01 octubre, 2021

Sobre la guerra contra China en los medios de comunicación

El hasta ahora delegado de la Agencia EFE en Beijing, Javier García, anunció días atrás que dejaba el periodismo debido a que "la bochornosa guerra informática contra China" se había llevado buenas dosis de su ilusión por el oficio.

El hilo público en Twitter del periodista, con más de treinta años de experiencia, tuvo una gran repercusión en las redes sociales entre aquellas personas relacionadas con la República Popular.

Al leerlo recordé un artículo que publiqué en julio del año pasado, titulado Mis reflexiones sobre las afirmaciones de "China contra el mundo" en el cual también trataba, desde mi posición como observador, el tema de la actitud de cierta prensa hacia el país asiático después de leer un titular en la página web de la Cadena Ser llamado "China contra el mundo".

La reflexión de Javier García me pareció de sumo interés para los seguidores de esta página y por ello, con su autorización, quiero compartirlas entre tantos seguidores interesados por los temas y la actualidad del país asiático.

Como dice el refrán, "a buen entendedor, pocas palabras bastan", y por ello paso directamente a reproducir su declaración que es lo suficientemente clara y con la cual coincido plenamente:

"En pocos días dejaré el periodismo, al menos temporalmente, tras más de 30 años de profesión. La bochornosa guerra informativa contra China se ha llevado buenas dosis de mi ilusión por este oficio, que hasta ahora había sobrevivido a no pocos conflictos y otras lindezas.

Llegué a China, como a cualquier otro destino, intentando mantener la mente abierta y libre de prejuicios e ideas preconcebidas. Siempre he creído que la curiosidad y la capacidad de asombro, junto al rigor y la lealtad a la verdad, son los mimbres básicos del periodismo.

Lo que me encontré me sorprendió. Por un lado, un país enorme, diverso y en constante transformación, repleto de historias que contar. Un lugar innovador, moderno y tradicional a la vez, en el que se vislumbra el futuro y se juega de algún modo el destino de la humanidad.

Por otro, un relato de la prensa extranjera -en su inmensa mayoría- profundamente sesgado, que sigue constantemente la estela de lo que los medios estadounidenses y el departamento de Estado de EE.UU. quieren contarnos, da igual lo que pase.

En esa información, llena de lugares comunes, no hay casi espacio para la sorpresa, ni para un mínimo análisis veraz de lo que ocurre aquí. No hay lugar para profundizar en las claves históricas, sociales o culturales. Todo lo que hace China debe ser por definición negativo.

La manipulación informativa es flagrante, con decenas de ejemplos a diario. Quien se atreva a confrontarla o a intentar mantener posturas medianamente objetivas e imparciales será acusado de estar a sueldo del gobierno chino o algo peor. No se tolera la menor discrepancia.

Los poderes que promueven la muy peligrosa deriva de confrontación con China no dejan nada al azar. Sus aparentemente invisibles hilos llegan a los lugares más insospechados. Cualquiera que se salga de la senda marcada será apartado o marginado.

El tan proclamado tótem occidental de “prensa libre” recibe así, paradójicamente reflejada, su más descarnada imagen en China: prensa libre para decir exactamente lo mismo, para no salirse del guion preestablecido, para recalcar una y otra vez lo malo que es el “comunismo”.

Hasta políticas que deberían servir de ejemplo, como la reforestación, sin parangón, o la salida de la pobreza de 800 millones de personas, llevan siempre la sempiterna coletilla del “but at what cost”, que usan hasta la saciedad los medios anglosajones al informar sobre China.

Se habla sin cesar de la propaganda china, que es evidente por tan obvia. Pero nada de la de EEUU, mucho más sutil, menos detectable y, por ello, más efectiva: el lector cree que se está formando una opinión en base a su propio criterio, sin que nadie le esté empujando a ello.

En lugar de seguir buscando lo peor de China y el enfrentamiento, cuando no el racismo, deberíamos esforzarnos por conocerla mejor y aprender lo que pueda haber de positivo en su modelo, igual que China ha puesto en práctica lo mejor de Occidente, a todas luces con notable éxito.

El conocimiento sin prejuicios ni manipulaciones tóxicas es el principal instrumento que tenemos frente al odio y la confrontación, que solo nos lleva a un conflicto de dimensiones inimaginables, capaz de acabar con el planeta y con todos nosotros."


28 de septiembre de 2021

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