28 octubre, 2017

Reflexiones sobre el XIX Congreso del Partido Comunista de China

Se han escrito, se siguen y se seguirán escribiendo ríos de tinta sobre el reciente Congreso del Partido Comunista de China. Por eso he estado dudando si escribir o no algunas reflexiones sobre el mismo. Pero como este es un blog dedicado a temas de China, al final he pensado que debería escribir algo sobre uno de los acontecimientos políticos más importantes de la República Popular.

Ha habido y hay comentarios para todos los gustos. Una parte de la prensa española, en su línea editorial, se ha inclinado por la crítica exclusiva a China. Algunos han titulado “China, más de lo mismo” –incluso antes de finalizar el Congreso- dando a entender que el país sigue siendo el mismo desde 1949, cuando se establece la República Popular, en especial en el tema de los derechos humanos.

He visto palabras como “expansión” y, lo que es peor, “colonización” de Europa por parte de las empresas chinas. Hoy leo otro editorial donde se califica a Xi Jinping como “amenazante timonel de China” y de que “los chinos tienen pocos motivos para augurar nada bueno”.


Comité Permanente del Buró Político del Partido Comunista de China 

Casi en ningún medio he visto referencias a los logros que ha alcanzado la República Popular en la lucha contra la pobreza del país más poblado del planeta y en cómo en muchos aspectos la vida de su población ha mejorado en los últimos años. Recordaba hace poco en estas Reflexiones Orientales cómo los ciudadanos chinos viajan libremente al exterior cuando antes no podían desplazarse libremente de una parte del país a otra, sin un permiso especial, donde muchos matrimonios vivían separados geográficamente y sólo se reunían una vez al año con motivo de la Fiesta de la Primavera (el año nuevo chino). Yo llegué a una China donde toda la alimentación estaba racionada a través de los cupones de cereales, donde comer carne y pescado era un lujo; donde para comprarse una camiseta de algodón había que tener también cupones, y en la cual el máximo lujo que se podía permitir un ciudadano chino era tener una bicicleta –cuya compra también estaba limitada-  un reloj de pulsera y una radio.

Los avances de China en la lucha contra la pobreza –que espera eliminar en menos de cuatro años- se produce en un contexto internacional donde hay casi 800 millones de personas que no tienen suficientes alimentos para tener una vida saludable y activa, según el Programa Mundial de Alimentación de las Naciones Unidas.

La fisonomía de las ciudades y el campo ha cambiado, hay mejores infraestructuras y viviendas, y aparte de las victorias en la lucha contra el hambre, la población ha mejorado su nivel de vida en todos los aspectos –como por ejemplo el transporte público e interprovincial.  Tenemos otros países con tasas de crecimiento económico similares o incluso superiores a China, países más pequeños con poblaciones equivalentes a la de un barrio de Beijing,  pero que no se han traducido en una mejora de vida de su población.

Por ello, y por su lucha contra la corrupción –detrás de la cual no podemos ocultar que también hay motivos políticos-  y la ostentación, Xi Jinping se ha ganado el apoyo de gran parte de la población del país. Al mismo tiempo ha estado amenazado constantemente, por facciones dentro del Partido que se han visto perjudicadas por su política.

Eso no quiere decir que no haya problemas y que todo sea perfecto (¿hay algún país en este mundo que lo sea?). La desigualdad entre ricos y pobres en China, por ejemplo, se ha incrementado de forma alarmante y espectacular. Hay aún graves problemas en la sanidad, y en especial en la vida de las personas mayores. Pero creo que vale la pena recordar los cambios y mejoras alcanzados.

Tampoco he visto muchas referencias a los grandes progresos que ha alcanzado el país en el desarrollo de varias de sus industrias y en la ciencia y tecnología, por no hablar de los grandes avances en el sector espacial.

Se han mencionado los importantes retos económicos a los que China deberá hacer frente. Sin embargo, recuerdo que desde hace más de 42 años que no paro de escuchar los peores diagnósticos sobre la gravedad de los problemas económicos del país. Como indicó recientemente el Profesor Ramón Tamames en el Instituto Cervantes de Beijing todos los años se escriben cantidad de libros anunciando las mayores desgracias para la economía china. “China ha decepcionado a los autores que pronosticaban su desastre” declaró también el Profesor Tamames en declaraciones a “China Hoy”.

El también Presidente de la República ha logrado incluir en los estatutos del Partido  (no sé por qué en gran parte de los medios en español se utiliza la palabra “Constitución del Partido”, tomada del inglés) el “pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo con características chinas para una nueva era”. Esto lo equipara directamente a Mao Zedong, pero creo modestamente que no a Deng Xiaoping como también se ha indicado. Los chinos son muy cuidadosos con el uso de las palabras, y mientras Mao y Xi son los únicos cargos cuyo pensamiento está incluido en los estatutos, para Deng Xiaoping se utiliza la palabra “teoría de”.

En cuanto a su posible sucesor dentro de cinco años se ha resaltado que éste no ha sido nominado, y que ninguno de los otros miembros del Comité Permanente del Buró Político lo podrían ser por razones de edad.

Los únicos “sucesores” oficiales en la historia del Partido Comunista de China han sido Lin Biao  (fallecido en 1971 en teoría tras un fallido golpe de estado contra Mao) y Hua Guofeng, a quien Mao le habría dicho antes de morir “estoy tranquilo cuando los asuntos están en tus manos” y por lo cual quedó durante un tiempo como el sucesor oficial de Mao.

Los “sucesores” de los otros dirigentes antes de Xi Jinping nunca tuvieron una “nominación” oficial, sino de facto. Podrían ocurrir en los próximos cinco años los siguientes escenarios: a) que en las Sesiones Plenarias del Comité Central haya cambios en el Comité Permanente del Buró Político, lo cual no sería la primera vez; b) que Xi Jinping recupere la posición de Presidente del Comité Central –como lo fue Mao- acompañado de la figura de un Secretario General-; c) que siga al mando del Partido y del Gobierno sin puesto alguno, como ocurrió con Deng Xiaoping entre 1989 y 1997 y al cual la prensa llamaba “el hombre fuerte de China” ya que su única posición oficial era la de Presidente de la Asociación China de Bridge, un juego al cual era muy aficionado.

En cuanto a la política internacional me ha extrañado en alguna publicación la comparación de la diplomacia de Xi Jinping con la supuesta política de “bajo perfil” de Deng Xiaoping. Pienso modestamente que no se puede comparar la política exterior de ambos dirigentes, ya que la situación interna y externa de China era complemente diferente en los años de Deng, desde finales de los 70 hasta 1989, a la del país que dirige Xi Jinping casi tres décadas después.

No debemos olvidar que fue justamente Deng Xiaoping quien a finales de 1978 abrió las puertas del país al extranjero, fue el primer dirigente en viajar a los Estados Unidos, y tuvo en sus manos uno de los temas más importantes de la diplomacia China en más de un siglo de historia: la devolución de la colonia británica de Hong Kong a la soberanía de la República Popular. No comprendo pues, con todos los respetos, esta comparación entre la política exterior de Xi y de Deng, y mucho menos el calificar a esta última como de “bajo perfil”.

En cuanto al llamado nuevo “culto a la personalidad” de Xi Jinping, es verdad que, en comparación con sus más próximos antecesores, ha habido un cambio importante y hay un continuo realce de la figura del actual dirigente chino. Como todo hay que verlo desde el punto de vista relativo, sin embargo, los que vivimos el culto a la personalidad de Mao Zedong y de Hua Guofeng, creo que podemos afirmar sin lugar a dudas que lo que está pasando con la idolatría a Xi Jinping, no tiene en absoluto nada que ver con el culto rendido a Mao y Hua.

Por último, es verdad y coincido, como se indica en varios artículos, que al mismo tiempo que se hace más fuerte, China estrecha sus acciones y medidas en todo lo relacionado con el control policial de su población y de los extranjeros, y en especial la prensa, incluidas las severas medidas de control y censura en Internet. La mejor, o peor, prueba de ello, fue que medios como el Financial Times, la BBC o The Guardian no fueron invitados a la última sesión pública del Congreso, algo inaudito en la historia de China. Ni siquiera en la guerra entre China y Vietnam, o en los momentos de tensión ideológica con la URSS, nunca se vetó a los corresponsales de la Agencia Vietnamita de Noticias, de la agencia TASS o de otros corresponsales provenientes de fuentes consideradas “no amigas” o incluso “enemigas” de China, a actos organizados por el Departamento de Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores u otros organismos gubernamentales chinos.


En todo caso, nos guste o no, estemos de acuerdo o no, esta China cada vez más poderosa seguirá su propio camino, con sus virtudes y con sus defectos.