Acabo de estar un mes en Montevideo, y aproveché el viaje para cruzar a Buenos Aires. Creo que desde que fuimos obligados por la dictadura militar uruguaya a abandonar nuestra patria en 1973, nunca había estado tanto tiempo en Uruguay.
Todos estos días en el Río de la Plata me trajeron muchos recuerdos sobre mi vida y la de mi familia en la década de los 70 del siglo pasado, todos ellos relacionados con China.
Recordé la librería Nativa Libros, en la calle Uruguay 1783, donde mi padre vendía y distribuía publicaciones chinas y de otras editoriales.
Desde 1962, mi padre se convirtió en el Distribuidor Oficial de todas las publicaciones chinas, que entonces administraba un organismo llamado Guoji Shudian 中国国际书店
A principios de la década de los 70, su librería sufrió dos atentados terroristas. Una noche fue baleada, y meses más tarde le pusieron una bomba. ¿Por qué? Por distribuir libros de "la China comunista".
Tras el golpe de Estado en junio de 1973, mi padre fue requerido (orden de búsqueda y captura) por el ejército del Uruguay y tuvo que refugiarse en Buenos Aires.
Su "delito": distribuir publicaciones de "la China Roja", ser un "agente de China", país al que había sido invitado a visitar en 1966, 1967 y 1971. En el segundo viaje tuvo el honor de ser recibido por el Presidente Mao.
De esta manera, parte de nuestra familia no tuvo más remedio que trasladarse a Buenos Aires y allí mi padre estableció una editorial, también llamada Nativa Libros, dedicada a publicar obras sobre China, y seguir distribuyendo las publicaciones de Guoji Shudian, esta vez en Argentina.
No habían pasado ni dos años de nuestra estancia cuando mi padre es detenido y encarcelado en Buenos Aires. Su "delito", nunca declarado abiertamente: distribuir publicaciones de China, editar libros sobre China.
Paseando esta vez por Montevideo y Buenos Aires vinieron a mi mente los recuerdos de los sufrimientos y tristes y angustiosos momentos pasados en Uruguay y en Argentina debido la relación de mi padre con la República Popular China.
Y es que, en esos años, ser amigo, tener relaciones con China, equivalía -en muchos países del mundo- a correr el riesgo de ser perseguido por las autoridades, ejércitos u organizaciones ultraderechistas.
Finalmente mi padre fue expulsado al Perú y gracias a la ayuda de China, en julio de 1975, mis padres, mi hermana Laura y yo, llegamos a Beijing donde fuimos recibidos de forma muy cordial y amistosa por nuestros anfitriones -el "Buró de Expertos" y "Ediciones en Lenguas Extranjeras"- que nos dieron alojamiento en el Hotel de la Amistad y ofrecieron trabajo a mis padres y la posibilidad de estudiar, a Laura y a mí.
Nunca olvidaré ni podré agradecer suficientemente el trato que mi familia recibió en China. Tras la finalización de la Dictadura en Uruguay, mis padres regresaron a Montevideo pero yo decidí quedarme en Beijing para continuar una vida profesional que ya había empezado, relacionada con España, y que duró cerca de 40 años.
Me siento muy agradecido por el trato recibido en China cuando mi familia estaba pasando por muy malos momentos. También me siento un privilegiado por haber sido testigo directo de los extraordinarios cambios experimentados por República Popular, desde nuestra llegada hasta julio del 2025, cuando cumplí medio siglo de relación con el país.
La China de hoy es un país con un alto grado de desarrollo económico, industrial, tecnológico y social y una fuerza importante en la diplomacia mundial.
Por suerte, ser amigo de China en la actualidad no implica correr ningún tipo de riesgos, y las organizaciones e instituciones de nuestro mundo de habla hispana y portuguesa que tienen buenas relaciones con la República Popular han surgido -como dice el viejo proverbio- "como los brotes de bambú después de la lluvia primaveral."
Las cosas, sin embargo, no han ido tan bien para algunos de los llamados "viejos amigos" de China, entre los cuales me incluyo. Hemos quedado, o he quedado, desplazado de esta nueva China moderna y poderosa. Y algunos nos sentimos, en este sentido, decepcionados.
Y así ha quedado mi vida después de cumplir medio siglo de relación con el país, teniendo que "suplicar" que me inviten a su embajada o escuchar que me digan que "lo van a consultar" cuando pido que me envíen alguna de sus publicaciones, gratuitas y que se distribuyen por e-mail.
Y lo mismo me sucede en Uruguay y en España, en todo aquello que tenga relación con China. A aquellos que querían información sobre China ya se las proporcioné, otros que querían contactos también los ayudé. Ahora, como dice el refrán, "si te he visto no me acuerdo".
Reflexionando sobre todo esto, algo que ha pasado y está pasando con otros viejos amigos de China, no puedo dejar de preguntarme...¿valió la pena?



