenos jugadores. 





En los últimos años, a este "razonamiento" demográfico, se ha unido el poderío financiero de China y sus empresas, como si con todo el dinero del mundo se pudiera mejorar el nivel de un deporte detrás del cual hay tradición, picardía y lo que en Uruguay llamamos "garra".


Tras la llegada del Presidente Xi Jinping al poder, el fútbol se ha transformado prácticamente en una "cuestión de Estado" para la República Popular. 

El "sueño" del Presidente Xi incluye tres aspectos: que China se pueda clasificar para un Mundial, que pueda organizar un Mundial, y por último que pueda ganarlo.

Para ello el país, sus empresas, sus equipos llevan gastados inmensas sumas de dinero, comprando equipos en Europa y contratando con salarios muy atractivos a técnicos y jugadores extranjeros, llegando a acuerdos para la apertura de escuelas, enviando a niños y jóvenes al exterior, y un largo etcétera.

Lamentablemente para el país asiático, todos esos esfuerzos no han dado resultados, y una vez más el país más poblado del mundo queda fuera de un Mundial. 

En realidad, no es nada nuevo, ya que la República Popular sólo participó en un Mundial de Fútbol, el de Corea-Japón del 2002 que, al realizarse en Asia, permitió a China llegar a estar entre los mejores del Continente ya que la participación de Corea del Sur y de Japón ya estaba asegurada, como anfitriones.

Volviendo a lo indicado en el principio, China se basa en dos pilares para intentar poder participar a nivel mundial en uno de los espectáculos de mayor prestigio como una Copa del Mundo de Fútbol.

En primer lugar, el factor demográfico. ¿Por qué no se pueden encontrar once buenos jugadores en el país más poblado del mundo? Por suerte para países como Uruguay -con una población inferior a la de un barrio de Beijing y que ha sido dos veces campeón del mundo, cuarto en México y en Sudáfrica y el país que más Copas de América ha ganado- el factor demográfico no es fundamental, en mi opinión. 

Con esta misma lógica demográfica China debería figurar como el país número uno de la tierra, no sólo en fútbol, sino en otros deportes. Es más, algo similar debería ocurrir con los otros países más poblados como la India, Estados Unidos o Indonesia.

En segundo lugar está el factor de poderío financiero. (Algo similar ocurre con los ricos países del Golfo Pérsico). 

A pesar de ser un deporte tremendamente mercantilizado donde "mandan" la televisión, las marcas, los patrocinadores, por suerte también cuentan cosas como la tradición. Quizás sea demasiado ingenuo, pero hasta ahora el ejemplo de China y de los ricos países de la región del Golfo, creo que me están dando la razón.

Países como Uruguay, entre otros, son una muestra de que la demografía y el dinero no son los elementos claves para figurar a la cabeza del mundo. No sé si existen en Uruguay escuelas de fútbol, y si es así, cuántas hay, Lo que sí veo en Uruguay y nunca he visto en China son niños jugando al fútbol en la calle y plazas de todo el país, con pelotas de plástico, en zapatillas o descalzos. De allí han salido figuras que en la actualidad brillan en el fútbol europeo, por ejemplo Luis Suárez, Cavani o Godín, entre otros.

Recientemente Luis Suárez declaró que "no me avergüenzo en decir que con once años cuidaba autos para ayudar a mi madre y a mis seis hermanos".

En fin, lo siento por mis amigos chinos.

Estoy seguro que la República Popular y su máximo dirigente seguirán cosechando muchos éxitos en diferentes campos, y que en un corto plazo de tiempo se cumplirán muchos de los "sueños chinos" del Presidente Xi Jinping.

En cuanto al fútbol, y lo digo con todo el respeto y cariño hacia China y sus habitantes, creo que aún le queda una "Larga Marcha" por recorrer.


El fútbol chino no logra levantar cabeza.

El fútbol chino, de derrota en derrota

Una nueva decepción para el fútbol chino

@PabloRovetta

12 junio, 2018

Ante la cumbre entre Kim Jong-un y Donald Trump -La imprevisibilidad en Asia


El reciente proceso de deshielo entre Corea del Norte y los EE.UU., que ha tenido su broche final en un encuentro entre Kim Jong-un y el Presidente Donald Trump en Singapur, es una muestra más de lo apasionante que es seguir la actualidad asiática, la imprevisibilidad de los hechos que tienen lugar en muchos de sus países, y la dificultad para ser un veredadero “experto” en ellos.

En cierto sentido, lo que está ocurriendo en Corea del Norte, tiene alguna similitud con acontecimientos que han tenido lugar en la historia de las últimas décadas en China.

En los últimos años Corea del Norte estaba inmersa en un activo plan de desarrollo de su industria nuclear y de misiles balísticos. En el 2017 llegó a lanzar 20 misiles, 3 de ellos de alcance intercontinental, y el último ya tendría capacidad de alcanzar a los EE.UU.

No hace ni seis meses, en su discurso de año nuevo, el líder norcoreano amenazó directamente a Estados Unidos indicando que en su despacho tenía el botón nuclear para destruirlo. Por su parte Donald Trump no se quedó corto en sus amenazas de arrasar Corea del Norte.

La tensión iba creciendo y cada vez se hablaba más de un conflicto regional de consecuencias trágicas.

No había pasado un mes desde el mensaje amenazador de Kim Jung-un, y menos de dos meses del lanzamiento del último misil intercontinental, cuando sorpresivamente comienza el “deshielo” entre el Norte y el Sur que anuncian que participarán juntas, bajo una misma bandera, en los Juegos Olímpicos de Invierno a realizarse del 9 al 25 de febrero en Corea del Sur.

Desde entonces se han producido toda una serie de acontecimientos históricos, en cuyos detalles no voy a entrar ya que son bien conocidos, y que han concluido con un apretón de manos y un encuentro en Singapur el 12 de junio entre Kim Jung-un y Donald Trump.

Lo que sí me gustaría destacar en estas reflexiones es la imprevisibilidad de acontecimientos históricos en algunos países de Asia. En este caso en Corea del Norte, anteriormente en China.

¿Quién hace sólo seis meses podía imaginarse, predecir este cambio tan radical de la situación de la península coreana?

Situaciones similares –nunca idénticas- se vivieron en las últimas décadas en China. Un ejemplo de ello fue la visita secreta de Henry Kissinger en julio de 1971 que culminó con un viaje del Presidente Richard Nixon a la República Popular en 1972. 

Otros ejemplos de situaciones que nadie se imaginaba ni pudo predecir incluyen el nombramiento de Hua Guofeng como sucesor oficial del Presidente Mao, o la detención de su viuda y un grupo de miembros del Buró Político del Partido Comunista pocas semanas después de la muerte del fundador de la República Popular. Podríamos seguir con la guerra entre China y Vietnam en 1979 o el proceso de apertura al exterior del gobierno de Beijing que comenzó en diciembre de 1978.

Ningún observador o “experto” en China fue capaz de predecir esos históricos acontecimientos.

En el mismo continente asiático hemos visto cómo la galardonada con el Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, de Myanmar (antes conocida como Birmania) ni condenó ni se interpuso ante la limpieza étnica de los “rohinyas” en su país; o el acercamiento militar entre Vietnam y los EE.UU.

Como indicábamos al principio, esta complejidad, esta imprevisibilidad, estos cambios tan radicales que se dan en algunos países asiáticos, son lo que hacen tan apasionante el seguimiento de su política  y, al mismo tiempo, son una muestra de la dificultad –por no decir imposibilidad- de ser verdaderos “expertos” en ellos.

Como máximo, utilizando un ejemplo deportivo, lo que es más “fácil” es comentar el lunes los partidos de fútbol del fin de semana.  

30 mayo, 2018

Ante el fallecimiento de mi padre Mis reflexiones más orientales

Me gustaría hacer unas breves reflexiones ante el recientemente fallecimiento de mi padre 

No es mi intención tratar un tema personal o familiar en este blog ni escribir una biografía sobre mi padre. Si alguien está interesado en algunos aspectos de su vida pueden dirigirse a este link. Además, para los que leen chino hay una biografía muy completa que puede leerse pinchando aquí Por otro lado estoy preparando una página especial con toda la información y documentos relacionados con su vida.

Me limitaré a destacar su dilatada relación con China, gracias a la cual yo mismo estoy unido a este país prácticamente desde mi niñez.

A principios de los años 60, mi padre Vicente Rovetta Pedroncino funda en Montevideo la editorial y librería "Nativa Libros", desde la cual comienza a distribuir en Uruguay y países vecinos todas las publicaciones (políticas, de literatura y arte, etc.) que se publicaban en español en la joven República Popular.

Comienza así una relación directa con China y es invitado a visitar el país en tres oportunidades: 1966, 1967 y 1971.

En el viaje de 1967 tiene el honor de ser recibido por el Presidente Mao Zedong y el Primer Ministro Zhou Enlai.




En aquellos años no era, como ahora, tan "fácil" y "agradable" ser amigo de China, y el tener relaciones con la República Popular implicaba en muchos casos persecución y represión. Fue así en el caso de mi padre, y también lo fue en el caso de otros compatriotas así como de ciudadanos de muchos países de América Latina.

Aparte de haber sido detenido más de una vez por la policía uruguaya, su librería fue objeto de dos atentados terroristas por parte de fuerzas para-militares ultra-derechistas. En la primera ocasión la librería fue ametrallada, y poco más tarde sufrió un atentado con una bomba.

Por eso a principios de los años 70 decide radicarse en Buenos Aires, donde "revive" "Nativa Libros" y, esta vez desde una oficina de la calle Maipú continúa con la edición de libros y la distribución de publicaciones chinas. Tras el golpe de Estado en Uruguay en el año 1973, al igual que tantos otros miles de compatriotas, es "requerido" (orden de búsqueda y captura) por el Ejército uruguayo. Su "delito": la publicación y distribución de libros considerados "sediciosos".

Tras el establecimiento de la Dictadura en Uruguay, mi madre, mi hermana pequeña, Laura, y yo nos trasladamos a Buenos Aires, mientras que mi hermana mayor, Brenda, que se queda en Montevideo, es arrestada y pasa unos terribles años en manos de los militares.

Al poco tiempo mi padre es arrestado en Buenos Aires y pasa varios meses en la cárcel de Devoto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional encabezado por Isabel Martínez de Perón, sin ningún tipo de acusación. Finalmente es expulsado de Argentina y viaja a Perú donde establece contacto con la Embajada china quien generosamente le ofrece la oportunidad de viajar a la República Popular junto con la familia para trabajar en Beijing, ciudad a la cual llegamos en julio de 1975.

En China trabaja, al igual que mi madre, en las Ediciones en Lenguas Extranjeras, en su caso como corrector de estilo en el semanario llamado entonces Peking Informa.

Tras diez años en China, y luego del retorno de la democracia a Uruguay, regresa con mi madre a Montevideo, donde por tercera vez se dedica, desde una Oficina, a escribir y publicar libros y a distribuir publicaciones chinas.

Al mismo tiempo preside el Centro de Integración Cultural Uruguay-China.

A lo largo de su dilatada vida escribe varios libros relacionados con Uruguay (en especial con el Uruguay rural), América Latina y China. No fue a ninguna universidad, no obtuvo ningún doctorado y fue desde que empezó a trabajar siendo casi un adolescente un autodidacta y "devorador" de libros.

Como consecuencia de esa trayectoria, ya desde niño, tanto en nuestro domicilio como en su librería, que yo visitaba con frecuencia, tuve la oportunidad de establecer una relación indirecta con China, ojeando revistas con fotos que me deslumbraban, oliendo el aroma especial de las publicaciones que llegaban desde Beijing. y del té de jazmín, intentando ingenuamente aprender chino a través de los manuales de enseñanza, familiarizándome con nombres como Mao Zedong, pero también de escritores como Lu Xun, Ba Jin, Mao Dun, y leyendo libros infantiles con leyendas como las de "El Rey Mono" o "El viejo tonto que removió las montañas".

Tras nuestra llegada a Beijing comienza entonces mi relación directa con ese "otro" Oriente. Pude dedicar siete años de mi vida a estudios en dos Universidades del país, y desde 1982 toda mi vida profesional ha estado y está relacionada con el país asiático y con España, en diferentes campos (periodismo, comercio exterior, mundo empresarial)

Mi hermana Laura también estudió en China y hasta ahora trabaja en Uruguay sobre todo en temas relacionados con traducciones e interpretaciones.

Lo que quiero destacar en estas breves reflexiones, y en especial al cada vez mayor número de jóvenes interesados por China, son los siguientes aspectos:

a. Las tremendas dificultades y peligro que implicaba en los años 60 y 70 del siglo pasado tener relaciones con China, ser "amigo" de China. Como en el caso de mi padre, y de otros latinoamericanos, la amistad con China no era por dinero, por fama o por obtener una mejor posición social y tuvo que pagar por esa amistad un alto precio en lo personal, físico y familiar.

b. Ser un verdadero "amigo" de China no implicaba ni implica. ni mucho menos, estar de acuerdo al cien por cien con todo lo relacionado con la República Popular, en especial cuando a lo largo de su historia han tenido y siguen teniendo lugar muchos cambios en el gigante asiático. Los verdaderos "amigos", en mi modesta opinión, son los que no tienen problemas en elogiar las cosas buenas del país, y discrepar abiertamente con cosas con las cuales no se está de acuerdo.

c. China, ese "otro" Oriente, es China; y Uruguay -nuestra República Oriental- es Uruguay. Muchas son las diferencias de todo tipo entre nuestros países, pero también hay aspectos y experiencias de China que pueden servir de referencia para mi pequeño país y toda América Latina; y de la misma manera nuestro mundo latinoamericano también puede tener experiencias que puedan servir como referencia en un país como China.

d. Mi padre no fue ningún "personaje", pero creo modestamente, y aunque aquí pueda resultar parcial, que aportó su pequeño granito de arena para que muchos aspectos de China, no sólo los políticos, sino también su historia, su literatura, su medicina tradicional y un largo etc. se conocieran un poco más en Uruguay y entre nuestros vecinos. De la misma manera, y también muy modestamente, aportó su pequeño granito de arena para que por los menos entre los ciudadanos chinos de habla hispana se conociese un poco más de nuestro país y nuestro continente.

e. Lo poco que soy, si es que soy algo, es gracias a mi padre. En todo caso me queda como herencia su actitud de mantenerse leal a unos principios, de luchar contra todas las dificultades por lo que uno piensa, de leer y estudiar lo mayor posible, y su coherencia entre sus ideas y su vida personal -algo tan "pasado de moda" en estos años.

No quisiera terminar sin agradecer todas las muestras de cariño recibidas de tantas personas y de tantos países, gente que en algunos casos no llegó a conocerlo, y gente que le brindó su amistad, cariño y respeto; al igual que él intentó hacer con ellos.

24 mayo, 2018

Ley de Protección de Datos

Con motivo de la entrada en vigor del nuevo Reglamento General de Protección de Datos (RGPD o GDPR), quiero informar que este blog no tiene ningún formulario donde se tengan que incluir los datos de las personas que lo leen, y por lo tanto no tiene ninguna información personal sobre sus lectores.