22 diciembre, 2016

China y el síndrome de la superpotencia

Una de las bases de la diplomacia de Mao y de Zhou Enlai, seguida durante muchos años por sus sucesores, era que China no quería convertirse en una superpotencia, y que luchaba para que todos los países, grandes o pequeños, fueran iguales. (国家不分大小,应该一律平).

A medida que, como consecuencia de la política de reformas y apertura al exterior, China se ha transformado en la segunda economía del mundo y primera potencia comercial, su política exterior ha ido cambiando, es cada vez más activa, y se ha transformado en un importante protagonista de la diplomacia internacional.

Al mismo tiempo, de forma directa o indirecta, quiere mostrar al mundo, y que éste le reconozca, su papel como potencia mundial, y ha ido perdiendo esa modestia y "perfil bajo" que de alguna forma formaban parte de su cultura, su idiosincrasia, y su política exterior. Ahora está jugando en las grandes ligas y quiere que se le reconozca su papel.

Esto no sólo lo basa en su poderío económico y financiero, sino en el hecho demográfico de ser el país más poblado del mundo.

Lo vemos en detalles en apariencia insignificantes como en el fútbol (por el hecho de ser el país más poblado del mundo, y muy rico en recursos financieros quiere ser campeón mundial de ese deporte), en su actitud  ante los conflictos fronterizos en sus mares, y en su diplomacia y trato hacia otros países.

El último ejemplo de esto ha sido la normalización de las relaciones diplomáticas con Noruega, que habían sido afectadas como consecuencia del Premio Nobel de la Paz que el Comité correspondiente de Noruega -nombrado por su parlamento- decidió otorgar en el 2010 al disidente chino Liu Xiaobo.

Comentando esta normalización, el periódico en inglés Global Times, dependiente del Partido Comunista, indicó en un artículo que "Norway has a population of merely 4 million, but it tried to teach China, a country with 1.4 billion people, a lesson in 2010. It was a ridiculous story." (Noruega tiene una población de sólo cuatro millones pero intentó darle una lección a China con 1.400 millones de habitantes. Fué una ridícula historia) Ver artículo del Global Times pinchando aquí

Sin querer entrar en el debate de la idoneidad o no del Premio Nobel, lo que resulta de alguna forma asombroso y peligroso del comentario del Global Times es que solamente porque un país es más pequeño y tiene menos población que China, no tiene derecho a opinar sobre temas relacionados con el país más poblado del mundo.

Se trata, en mi modesta opinión, de una conclusión, aparte de errónea, peligrosa, y que rompe con una tradición diplomática de décadas de la República Popular. Representa, también en mi opinión, un giro de 180 grados en la diplomacia china y sienta un mal precedente.

El centro de la cuestión, según el Global Times, ya no es si la concesión del Premio Nobel fue justa o no, sino que un país con "sólo" 4 millones de habitantes no tiene derecho a opinar sobre temas relacionados con la potencia de 1.400 millones de habitantes.

Con este mismo criterio ya nadie podría opinar sobre temas de China, ya que todos los demás países del mundo tienen poblaciones más pequeñas.

Creo que el gobierno chino está en todo su derecho de criticar las decisiones de otros gobiernos, parlamentos o instituciones internacionales, al igual que éstos tienen derecho a expresar sus opiniones sobre temas relacionados con China.

Es una pena ver cómo la diplomacia china, caracterizada durante décadas por las buenas formas, la modestia, el trato igualitario, la búsqueda de consensos -aunque siempre defendiendo como es lógico sus propios intereses- se ha ido transformando y llegando a límites que estoy convencido Zhou Enlai nunca aprobaría.