21 marzo, 2014

Homenaje a María Lecea; el idioma español en China; exilios y desexilios

Creo que ha sido un gran acierto de la Embajada de España en China la reciente organización de un acto de homenaje a María Lecea, una de las pioneras de la enseñanza del español en la República Popular, a quien tuve el privilegio de conocer en su segunda etapa en Beijing, entre 1984 y 1989. Lamentablemente no pude estar presente en el acto, en el cual además se anunció que el Centro de Recursos de la Consejería de Educación, Cultura y Deporte de la Embajada  llevará el nombre de esta española, que junto con su esposo, Ataulfo Melendo, llegó a la capital china en 1955.


Después de varias búsquedas sin éxito en internet sobre este acto, por suerte me encuentro con la crónica de Rita Alvarez Tudela en ARNDigital“Homenaje en Pekín a María Lecea, pionera de la enseñanza del español en China.

Con honrosas excepciones, la historia de cómo el español entra en la República Popular
es uno de los tantos temas de China sobre los cuales la información disponible es casi inexistente, y del cual poco se habla en la infinidad de seminarios, cursos, artículos y conferencias que se dan sobre el país asiático.

En los últimos años el Instituto Cervantes, las embajadas de España y de los países latinoamericanos de habla hispana, y diversas instituciones oficiales y privadas del mundo hispanoparlante –así como el gobierno de China y organismos como los Institutos Confucio o los Centros Culturales- están realizando una labor muy importante para acercar cada vez más a estos dos mundos, tan lejanos –no tanto geográfica como culturalmente.

Sin embargo, creo que no hay que olvidar los orígenes; y si en China ya en 1953 –sólo cuatro años después del establecimiento de la República Popular, y en un país que recién comenzaba a recuperarse de décadas de guerras, hambrunas y sufrimientos de todo tipo- se empieza a estudiar la lengua de Cervantes es gracias a la iniciativa y decisión del gobierno chino, a la acción individual y sacrificada de un grupo de republicanos españoles y de latinoamericanos, y a partir de los años 60 gracias también al gobierno de Cuba, y ya en los 70, al de México, Chile y otros países de América Latina.
Es a mediados de los años 50 y en los 60 cuando empiezan a llegar a China un grupo de exiliados  españoles –entre ellos Maria Lecea y su esposo- algunos provenientes de la URSS (como el arquitecto Luis Lacasa) otros, como “Pepe” Castedo –a quien también tuve el privilegio de conocer en Beijing- desde Paris,  y de latinoamericanos de casi todos los países de la región, para trabajar como profesores universitarios y en los órganos de prensa gubernamentales, como Ediciones en Lenguas Extranjeras, la Agencia de Noticias Xinhua o Radio Pekin.
Creo que también es de justicia mencionar el caso de los brasileños, portugueses e incluso creo que angoleños, en lo relativo al idioma portugués.
Ahora que es tan “fácil” ser amigo de China hay que recordar que en las primeras décadas después del establecimiento de la República Popular, cuando se la quería aislar internacionalmente,  viajar a ese país estaba expresamente prohibido por muchos gobiernos, y el estar relacionado con China implicaba muchas veces persecución,  cárcel y “listas negras”.
Eran años difíciles desde todo punto de vista, -y pensar que ahora hay gente que se queja de las “dificultades” de la lejanía de China …- y muchos de esos “pioneros” tuvieron que vivir en China un exilio no exento de sacrificios.
Pero si exilio no fue fácil, lo que Mario Benedetti definió como el “desexilio” tampoco  fue un camino de rosas, lamentablemente, para María Lecea, “Pepe” Castedo, y muchos de los latinoamericanos que pudieron regresar a sus países cuando los cambios políticos lo permitieron.
Algunos de ellos fueron premiados –la propia María Lecea o “Pepe” Castedo, tanto por España como por China; y otros han quedado en el olvido. Pero los premios “no dan de comer”. Buscando en el cajón de los recuerdos me encuentro con una nota de Ramón Vilaró para El País de España del año 1986  donde la profesora española expresaba su deseo de poder recibir una pensión después de haberse dedicado a enseñar el español fuera de España durante, decía entonces, 42 años, aunque en la práctica fueron más ya que ella abandonó China en 1989.

Sinceramente no sé si al final se pudo arreglar el tema de la pensión.
En todo caso ojalá que este homenaje de la Embajada de España a María Lecea sirva para romper con esa especie de amnesia sobre este período tan importante, creo, para las relaciones entre España y América Latina por un lado, y la República Popular China por el otro, período que, en cierto sentido, sentó las bases de lo hoy son estas relaciones.
Viendo la poca reacción que el tema ha tenido en la prensa –salvo que yo no haya sido capaz de encontrar otras crónicas aparte de la citada en ARNDigital, en cuyo caso pido disculpas- no puedo más que continuar con mi pesimismo sobre el tema.


Publicado originalmente en Global Asia