Los habitantes de lo que ahora es la República Oriental del Uruguay fueron y son conocidos también como “orientales”. Este oriental aterrizó en China hace ya más de medio siglo atrás y desde entonces está relacionado con ese “otro” Oriente. Esta página pretende reflexionar, contar, compartir pensamientos, historias y experiencias de China, de ayer y del presente.
17 julio, 2014
El mundo gira en torno a China; mientras, España mira a Japón
El tweet de Casa Asia, ayer por la tarde, decía textualmente García-Margallo: "Japón es nuestra perfecta puerta a Asia, y España puede ayudar a Japón en el Norte de África y América Latina"
Al principio pensé que se trataba de un error, pero desde Casa Asia me confirmaron que "Son palabras del ministro en la sesión de balance del Año Dual"
Más tarde, en una nota de Europa Press se indicaba, en referencia a la región Asia-Pacífico que El ministro ha explicado que España va a reformular su estrategia exterior de forma "explícita" de cara a ampliar sus ejes tradicionales en el exterior y que Japón ejerza como puerto de entrada en la región, aportando su experiencia.
La Agencia EFE, por su parte, destacaba que El ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha ofrecido hoy a Japón que España sea su "embajadora" en la Unión Europea.
Soy un simple observador de China y no es mi intención criticar, ni siquiera opinar, sobre estas declaraciones de un Ministro de Asuntos Exteriores.
Lo que pasa es que, quizás por mi ignorancia, no las entiendo.
No entiendo en primer lugar cómo Japón puede ser "la perfecta puerta a Asia" para España. No me imagino cómo la empresa, la cultura española pueden entrar por ejemplo a China a través de Japón. En una situación "normal" no lo entendería, pero en el contexto actual de las relaciones -malas- entre China y Japón, es aún más difícil de entender. Tampoco lo entendería si hablamos de Corea del Sur, de India o del Sudeste Asiático.
Tampoco entiendo el deseo de que España se convierta en la "embajadora" de Japón en la Unión Europea. No sé si un país como Japón -con su tremendo peso económico y comercial- necesita embajadores y ayudas en Unión Europa, el Norte de África y América Latina.
En todo caso, como dice el refrán, "doctores tiene la Iglesia".
Creo que debía compartir con los fieles lectores de este blog esta información, para que cada uno saque sus conclusiones.
Mientras, me dedicaré a seguir observando, en especial a ver cómo se toma el Gobierno chino esta nueva estrategia anunciada por la máxima autoridad de la política exterior española.
13 julio, 2014
El viaje de Xi Jinping a América Latina: la nueva diplomacia china, “triangulación” y otras reflexiones
El Presidente chino Xi Jinping comienza el lunes una importante visita a
América Latina, cuyo significado y sus resultados y repercusiones tendrán un importante efecto
global, mucho más allá de los que tenga en la región.
Me gustaría hacer algunas reflexiones en relación con esta
visita.
China y América
Latina. Es significativo que se trata de la segunda visita del Presidente chino a América Latina en poco más
de un año. En junio del 2013 ya visitó México, Costa Rica y Trinidad y Tobago –en
este último país tuvo un encuentro con dirigentes de otros países del Caribe.
Este viaje lo lleva a Brasil, Argentina, Venezuela y Cuba,
pero su actividad diplomática abarcará a muchos otros países latinoamericanos
Xi se reunirá también con los presidentes de muchos otros
países de la región aparte de los que visitará, a través de encuentros con líderes
de UNASUR (la Unión de Naciones de América del Sur), o de su participación en
la primera reunión con jefes de Estado del cuarteto de la Comunidad de Estados
Latinoamericanos y del Caribe (CELAC), que en estos momentos integran Costa
Rica, Cuba, Ecuador y Antigua y Bermuda.
Es un hecho que China se ha convertido ya en un muy
importante socio comercial de América Latina y en algunos casos en el número
uno. La República Popular ya figura en los países de la región como uno de los
principales socios comerciales, principal destino de las exportaciones
latinoamericanas o importante fuente de financiación, de inversión y de
productos chinos.
América Latina es estratégica para el futuro del desarrollo económico
de China, entre otros por los siguientes tres aspectos: la energía, la minería
y los alimentos.
Esta visita no hará más que impulsar esta situación en el
terreno comercial, con la firma de importantes contratos y acuerdos, aparte de
que política y diplomáticamente será un importante paso más en las relaciones
bilaterales. Uno de sus frutos será, por ejemplo, la creación del Foro
China-CELAC, que se reunirá por primera vez antes de finales de este año en el
país asiático.
La visita del Presidente Xi no deja de ser una señal para los
Estados Unidos y en algún sentido para España, los dos países que hasta ahora,
y por razones históricas, políticas y económicas han estado más relacionados
con América Latina.
El factor Taiwán. Del
pequeño grupo de países en el mundo que aún no reconocen al gobierno de la
República Popular y siguen manteniendo relaciones diplomáticas con Taiwán o la
llamada “República de China”, la mayoría –en concreto 12 -está en América
Latina (entre ellos Paraguay, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, República
Dominicana, Haití, Honduras y Panamá). Esta ofensiva diplomática y comercial
del Presidente Xi Jinping es también un guiño y una señal para esos países, una
muestra de las “ventajas” de reconocer diplomáticamente al gobierno de Beijing.
La reunión de los
BRICS. Uno de los principales objetivos de la visita de Xi Jinping es
participar en Brasil en la reunión de Jefes de Estado del llamado grupo BRICS
(integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) que tomará importantes
medidas políticas y económicas de repercusión internacional, entre ellas la
creación de un Banco de Desarrollo que posiblemente tenga su sede en Shanghai.
Los BRICS han ido consolidando en los últimos años su posición en un mundo donde
las instituciones económicas y financieras siguen estando controladas por los
Estados Unidos y los principales países occidentales, y están dispuestos a, si
no a cambiar inmediatamente esta situación, por lo menos a no ser testigos
pasivos de la misma y a empezar a moverse por su cuenta.
Una activa diplomacia
china. La visita de Xi Jinping tiene lugar en uno de los períodos más
activos de la diplomacia china desde la fundación el 1 de octubre de 1949 de la
República Popular. Los viajes al exterior y los encuentros internacionales de
la nueva generación de líderes chinos –tanto
el Presidente Xi como el Primer Ministro Li Keqiang- son de una frecuencia y
una amplitud geográfica hasta ahora nunca vista en la diplomacia china. La
República Popular –que ya es la primera potencial comercial y la segunda economía
del mundo- parece que ha decido comenzar a “marcar territorio”, a decir “aquí
estoy yo”, y empezar a actuar en la esfera internacional en consonancia con su
posición económica en el mundo, esperando que así sea vista y considerada por
los otros países.
El caso de Cuba y la
diplomacia “con características chinas”. El Presidente chino, al igual que
sus recientes antecesores, también quiere mostrar que su país es lo
suficientemente fuerte y, podríamos decir “digno” como para visitar, recibir o
reunirse con quien quiera, manteniendo en este sentido una tradición
diplomática que le permite tener buenas relaciones con Obama, o con Bush
anteriormente, y al mismo tiempo abrazarse con los hermanos Castro en Cuba. Ningún líder de peso internacional podría
hacer lo que hace el Presidente Xi, y que también hicieron sus antecesores, con
Cuba. La visita a La Habana del Presidente chino, además, tiene el “morbo”
de que tendrá lugar días después del viaje del presidente Putin, que en muchos
aspectos –en lo económico y militar- marca una especie de “regreso” ruso a
Cuba. Nos encontramos pues con dos líderes como Putin y Xi Jinping “tomando
café” prácticamente frente a las narices de los EE.UU.
España y la famosa “triangulación”.
Esta visita de Xi Jinping, y dicho esto con todos los respetos, sería una
excelente oportunidad para que España “despertara” y dejase ya de hablar de “triangulación”
y de intentar seguir vendiendo a los chinos que pueden ser el puente principal
para entrar a América Latina. China no ha necesitado a España para “entrar” en
América Latina, realizar millonarias operaciones y haber alcanzado un nivel de
relaciones políticas y económicas que podrían ser la envidia de varias
Cancillerías europeas; Beijing tiene línea y relaciones directas con las
principales capitales latinoamericanas, en algunos casos mucho más fuertes que
las que pueda tener Madrid.
En todo caso, quizás habría que enfocar el tema desde otro
punto de vista: es España y sus empresas las que podrían aprovechar esta
ofensiva, esta presencia China en América Latina, y en este caso la “triangulación”
sería al revés: España y sus empresas podrían utilizar a China como plataforma
para intentar consolidar y aumentar su presencia en América Latina.
21 junio, 2014
Parece que para Casa Asia el Tibet no forma parte de China
A juzgar por el anuncio que han publicado en su página web, parece que para Casa Asia, el Tibet no forma parte de China. No sólo están en dirección contraria en la imagen que publican (aunque es obvio que la imagen no es representación geográfica, sino una creación digamos que artística), sino que anuncian en su página web que "Durante el mes de julio Casa Asia os propone una serie de cápsulas informativas para obtener consejos y conocimientos prácticos sobre Indonesia, China, Birmania, Tíbet, India y Nepal de la mano de nativos y viajeros experimentados."
No es mi intención entrar en una polémica sobre los problemas políticos o religiosos que puede haber en la Región Autónoma del Tíbet, pero sí es un hecho que todos los gobiernos que reconocen a la República Popular China reconocen al Tibet como parte de China.
Casa Asia es una institución pública. No sé cuál sería la reacción en España si una institución pública china anunciara seminarios sobre consejos y conocimientos prácticos sobre Francia. España, Italia, Calatuña, Alemania y el País Vasco.
05 junio, 2014
Comentario sobre el libro "Conocimientos comunes de la cultura china" en Yuanfeng Magazine
Publicado originalmente en http://www.yuanfangmagazine.com/
Publicación original en Yuanfeng Magazine
Publicación original en Yuanfeng Magazine
Pablo V. Rovetta recomienda… “Conocimientos comunes de la cultura china”*
El interés por China, por su idioma, y por los conocimientos en general de ese “mundo”, más que país, está creciendo de forma exponencial en los últimos años en los países de habla hispana.
Cuando más crece ese interés, y al tiempo que se incrementa la presencia de China en España y América Latina en todos los aspectos de la vida, política, económica y social, más se nota el gran desconocimiento que sigue existiendo hacia una de las culturas más antiguas y brillantes de la historia y hacia uno de los países que está llamado a jugar en los próximos años, si es que ya no ha empezado, un papel fundamental en el mundo.
Una de las primeras preguntas que se hacen muchos de los que se acercan “al mundo chino” es qué materiales de referencia se pueden leer; y para ello podemos encontrar infinidad de opiniones y gustos. Sobre China tenemos libros de historia moderna y antigua, de economía, de política, de cultura, de relaciones bilaterales, de viajes, de experiencias personales y un largo etcétera. Podemos buscar una visión anglosajona, donde destacan algunos títulos y autores de calidad; y/o una visión desde el mundo hispano que, con honrosas excepciones, muchas veces se quedan en esquemas, tópicos, superficialidades, anécdotas.
Para esos miles de estudiantes de chino y de personas que se están empezando a interesar por el gigante asiático, yo recomendaría, en primer lugar, ir a fuentes oficiales básicas y luego que cada uno vaya sacando sus conclusiones a través de su experiencia personal, sus intereses y/o lecturas de referencia de los autores que prefieran.
En este sentido “Conocimientos Comunes de la Cultura China”, cubre, en mi opinión, con esos objetivos y puede ser de gran ayuda para acercarse, de forma simple pero pragmática, a conceptos muy básicos, pero fundamentales, de la cultura china.
Para empezar, el libro tiene la gran ventaja de ser bilingüe, y ya sólo por eso vale la pena, por lo menos para los estudiantes de chino, que podrán aprender una serie de palabras y términos muy ligados a esta cultura. Veo con alegría que entre las personas que figuran en el equipo de traductores está Belén Cuadra Mora, una joven pero fructífera traductora (cuyo último trabajo es la traducción de “El sueño de la Aldea de Ding” de Yan Lianke).
Con ilustraciones y fotos que ayudan a comprender mejor aspectos como la caligrafía, la ópera china, la arquitectura o la artesanía, el libro puede ser leído como una “breve introducción a aspectos básicos de la cultura china”, y usado como herramienta de consulta no sólo para los “principiantes” sino para gente que lleva muchos años relacionada con China pero que, por ejemplo, no conoce los 24 períodos climáticos del calendario chino.
“Conocimientos Comunes de la Cultura China” está dividido en diez capítulos y trata más de cien temas diferentes, con un promedio de dos páginas por tema, que abarcan desde la religión, la literatura, la moral tradicional, los inventos y descubrimientos científicos de la antigüedad, la arquitectura, la artesanía, la escritura y la medicina tradicional entre otros. Se puede leer completo, por lo tanto, o centrarse en los capítulos que sean de mayor interés para cada persona en particular.
Quizás uno de los fallos más grandes del libro es la frecuente mención a dinastías chinas, sin hacer referencia a los años concretos, lo cual parece contradictorio con el deseo de aportar conocimientos básicos sobre la cultura china.
En todo caso, soy de los que piensa que en el caso de China, como en otros tantos, hay que acercarse a las fuentes directas y luego compararlas con otras opiniones e ir sacando cada uno sus propias conclusiones. Muchas veces, y también es obviamente un sistema respetable, se empieza a “ver” a China, desde el principio, a través de análisis de terceros sin llegar nunca a las fuentes oficiales.
También es verdad que muchas veces las publicaciones de las editoriales chinas podrían, en mi modesta opinión, ser mejoradas para hacerlas más amenas y comprensibles para el lector occidental. Pero eso sería tema de otro análisis.
“Conocimientos Comunes de la Cultura China” es, en mi opinión, una agradable excepción en este sentido, y representa un esfuerzo encomiable para acercar ideas básicas de la cultura china al exterior, en este caso al mundo hispano.
El libro forma parte de una trilogía cuyos otros dos títulos son “Conocimientos Comunes de la Historia China” (que también recomiendo) y “Conocimientos Comunes de la Geografía China” (éste último ya solo para los que están más interesados en temas concretos de la geografía).
* (Edición bilingüe español-chino)
The Overseas Chineses Affairs Office of the State Council
Editorial: Sinolingua
15 mayo, 2014
China: números, supersticiones y demás ...
El año 2014 nos
está trayendo una serie de fechas nada auspiciosas ni favorables para un país
donde la superstición ha sido una de esas “moscas” que, citando a Deng
Xiaoping, han entrado a la República Popular mientras abría su ventana para
permitir la entrada de “aire fresco”, siempre según el llamado “arquitecto” de
la reforma de China.
Y es que una de
las tantas cosas que han cambiado en el país asiático en las últimas décadas
–lo mismo que otras siguen siendo lo mismo- es el “auge” de la superstición en
general, y la relacionada con los números en particular, a tal grado que ha
adquirido un carácter casi institucional.
Según estas
supersticiones, tenemos una serie de fechas, como el 4 y el catorce de enero,
el catorce de abril o el 14 de mayo, todas ellas relacionadas con la muerte,
como veremos más adelante, y nada auspiciosas para bodas o nacimientos, por
ejemplo.
Cuando llegué a
China en 1975, el portal del edificio donde vivía junto con otros extranjeros,
dentro del Hotel de la Amistad, era el número 12, y el de al lado, era el 14.
¿Y el 13? preguntaba yo, incapaz de creerme que en la República Popular a la
que acababa de llegar existiera esa superstición.
La respuesta
era que, como una forma de respeto hacia los “amigos extranjeros”, se evitaba
utilizar esa cifra “maligna”; y ese mensaje tenía dos significados: el orgullo
de que “nosotros los chinos no somos supersticiosos”, y una especie de “burla”
hacia esa superstición venida de afuera, no sólo de Occidente, ya que, según
ellos, se evitó utilizar el 13 cuando el Hotel se construyó para alojar a los
llamados “expertos” soviéticos en los primeros años de la joven república
fundada por Mao.
Como tantos de
los errores que se pueden cometer cuando se habla de este país, si yo hubiese
abandonado China y dejado de tener contacto con este mundo antes de los años
90, hubiera afirmado con rotundidad que “los chinos no son supersticiosos”.
La apertura al
exterior, y en especial el contacto más fluido y directo con otros “territorios
chinos” como Hong Kong, implicó también para la República Popular la entrada y
el regreso de una serie de vicios, supersticiones, y algunas costumbres y
“tradiciones” no muy “éticas” o “morales”; en una palabra, supuso la entrada de
esas “moscas” , pero – según pensaba Deng- también de un “aire puro” que iba a
cambiar para bien al país en su conjunto.
En Hong Kong, donde se habla principalmente el
dialecto cantonés, la pronunciación del número 8 es muy similar a la de lo que
podríamos traducir como “prosperidad”. El 8 se pronuncia “ba” enputonghua –la pronunciación unificada del idioma
chino- pero “fa” en cantonés, y “fa” puede ser también “facai” 发财, o sea enriquecerse o prosperidad.
La pronunciación del número 4 (“si”) en putonghua es similar a la de la palabra “muerte”;
el número 1 puede relacionarse con “querer”, y el número 5 con “yo”.
Con estos
ingredientes tenemos una combinación de números muy “buenos” como 8, 88, 888 y
así hasta el “infinito”; “18” (enriquecerse), “518” (yo voy a enriquecerme); y
números muy malos como el “4” (morir), “14” (morirse) o “514” (voy a morirme).
En mis primeros años en la China libre de
supersticiones, teníamos portales número 4, cuartos pisos en los edificios; el
número de información telefónica era “114” (me quiero, me quiero morir),
eltrolleybus que nos llevaba desde el centro hasta
la zona del Parque de Bambú era el número 114 y la línea 4, junto con la número
1, eran las dos principales que recorrían la interminable avenida Chang´an, en
el centro de Beijing.
Es verdad que,
no sé si por razones técnicas o políticas, se siguen manteniendo el “114” como
el número de información telefónica. También es verdad que, en una pragmática
combinación de supersticiones chinas y “extranjeras” uno se puede encontrar con
construcciones donde no existen los pisos número 4, 13 y 14, y así un edificio
que tenga 12 pisos, podrá tener un ascensor que llegue hasta el número 15.
Esa “fiebre”
supersticiosa con los números abarca casi todos los aspectos de la sociedad.
Los precios de muchos productos o de los platos de comida de un restaurante
(que en muchos países terminan en 9 para dar una sensación de “más barato” – 9,
19, 99, etc.) en China terminan en 8. Los números de las matrículas de los
autos se subastan de forma pública y se llegan a pagar cifras millonarias por un
“8888”; en China cuando uno compra un teléfono móvil, tiene que comprar aparte
“el número”; un número de teléfono que termine con varios “8” o “18” o “58” es
difícil y caro de conseguir, mientras que el “4” es el que nadie quiere, y el
que, por cierto, figura como terminación en muchos de los teléfonos de los
extranjeros que viven en China.
Esta
superstición alcanza niveles institucionales. Por ejemplo, los Juegos Olímpicos
de Beijing, que se inauguraron un 8 de agosto (el mes ocho) del 2008
–evidentemente la elección del año fue una casualidad beneficiosa para China-
lo hicieron a las 08:18 de la mañana.
Este “juego” de números es también muy importante a la
hora de decidir la fecha de una boda o de la inauguración de una tienda. No son
muchos los que quieren casarse o celebrar su boda un día 4 o 14; y una
nueva tienda es muy probable que espere al día 18 para abrir sus puertas al
público.
Si tenemos en
cuenta que en el idioma chino los meses no tienen nombre, siendo Enero el “mes
1” hasta llegar al “mes 12” en Diciembre; y que el orden como se indican las
fechas es año-mes-día, creo que se comprenderá mejor por qué el 4 de enero, 14
de enero, 1 de abril, 14 de abril, o 14 de mayo del 2014 son fechas “malignas”.
Todo en este
país tiene por lo menos dos caras, como una moneda. Así, si bien muchas de las
fechas del 2014 no son muy positivas, el hecho de estar ahora en el año del
Caballo, según el calendario tradicional chino, y de que el próximo sea el de
la Cabra –considerado como “malo” por muchos- está incrementando el número de
embarazos y se prevé una caída en la tasa de nacimientos para el próximo año
nuevo.
Artículo publicado originalmente en Global Asia
21 marzo, 2014
Homenaje a María Lecea; el idioma español en China; exilios y desexilios
Creo
que ha sido un gran acierto de la Embajada de España en China la reciente
organización de un acto de homenaje a María Lecea, una de las pioneras de la
enseñanza del español en la República Popular, a quien tuve el privilegio de
conocer en su segunda etapa en Beijing,
entre 1984 y 1989. Lamentablemente no pude estar presente en el acto, en
el cual además se anunció que el Centro de Recursos de la Consejería de
Educación, Cultura y Deporte de la Embajada llevará el nombre de esta
española, que junto con su esposo, Ataúlfo Melendo, llegó a la capital china en
1955.
Después
de varias búsquedas sin éxito en internet sobre este acto, por suerte me
encuentro con la crónica de Rita Alvarez Tudela en ARNDigital “Homenaje en Pekín a María Lecea, pionera de
la enseñanza del español en China”.
Con
honrosas excepciones, la historia de cómo el español entra en la República
Popular es
uno de los tantos temas de China sobre los
cuales la información disponible es casi inexistente, y del cual poco se habla
en la infinidad de seminarios, cursos, artículos y conferencias que se dan
sobre el país asiático.
En
los últimos años el Instituto Cervantes,
las embajadas de España y de los países latinoamericanos de habla hispana, y
diversas instituciones oficiales y privadas del mundo hispanoparlante –así como
el gobierno de China y organismos como los Institutos Confucio o los Centros
Culturales- están realizando una labor muy importante para acercar cada vez más
a estos dos mundos, tan lejanos –no tanto geográfica como culturalmente.
Sin embargo, creo que
no hay que olvidar los orígenes; y si en China ya en 1953 –sólo cuatro años
después del establecimiento de la República Popular, y en un país que recién
comenzaba a recuperarse de décadas de guerras, hambrunas y sufrimientos de todo
tipo- se empieza a estudiar la lengua de Cervantes es gracias a la iniciativa y
decisión del gobierno chino, en particular del Primer Ministro Zhou Enlai, a la acción individual y sacrificada de un grupo
de republicanos españoles, y de latinoamericanos, al esfuerzo de los primeros estudiantes, y a partir de los años 60
gracias también al gobierno de Cuba, y ya en los 70, al de México, Chile y
otros países de América Latina.
Es a mediados de los
años 50 y en los 60 cuando empiezan a llegar a China un grupo de exiliados
españoles –entre ellos Maria Lecea y su esposo- algunos provenientes de
la URSS (como ella mismo o el arquitecto Luis Lacasa) otros, como “Pepe” Castedo –a quien
también tuve el privilegio de conocer en Beijing- desde Paris, y de
latinoamericanos de casi todos los países de la región, para trabajar como
profesores universitarios y en los órganos de prensa gubernamentales, como
Ediciones en Lenguas Extranjeras, la Agencia de Noticias Xinhua o Radio Pekin.
Sin embargo, es una chilena, Delia Baraona Lagos, esposa del pintor José Venturelli, la primera profesora extranjera de español en China.
Sin embargo, es una chilena, Delia Baraona Lagos, esposa del pintor José Venturelli, la primera profesora extranjera de español en China.
Creo que también es
de justicia mencionar el caso de los brasileños, portugueses e incluso creo que
angoleños, en lo relativo al idioma portugués.
Ahora que es tan
“fácil” ser amigo de China hay que recordar que en las primeras décadas después
del establecimiento de la República Popular, cuando se la quería aislar
internacionalmente, viajar a ese país estaba expresamente prohibido por
muchos gobiernos, y el estar relacionado con China implicaba muchas veces persecución,
cárcel y “listas negras”.
Eran años difíciles
desde todo punto de vista, -y pensar que ahora hay gente que se queja de las
“dificultades” de la lejanía de China …- y muchos de esos “pioneros” tuvieron
que vivir en China un exilio no exento de sacrificios.
Pero si exilio no fue
fácil, lo que Mario Benedetti definió como el “desexilio” tampoco fue un
camino de rosas, lamentablemente, para María Lecea, “Pepe” Castedo, y muchos de
los latinoamericanos que pudieron regresar a sus países cuando los cambios
políticos lo permitieron.
Algunos
de ellos fueron premiados –la propia María Lecea o “Pepe” Castedo, tanto por
España como por China; y otros han quedado en el olvido. Pero los premios “no
dan de comer”. Buscando en el cajón de los recuerdos me encuentro con una nota
de Ramón Vilaró para El País de
España del año 1986 donde la profesora española expresaba su deseo de
poder recibir una pensión después de haberse dedicado a enseñar el español
fuera de España durante, decía entonces, 42 años, aunque en la práctica fueron
más ya que ella abandonó China en 1989.
Sinceramente no sé si
al final se pudo arreglar el tema de la pensión.
En todo caso ojalá
que este homenaje de la Embajada de España a María Lecea sirva para romper con
esa especie de amnesia sobre este período tan importante, creo, para las
relaciones entre España y América Latina por un lado, y la República Popular
China por el otro, período que, en cierto sentido, sentó las bases de lo hoy
son estas relaciones.
Viendo la poca
reacción que el tema ha tenido en la prensa –salvo que yo no haya sido capaz de
encontrar otras crónicas aparte de la citada en ARNDigital, en cuyo caso pido disculpas-
no puedo más que continuar con mi pesimismo sobre el tema.
24 febrero, 2014
China: y la reforma también reformó el idioma
Si una persona que está estudiando chino, o lo ha estudiado en los últimos diez años; si un ciudadano chino de unos treinta años viajara ahora en un túnel del tiempo a la China de mediados de los años 70, no entendería gran parte de lo que escuchase o leyese, como tampoco le entenderían muchas de sus expresiones.
Creo que lo mismo pasaría si se hubiese “congelado” a un ciudadano chino de la década de los 70 y se le despertara ahora dejándolo en una calle de Beijing.
Y es que las transformaciones que han tenido lugar en la República Popular en las últimas décadas, no sólo han cambiado la fisonomía del país, destacados aspectos de su sociedad y de la forma de vida de su población, sino incluso hasta la forma de hablar, de expresarse y la escritura.
Meses atrás tuve el honor de reflexionar en el Instituto Cervantes de Pekín sobre los efectos que la reforma y la transformación de China han tenido sobre su idioma; reflexiones hechas pura y exclusivamente desde la perspectiva de un “usuario” activo del idioma chino desde hace casi cuatro décadas, por lo que por las dudas espero que los filólogos y "sinólogos" puedan perdonarme.
Estas reflexiones, además, están muy limitadas por el espacio y por la necesidad obvia de intentar explicar en español aspectos relacionados con el idioma chino.
Todos coincidiremos, creo, en que es ”normal” y “lógico” que un idioma evolucione y cambie a medida que se transforma la sociedad, y más en los tiempos actuales de globalización y de espectaculares avances en la informática y las telecomunicaciones. En el caso del chino, sin embargo, tenemos un elemento más, y es al que nos referiremos exclusivamente en estas reflexiones: los cambios que han tenido lugar como consecuencia directa de las reformas económicas y la apertura al exterior.
Entre esos cambios nos encontramos con palabras y expresiones que “desaparecen”, otras que surgen y también algunas que cambian de sentido. En cuanto a las causas de este fenómeno tenemos elementos políticos, económicos, sociales, geográficos y una combinación de dos o más de esos factores.
El idioma chino de la República Popular siempre ha estado, y lo está hasta el presente, impregnado de un vocabulario político que abarca casi todos los aspectos de la sociedad. Ahora tenemos, con el Presidente Xi Jinping la expresión “el sueño chino” (中国梦) (que se usa no sólo para la política sino hasta para el deporte); con Hu Jintao tuvimos la “armonía” (和谐 ); previamente fueron “las tres representaciones” (三个代表); y en los años 70 se hablaba, entre otras cosas de “médicos descalzos” (赤脚医生), "escuela de puertas abiertas” (开门办学) o “comunas populares” (人民公社) expresiones éstas que no sé cuántos ciudadanos del país llegan ahora a comprender.
Como consecuencia de los cambios económicos y sociales, han desaparecido, por ejemplo, los “cupones de cereales” (粮票) o “cupones de algodón” (布票), elementos fundamentales en la vida diaria de hace unas décadas atrás. De la misma manera, han surgido palabras y expresiones nuevas como “fin de semana” (周末), “bar” (酒吧), “cafetería” (咖啡厅); y ahora es algo normal hablar de “descuentos” (折扣) , o “rebajas” (大减价), cosa que, aunque para muchos de los actuales visitantes de los mercadillos chinos parezca extraño, eran conceptos que no existían.
La vida en los 70 era más “comunitaria”. El “¿has comido?” , “¿vas a comer?”, “¿de dónde vienes?”, “¿a dónde vas?”, “¡qué tarde has llegado!” eran expresiones de uso “normal” cuando se encontraban dos conocidos, como ahora lo son el “hola”, “buenos días”, “buenas noches” o incluso el “byebye” que tiene su propia transcripción china (拜拜)
En lo social también ha desaparecido la palabra “duixian” (对象) literalmente “objetivo”, para referirse a novio o novia. “¿Tienes “objetivo”?” (*有对象吗?), “buscar “objetivo” (找对象) , eran expresiones muy comunes entonces y que ahora podrían resultar ridículas.
Desde hace años ya se usa con frecuencia el tratamiento de “señor”, “señora”, “señorita” (algo impensable en los 70) en lugar de “camarada”, palabra que ha quedado limitada a los actos del Partido Comunista, y que tiene ahora una nueva acepción, la de “gay”: existe una literatura, un cine “camaraderil”, si podemos usar esta expresión, como sinónimo de “gay”.
Tenemos también palabras que “han retornado” al lenguaje diario pero con otro sentido. Un ejemplo es el caso de “tuhao” (土豪) definida originalmente como “déspotas locales” por Mao y por las recientes ediciones de diccionarios chinos, pero que ahora se usa de forma, entre envidiosa y despectiva, como sinónimo de “nuevo rico” o “rico sin cultura”; tanto como sustantivo como adjetivo.
Uno de los mayores cambios en el idioma chino, sin embargo, se produjo como consecuencia del establecimiento de las primeras Zonas Económicas Especiales, cercanas a Hong Kong, Macao y Taiwán y la consecuente llegada de empresarios chinos de esos lugares. Ello originó en mi opinión dos fenómenos muy importantes.
En primer lugar, significó el “regreso” a China continental de los llamados caracteres tradicionales. En los años 50 el gobierno chino simplificó un número importante de caracteres y de trazos en la escritura, creando los llamados caracteres simplificados, mientras que otros territorios chinos no controlados entonces por el gobierno de las República Popular no aplicaron ese sistema y siguieron usando lo que se conoce como “caracteres tradicionales”.
Desde la entrada de inversores de Hong Kong y Taiwan, aunque la escritura oficial en China continental es la de los caracteres simplificados, éstos conviven –en nombres de tiendas y edificios, en catálogos, en tarjetas de visita y un largo etc.-con los tradicionales. Si Deng Xiaoping habló de “un país, dos sistemas” para referirse a la relación entre China continental y Hong Kong, en el caso de la escritura me atrevería a decir que tenemos “un idioma, dos escrituras”.
El segundo cambio importante fue la introducción en el lenguaje diario, coloquial y oficial en China continental de palabras típicas de Hong Kong y Taiwan. Así los Edificios de Oficina (办公楼) se convirtieron en “Edificios de Escribir” (写字搂); las grandes tiendas (“grandes edificios de cientos de productos” o 百货大楼) pasaron a ser “centros de compras” o 购物中心; los edificios pasaron a ser “torres” o 大厦 (aunque no tengan ni 5 pisos), y así un largo etc. Cambiaron los nombres de cosas como los taxis, autobuses, lavabos, o el uso de expresiones como “la cuenta, por favor”.
Por último, fue muy significativo el que se comenzaran a usar siglas del inglés en el lenguaje escrito, para expresiones que ya tenían su definición y se usaban perfectamente en chino. Así, es corriente encontrarse ahora en periódicos de la República Popular con siglas como “GDP”, “CPI”, “IPO” para referirse a definiciones económicas que siempre tuvieron su correspondiente expresión en chino.
Si a todo esto le agregáramos factores como las diferentes formas de hablar entre una generación y otra, o los efectos de la “revolución digital” en las comunicaciones, nos encontraríamos con cambios mucho más profundos entre el idioma chino que se utiliza hoy y el que me tocó empezar a estudiar a mediados de los años 70.
Al mismo tiempo, y como insisto cada vez que me refiero a esa realidad tan complicada que es China, donde nada es completamente blanco o negro, en medio de estos tremendos cambios idiomáticos, hay expresiones que siguen siendo iguales a las de los años de Mao. Así, por ejemplo, los discursos de los líderes son siempre “importantes discursos”; las bienvenidas son siempre “calurosas”; las visitas son en su mayor parte “amistosas”, y las reuniones se inauguran siempre de forma “solemne” y se clausuran de manera “victoriosa”.
Resultado de una charla dada en el Instituto Cervantes de Pekín en el año 2013
Publicado originalmente en "Reflexiones Orientales" en febrero del 2014
30 enero, 2014
Ya no quedan caballos en Beijing...
Un carro de carga tirado por caballos, avanzando por la avenida Chang´an frente a la Plaza de Tiananmen, era una imagen normal en el Beijing de mediados de los años 70, y es esa la imagen que me viene ahora a la memoria cuando, de acuerdo al calendario chino, entramos en el “Año del Caballo”.
Mucho se ha hablado y escrito sobre los cambios que han tenido lugar en el gigante asiático en las últimas décadas, y uno de los ejemplos más repetidos es el de las bicicletas; el del paso de una ciudad entera moviéndose sobre dos ruedas, a una gran metrópoli asfixiada en un permanente atasco de vehículos.
.
Poco o nada se menciona de los caballos, que llegaron a formar parte del paisaje urbano que pude ver en mis primeros años en la capital china; al igual que, no muchos años más atrás, lo fueron los camellos, aunque eso no pude vivirlo más que en la literatura y el cine.
Los carros de caballo eran un importante medio de transporte de carga que, junto con el mar de bicicletas, los autobuses, los camiones y los pocos automóviles con cortinas en sus ventanillas, formaban parte del caos en el tráfico de Beijing, a lo que se sumaban los gritos de los policías en las esquinas intentando, no sin mucho éxito, a través de altavoces y desde unas garitas altas, que alguien les hiciera caso
En carros de caballo se transportaban productos agrícolas –coles chinas en invierno, sandías en verano-, carbón, ladrillos, piezas y maquinaria, y hasta vigas de cemento para la construcción. También se transportaba algo que era característico del Beijing de entonces: las materias fecales que, llevadas al campo, servían como abono para la agricultura.
Tener uno de esos carros de materias fecales delante, cuando uno iba en bicicleta, era una de las peores desgracias que nos podía ocurrir y que nos obligaba a acelerar al máximo nuestro ritmo de pedaleo, para poder pasarlos mientras aguantábamos la respiración.
En muchos casos, los carros de carga viajaban en caravanas, conducidos por campesinos que fumaban en unas largas pipas tradicionales, y que muchas veces –hasta hoy sigo sin entender cómo lo hacían- se echaban una siesta encima de la carga mientras los caballos avanzaban como un avión con piloto automático, sabedores del camino que tenían que seguir.
Yo venía, y vengo, de un país como Uruguay donde el caballo tiene un papel fundamental en nuestra historia, economía, literatura, cancionero, tradiciones y vocabulario, entre otros, al punto que figura en nuestro escudo nacional.
En China, o mejor dicho en Beijing, los caballos que encontré fueron los que en las calles tiraban de los carros de carga, los de las pinturas de Xu Beihong o las reproducciones de las figuras de la Dinastía Tang, aunque sí es verdad que fue un animal que jugó un papel muy importante en diferentes períodos de la historia milenaria del país.
En el idioma chino, siempre me han gustado tres expresiones relacionadas con el caballo: 马上(“mashang”) que quiere decir “enseguida” y literalmente “a caballo”; 马马虎虎 (“mamahuhu”)literalmente “caballo-caballo-tigre-tigre” como sinónimo de “más o menos” o la de 坐马看花(“zuomakanhua”), literalmente “mirar las flores desde el caballo” para referirse a echar una mirada superficial a algo.
Los años han pasado, la ciudad y el país han cambiado, en algunos casos a una velocidad supersónica… y ya no quedan más caballos en Beijing.
Días atrás, sin embargo, no sé si fue el destino o qué, pero, casi sin querer, me “encontré” en el Templo Taoista “Dongyu” con un caballo falso, el llamado “caballo de jade blanco”.
Según la tradición, acariciar este caballo produce paz y tranquilidad, que se cumplan los deseos y aspiraciones y como se dice en este año nuevo “马到成功”, éxitos inmediatos. Al final le tomé unas fotos pero me fui sin acariciarlo…. Para mí, un caballo no puede ser de jade ni mucho menos llevar un lazo rojo….
Mucho se ha hablado y escrito sobre los cambios que han tenido lugar en el gigante asiático en las últimas décadas, y uno de los ejemplos más repetidos es el de las bicicletas; el del paso de una ciudad entera moviéndose sobre dos ruedas, a una gran metrópoli asfixiada en un permanente atasco de vehículos.
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Poco o nada se menciona de los caballos, que llegaron a formar parte del paisaje urbano que pude ver en mis primeros años en la capital china; al igual que, no muchos años más atrás, lo fueron los camellos, aunque eso no pude vivirlo más que en la literatura y el cine.
Los carros de caballo eran un importante medio de transporte de carga que, junto con el mar de bicicletas, los autobuses, los camiones y los pocos automóviles con cortinas en sus ventanillas, formaban parte del caos en el tráfico de Beijing, a lo que se sumaban los gritos de los policías en las esquinas intentando, no sin mucho éxito, a través de altavoces y desde unas garitas altas, que alguien les hiciera caso
En carros de caballo se transportaban productos agrícolas –coles chinas en invierno, sandías en verano-, carbón, ladrillos, piezas y maquinaria, y hasta vigas de cemento para la construcción. También se transportaba algo que era característico del Beijing de entonces: las materias fecales que, llevadas al campo, servían como abono para la agricultura.
Tener uno de esos carros de materias fecales delante, cuando uno iba en bicicleta, era una de las peores desgracias que nos podía ocurrir y que nos obligaba a acelerar al máximo nuestro ritmo de pedaleo, para poder pasarlos mientras aguantábamos la respiración.
En muchos casos, los carros de carga viajaban en caravanas, conducidos por campesinos que fumaban en unas largas pipas tradicionales, y que muchas veces –hasta hoy sigo sin entender cómo lo hacían- se echaban una siesta encima de la carga mientras los caballos avanzaban como un avión con piloto automático, sabedores del camino que tenían que seguir.
Yo venía, y vengo, de un país como Uruguay donde el caballo tiene un papel fundamental en nuestra historia, economía, literatura, cancionero, tradiciones y vocabulario, entre otros, al punto que figura en nuestro escudo nacional.
En China, o mejor dicho en Beijing, los caballos que encontré fueron los que en las calles tiraban de los carros de carga, los de las pinturas de Xu Beihong o las reproducciones de las figuras de la Dinastía Tang, aunque sí es verdad que fue un animal que jugó un papel muy importante en diferentes períodos de la historia milenaria del país.
En el idioma chino, siempre me han gustado tres expresiones relacionadas con el caballo: 马上(“mashang”) que quiere decir “enseguida” y literalmente “a caballo”; 马马虎虎 (“mamahuhu”)literalmente “caballo-caballo-tigre-tigre” como sinónimo de “más o menos” o la de 坐马看花(“zuomakanhua”), literalmente “mirar las flores desde el caballo” para referirse a echar una mirada superficial a algo.
Los años han pasado, la ciudad y el país han cambiado, en algunos casos a una velocidad supersónica… y ya no quedan más caballos en Beijing.
Días atrás, sin embargo, no sé si fue el destino o qué, pero, casi sin querer, me “encontré” en el Templo Taoista “Dongyu” con un caballo falso, el llamado “caballo de jade blanco”.
Según la tradición, acariciar este caballo produce paz y tranquilidad, que se cumplan los deseos y aspiraciones y como se dice en este año nuevo “马到成功”, éxitos inmediatos. Al final le tomé unas fotos pero me fui sin acariciarlo…. Para mí, un caballo no puede ser de jade ni mucho menos llevar un lazo rojo….
03 enero, 2014
Año Nuevo Chino, transporte y trenes
Una vez más nos acercamos al Año Nuevo Chino, y al igual que décadas atrás, lo que se conoce como “chunyun” (春运) (literalmente “transporte de primavera”, en los días previos y posteriores a la también llamada Fiesta de la Primavera), sigue siendo en estas fechas una de las noticias más importantes en los medios de prensa local, que no dejan de hablar de las dificultades/facilidades para comprar los billetes de tren o del problema de las reventas, entre otros.
Al igual que la Navidad o el Año Nuevo para los países occidentales y/o con influencia cristiana, la entrada del Año Nuevo Lunar –que este año será el 31 de enero- es la principal fiesta tradicional para millones de asiáticos. En el caso de China, décadas atrás, ésta era la única ocasión del año en que muchas familias, separadas por motivos laborales y administrativos, podían estar juntas.
Ahora las cosas han mejorado en este sentido (los matrimonios o parejas, en general no se ven obligados a vivir separados por motivos administrativos como ocurría entonces con frecuencia) aunque el movimiento de personas sigue siendo, sino el mismo, incluso mayor, no sólo en cifras absolutas, por obvias razones de crecimiento demográfico, sino en cifras relativas.
Están los universitarios que regresan en este período vacacional a sus hogares; el creciente número de ciudadanos del interior que se ganan la vida en las zonas urbanas trabajando en la construcción o en el sector servicios y que regresan a sus casas en el campo; las familias que vuelven a juntarse para pasar las fiestas, e incluso un número cada vez mayor de personas que decide aprovechar este período vacacional para hacer turismo dentro o fuera de China. Aunque oficialmente “sólo” son festivos siete días, en la práctica son millones las personas que aprovechan y se toman muchos más días.
Así, nos encontramos cada año, por estas fechas, con lo que es sin duda alguna el desplazamiento de seres humanos más espectacular del mundo, en un corto período de tiempo y por causas ajenas a la guerra o calamidades naturales.
Este año, que por cierto será el del Caballo, se ha decretado como período oficial del chunyun del 16 de enero al 24 de febrero, un total de cuarenta días; aunque en realidad todo el operativo relacionado con este gigantesco movimiento de personas ha comenzado hace ya semanas. A pesar de la modernización de las infraestructuras y de la logística, del uso de medios electrónicos modernos (en teoría se pueden reservar billetes por Internet o por teléfono, aunque en la práctica el sistema está ya saturado) las dificultades para conseguir un billete de tren siguen siendo muy grandes, y la demanda supera a la oferta como mínimo en dos millones de billetes al día.
Oficialmente, se estima que este año, durante el período del chunyun viajarán por tren un promedio de 5,88 millones de personas al día. Es como si toda la población urbana de Madrid y de Barcelona juntas se desplazara a la vez un día en tren; o como si todos los uruguayos, de dentro y fuera del país –aunque no creo que lleguemos a los 5,88 millones- se subieran un día al tren.
Mi primer viaje en tren en China fue a principios de 1976, desde Beijing hasta Shanghai, y durante muchos años ese fue mi principal medio de transporte dentro del país, incluso para cubrir distancias que ahora parecen cortas como la ruta Beijing-Tianjin.
Viajando en tren aprendí muchas cosas de este país, me divertí mucho, reconozco que también “sufrí”, pero fundamentalmente creo que sólo viajando en tren se puede ser consciente de verdad de dos características fundamentales de China, algo que en teoría todo el mundo conoce y es muy fácil de explicar pero difícil de sentir si no se vive en carne propia: lo numeroso de su población y la inmensidad de su geografía.
El acercarse estos días a cualquier estación de tren de China, a sus salas de ventas de billetes, a sus andenes, a sus “salas de espera”, escaleras, pasillos, es una de las más espectaculares y claustrofóbicas muestras de que se está en el país más poblado del mundo. Debo reconocer que llegué a pasar miedo en estaciones de tren rodeado y “transportado” por una compacta masa de gente cargada con infinidad de bultos; y también he sentido pánico en estaciones de paso viendo cómo la gente intentaba entrar a los trenes por las ventanas.
También he disfrutado mucho de viajes cortos y viajes que han durado días y noches, observando el paisaje, mirando los rostros de los pasajeros, participando y siendo testigo de la vida diaria en un tren, con sus altavoces que desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche no dejaban de transmitir noticias, óperas, cantos, diálogos cómicos; mirando y escuchando lo que decían los pasajeros, lo que comían, cómo jugaban a las cartas, cómo podían dormirse en cualquier posición, hasta incluso de pie.
Las estaciones de tren, los viajes en tren eran en cierto modo, la forma más directa y clara de “convivir” con parte de la población local; de estar lo más cerca posible de una China “real” a la que no teníamos acceso en el día a día.
En los primeros años en Beijing, los extranjeros sólo podíamos viajar acompañados, en grupo, con un permiso especial, y únicamente en lo que normalmente se conoce como Primera Clase o Clase Preferente, pero que en China, en una cruda muestra de realismo y pragmatismo se llamaba “cama blanda” o “asiento blando” en contraposición a la Segunda Clase, que era la “cama dura” o el “asiento duro”.
Por suerte, al cabo de los años, se fueron flexibilizando las normas de viaje para los extranjeros, por lo que pude tener la experiencia de viajar en “cama dura”, “asiento duro” o incluso, en los trenes de paso, de pie o tirado en el suelo.
El largo de los trenes también fue una de las cosas que más me llamó la atención y que muestra la inmensidad demográfica china, si bien entonces no tenía un punto de referencia con el cual comparar más que lo que había visto en películas o fotografías. En realidad, creo que en lugar de darme cuenta de lo largo que eran y son los trenes en China, me asombré años después al ver lo pequeño que eran los primeros trenes que vi en Europa, algunos de ellos con sólo dos o tres vagones, cuando en China superan fácilmente la veintena.
Ahora las cosas han cambiado mucho en China, cada vez hay un mayor número de trenes más modernos, rápidos y cómodos, nuevas rutas, con aire acondicionado, wifi, mejores ofertas gastronómicas. Pero los problemas del chunyun siguen siendo los mismos que viví a partir de 1975, y que de alguna forma hacen que cuando miro algunos titulares de la prensa local me sienta como retornando en el túnel del tiempo.
Al igual que la Navidad o el Año Nuevo para los países occidentales y/o con influencia cristiana, la entrada del Año Nuevo Lunar –que este año será el 31 de enero- es la principal fiesta tradicional para millones de asiáticos. En el caso de China, décadas atrás, ésta era la única ocasión del año en que muchas familias, separadas por motivos laborales y administrativos, podían estar juntas.
Ahora las cosas han mejorado en este sentido (los matrimonios o parejas, en general no se ven obligados a vivir separados por motivos administrativos como ocurría entonces con frecuencia) aunque el movimiento de personas sigue siendo, sino el mismo, incluso mayor, no sólo en cifras absolutas, por obvias razones de crecimiento demográfico, sino en cifras relativas.
Están los universitarios que regresan en este período vacacional a sus hogares; el creciente número de ciudadanos del interior que se ganan la vida en las zonas urbanas trabajando en la construcción o en el sector servicios y que regresan a sus casas en el campo; las familias que vuelven a juntarse para pasar las fiestas, e incluso un número cada vez mayor de personas que decide aprovechar este período vacacional para hacer turismo dentro o fuera de China. Aunque oficialmente “sólo” son festivos siete días, en la práctica son millones las personas que aprovechan y se toman muchos más días.
Así, nos encontramos cada año, por estas fechas, con lo que es sin duda alguna el desplazamiento de seres humanos más espectacular del mundo, en un corto período de tiempo y por causas ajenas a la guerra o calamidades naturales.
Este año, que por cierto será el del Caballo, se ha decretado como período oficial del chunyun del 16 de enero al 24 de febrero, un total de cuarenta días; aunque en realidad todo el operativo relacionado con este gigantesco movimiento de personas ha comenzado hace ya semanas. A pesar de la modernización de las infraestructuras y de la logística, del uso de medios electrónicos modernos (en teoría se pueden reservar billetes por Internet o por teléfono, aunque en la práctica el sistema está ya saturado) las dificultades para conseguir un billete de tren siguen siendo muy grandes, y la demanda supera a la oferta como mínimo en dos millones de billetes al día.
Oficialmente, se estima que este año, durante el período del chunyun viajarán por tren un promedio de 5,88 millones de personas al día. Es como si toda la población urbana de Madrid y de Barcelona juntas se desplazara a la vez un día en tren; o como si todos los uruguayos, de dentro y fuera del país –aunque no creo que lleguemos a los 5,88 millones- se subieran un día al tren.
Mi primer viaje en tren en China fue a principios de 1976, desde Beijing hasta Shanghai, y durante muchos años ese fue mi principal medio de transporte dentro del país, incluso para cubrir distancias que ahora parecen cortas como la ruta Beijing-Tianjin.
Viajando en tren aprendí muchas cosas de este país, me divertí mucho, reconozco que también “sufrí”, pero fundamentalmente creo que sólo viajando en tren se puede ser consciente de verdad de dos características fundamentales de China, algo que en teoría todo el mundo conoce y es muy fácil de explicar pero difícil de sentir si no se vive en carne propia: lo numeroso de su población y la inmensidad de su geografía.
El acercarse estos días a cualquier estación de tren de China, a sus salas de ventas de billetes, a sus andenes, a sus “salas de espera”, escaleras, pasillos, es una de las más espectaculares y claustrofóbicas muestras de que se está en el país más poblado del mundo. Debo reconocer que llegué a pasar miedo en estaciones de tren rodeado y “transportado” por una compacta masa de gente cargada con infinidad de bultos; y también he sentido pánico en estaciones de paso viendo cómo la gente intentaba entrar a los trenes por las ventanas.
También he disfrutado mucho de viajes cortos y viajes que han durado días y noches, observando el paisaje, mirando los rostros de los pasajeros, participando y siendo testigo de la vida diaria en un tren, con sus altavoces que desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche no dejaban de transmitir noticias, óperas, cantos, diálogos cómicos; mirando y escuchando lo que decían los pasajeros, lo que comían, cómo jugaban a las cartas, cómo podían dormirse en cualquier posición, hasta incluso de pie.
Las estaciones de tren, los viajes en tren eran en cierto modo, la forma más directa y clara de “convivir” con parte de la población local; de estar lo más cerca posible de una China “real” a la que no teníamos acceso en el día a día.
En los primeros años en Beijing, los extranjeros sólo podíamos viajar acompañados, en grupo, con un permiso especial, y únicamente en lo que normalmente se conoce como Primera Clase o Clase Preferente, pero que en China, en una cruda muestra de realismo y pragmatismo se llamaba “cama blanda” o “asiento blando” en contraposición a la Segunda Clase, que era la “cama dura” o el “asiento duro”.
Por suerte, al cabo de los años, se fueron flexibilizando las normas de viaje para los extranjeros, por lo que pude tener la experiencia de viajar en “cama dura”, “asiento duro” o incluso, en los trenes de paso, de pie o tirado en el suelo.
El largo de los trenes también fue una de las cosas que más me llamó la atención y que muestra la inmensidad demográfica china, si bien entonces no tenía un punto de referencia con el cual comparar más que lo que había visto en películas o fotografías. En realidad, creo que en lugar de darme cuenta de lo largo que eran y son los trenes en China, me asombré años después al ver lo pequeño que eran los primeros trenes que vi en Europa, algunos de ellos con sólo dos o tres vagones, cuando en China superan fácilmente la veintena.
Ahora las cosas han cambiado mucho en China, cada vez hay un mayor número de trenes más modernos, rápidos y cómodos, nuevas rutas, con aire acondicionado, wifi, mejores ofertas gastronómicas. Pero los problemas del chunyun siguen siendo los mismos que viví a partir de 1975, y que de alguna forma hacen que cuando miro algunos titulares de la prensa local me sienta como retornando en el túnel del tiempo.
Publicado originalmente en Global Asia
Entrada "Año Nuevo Chino, transporte y trenes" en Reflexiones Orientales de Global Asia
Entrada "Año Nuevo Chino, transporte y trenes" en Reflexiones Orientales de Global Asia
11 diciembre, 2013
Ábacos, calculadoras, tiendas chinas y contando con los dedos
Cuando hace unos días la UNESCO declaró el ábaco como Patrimonio Cultural “Inmaterial” (¿?) de la Humanidad me vinieron a la memoria mis primeros años en China y en especial el asombro y extrañeza que me causaron entonces las tiendas de Beijing.
Puede sonar raro, pero el entrar a una tienda, recorrerla, comprar cosas, fue una de las primeras experiencias más interesantes que tuve en China y en donde empecé a intentar aprender algo y comprender algo del país.
De hecho, después de la llegada al Aeropuerto La Capital una noche del 7 de julio de 1975, al segundo día nos llevaron, en un auto con cortinas en las ventanas, como se estilaba entonces, a dar una vuelta por la ciudad que terminó en el famoso “Baiduodalou” de Beijing, los “Grandes almacenes” como decían entonces los traductores, y literalmente “Gran Edificio de Cientos de Productos”, la principal tienda de la capital china, en la más importante calle comercial de la ciudad, Wangfujing.
Durante el viaje en el auto no dejaron de asombrarme las bicicletas, la plaza de Tiananmen, los retratos de Mao, pero al fin y al cabo eso lo había visto ya en muchas revistas. Lo que vi en los grandes almacenes, sin embargo, y que luego se repetiría durante años en todo tipo de tiendas, fue una serie de cosas que, con mis 17 años, me causaron una impresión que aún recuerdo como si fuera ayer.
En primer lugar, me di cuenta, muerto de vergüenza en un principio y con una sensación casi de “estrella” de cine o de fútbol después –para qué negarlo- cómo todos nos miraban y la gente hacía círculos a nuestro alrededor observándonos de la cabeza a los pies. Y es que eran años en los que había pocos extranjeros y la población local miraba con ingenuidad y extrañeza a unos seres que, como en nuestro caso, les resultaban casi “marcianos”, en especial por lo largo de nuestras narices. (Ni qué decir si el extranjero era rubio, pelirrojo o de raza negra…)
La segunda impresión fue ver cómo el dinero que se pagaba y se devolvía era depositado en una bandeja pequeña, como de laboratorio u hospital, y manipulado con unas pinzas para que el vendedor o cajero no tuviera contacto físico con él. Aunque raro, lo entendí como una medida higiénica.
También una de mis primeras “lecciones de China”, al segundo día de llegar, fue aprender que ellos contaban del 1 al 10 con una sola mano, y me miraban con extrañeza y en algunos caso hasta miedo, cuando por ejemplo para pedir ocho caramelos extendía las dos manos hacia la cara del vendedor, una completamente abierta y la otra con los dedos anular y meñique cerrados.
Lo que más me llamó la atención, sin embargo, fueron los ábacos. Había un mínimo de dos o tres por mostrador, y emitían un sonido muy particular, no sólo cuando el vendedor los usaba para hacer sus cálculos, con una velocidad y destreza en los dedos dignas de un prestidigitador, sino cuando “jugaba” con ellos, lo cual era un fenómeno constante.
Admirador de “Les Luthiers” pensé que sería un instrumento ideal para el grupo argentino, aunque finalmente no sé si alguna vez llegaron a usarlo o no.
Esa “música” de los ábacos, que durante años sonó no sólo en tiendas, sino allí donde se cobraba dinero –restaurantes, peluquerías, hospitales y clínicas, ventanillas de venta de billetes, etc- fue durante décadas una de las cosas más típicas de China …. y más extrañas para mí.
Además, todos los ábacos eran iguales, todos del mismo tamaño, todos del mismo color …. con la única excepción de los ábacos de los bancos, que eran más largos, menos anchos y de color blanco.
Reconozco que nunca supe usar el ábaco, aunque con el tiempo aprendí a “leerlo” al revés, o sea antes de que el vendedor dijera la cifra, ya podía, desde el otro lado del mostrador, “adivinar” el monto que indicaba el ahora Patrimonio de la Humanidad.
Mis dos primeros años en China fueron de estudio del idioma, y cuando entré a la Universidad de Qinghua (o Tsinghua como se conoce también ahora), lo que usábamos ya era la regla de cálculo; ya que el ábaco aunque podía hacer “casi de todo”, no llegaba por ejemplo a los logaritmos, raíces cuadradas u otras operaciones más complicadas.
Entre los recuerdos del ábaco, una cosa que nunca dejó de llamarme la atención es que si por ejemplo compraba un producto de 1 Yuan y otro de 2 Yuanes, el vendedor siempre usaba el ábaco para sumar 1 + 2, para a continuación decir “son 3 yuanes”. Además, si pagaba 4 Yuanes con dos billetes de 2, el vendedor regresaba al ábaco para restar 4 – 3, para luego decir “le devuelvo un yuan”.
Hasta la “extinción” del ábaco como parte del paisaje de las tiendas o restaurantes, hubo un período de transición, de solape entre el ábaco y las calculadoras, eléctricas o electrónicas, período en el cual el que salía ganando siempre era el ábaco.
Así, volviendo al ejemplo anterior, una compra de 1 Yuan y otra de 2 Yuanes, primero se sumaba en la calculadora, y se obtenía el resultado de 3 Yuanes; sin embargo, el vendedor, tanto para cobrar como para dar el cambio, después de usar la calculadora, “volvía” al ábaco a comprobar si el resultado de la “modernidad” era el correcto.
Al final, la “modernidad” terminó venciendo y el ábaco se tuvo que retirar, esconderse en cajones, rincones o cajas de cartón, y en algunos casos terminando como elemento decorativo o de venta en tiendas de curiosidades.
China, Beijing, sus tiendas han cambiado mucho en las últimas décadas –y eso lo sabe hasta el que no haya viajado allí- y la decisión de la UNESCO me produce saudades de una época en que el ábaco era parte del mobiliario de las tiendas, donde aprendí que los chinos no contaban con las dos manos, que aparte del dinero existían los llamados “cupones de algodón” y “cupones de cereales”, que la unidad de peso era diferente, que entonces, en los años 70, las pilas usadas se devolvían para comprar nuevas, igual que se podían devolver los tubos de pasta de diente usados para comprar un tubo nuevo.
Las tiendas de China dan para esta y muchas más historias.
Publicado originalmente en Global Asia
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