24 febrero, 2014

China: y la reforma también reformó el idioma

Si una persona que está estudiando chino, o lo ha estudiado en los últimos diez años; si un ciudadano chino de unos treinta años viajara ahora en un túnel del tiempo a la China de mediados de los años 70, no entendería gran parte de lo que escuchase o leyese, como tampoco le entenderían muchas de sus expresiones.
Creo que lo mismo pasaría si se  hubiese “congelado” a un ciudadano chino de la década de los 70 y se le despertara ahora dejándolo en una calle de Beijing.
Y es que las transformaciones que han tenido lugar en la República Popular en las últimas décadas, no sólo han cambiado la fisonomía del país, destacados aspectos de su sociedad y de la forma de vida de su población, sino incluso hasta la forma de hablar, de expresarse y la escritura.
Meses atrás tuve el honor de reflexionar en el Instituto Cervantes de Pekín sobre los efectos que la reforma y la transformación de China han tenido sobre su idioma; reflexiones hechas  pura y exclusivamente desde la perspectiva de un “usuario” activo del idioma chino desde hace casi cuatro décadas, por lo que por las dudas espero que los filólogos y sinólogos puedan perdonarme.
Estas reflexiones, además, están muy limitadas por el espacio y por la necesidad obvia de intentar explicar en español aspectos relacionados con el idioma chino.
Todos coincidiremos, creo, en que es ”normal” y “lógico” que un idioma evolucione y cambie a medida que se transforma la sociedad, y más en los tiempos actuales de globalización y de espectaculares avances en la informática y las telecomunicaciones. En el caso del chino, sin embargo, tenemos un elemento más, y es al que nos referiremos exclusivamente en estas reflexiones: los cambios que han tenido lugar como consecuencia directa de las reformas económicas y la apertura al exterior.
Entre esos cambios nos encontramos con palabras y expresiones que “desaparecen”, otras que surgen y también algunas que cambian de sentido. En cuanto a las causas de este fenómeno tenemos elementos políticos, económicos, sociales, geográficos y una combinación de dos o más de esos factores.
El idioma chino de la República Popular siempre ha estado, y lo está hasta el presente, impregnado de un vocabulario político que abarca casi todos los aspectos de la sociedad. Ahora tenemos, con el Presidente Xi Jinping la expresión “el sueño chino” (que se usa no sólo para la política sino hasta para el deporte); con Hu Jintao tuvimos la “armonía”; previamente fueron  “las tres representaciones”;  y en los años 70 se hablaba, entre otras cosas de “médicos descalzos”, “jóvenes instruidos”, “escuela de puertas abiertas” o “comunas populares” expresiones éstas que no sé cuántos ciudadanos del país llegan ahora a comprender.
Como consecuencia de los cambios económicos y sociales, han desaparecido, por ejemplo, los “cupones de cereales” o “cupones de algodón”,  elementos fundamentales en la vida diaria de hace unas décadas atrás. De la misma manera, han surgido palabras y expresiones nuevas como “fin de semana”, “bar”, “cafetería”;  y ahora es algo normal hablar de “descuentos”, “rebajas”, “regateo”, cosa que, aunque para muchos de los actuales visitantes de los mercadillos chinos parezca extraño, eran conceptos que no existían.
La vida en los 70 era más “comunitaria”. El “¿has comido?” , “¿vas a comer?”, “¿de dónde vienes?”, “¿a dónde vas?”, “¡qué tarde has llegado!” eran expresiones de uso “normal” cuando se encontraban dos conocidos, como ahora lo son el “hola”, “buenos días”, “buenas noches”  o incluso el “byebye” que tiene su propia transcripción china (拜拜)
En lo social también ha desaparecido la palabra “duixian” (对象) literalmente “objetivo”, para referirse a novio o novia. “¿Tienes “objetivo”?”, “buscar “objetivo”, eran expresiones muy comunes entonces y que ahora podrían resultar ridículas.
Desde hace años ya se usa con frecuencia  el tratamiento de “señor”, “señora”, “señorita” (algo impensable en los 70) en lugar de “camarada”, palabra que ha quedado limitada a los actos del Partido Comunista,  y que  tiene ahora una nueva acepción, la de “gay”:   existe una literatura, un cine “camaraderil”, si podemos usar esta expresión,  como sinónimo de “gay”.
Tenemos  también palabras que “han retornado” al lenguaje diario pero con otro sentido. Un ejemplo es el caso de tuhao  (土豪) definida originalmente como “déspotas locales” por Mao y por las recientes ediciones de diccionarios chinos,  pero que ahora se usa de forma, entre envidiosa y despectiva, como sinónimo de “nuevo rico” o “rico sin cultura”; tanto como sustantivo como adjetivo.
Uno de los mayores cambios en el idioma chino, sin embargo, se produjo como consecuencia del establecimiento de las primeras Zonas Económicas Especiales, cercanas a Hong Kong, Macao y Taiwán y la consecuente llegada de empresarios chinos de esos lugares. Ello originó en mi opinión dos fenómenos muy importantes.
En primer lugar, significó el “regreso” a China continental de los llamados caracteres tradicionales. En los años 50 el gobierno chino simplificó un número importante de caracteres y de trazos en la escritura, creando los llamados caracteres simplificados, mientras que otros territorios chinos no controlados entonces por el gobierno de las República Popular no aplicaron ese sistema y siguieron usando lo que se conoce como “caracteres tradicionales”.
Desde la entrada de inversores de Hong Kong y Taiwan, aunque la escritura oficial en China continental es la de los caracteres simplificados, éstos conviven  –en nombres de tiendas y edificios, en catálogos, en tarjetas de visita y un largo etc.-con los tradicionales. Si Deng Xiaoping habló de “un país, dos sistemas” para referirse a la relación entre China continental y Hong Kong, en el caso de la escritura me atrevería a decir que tenemos “un idioma, dos escrituras”.
El segundo cambio importante fue la introducción en el lenguaje diario, coloquial y oficial en  China continental de palabras típicas de Hong Kong y Taiwan. Así los Edificios de Oficina (办公楼) se convirtieron en “Edificios de Escribir” (写字搂);  las grandes tiendas (“grandes edificios de cientos de productos” o 百货大楼) pasaron a ser “centros de compras” o  购物中心;  los edificios pasaron a ser “torres” o 大厦 (aunque no tengan ni 5 pisos), y así un largo etc. Cambiaron los nombres de cosas como los taxis, autobuses, lavabos,  o el uso de expresiones como “la cuenta,  por favor”.
Por último, fue muy significativo el que se comenzaran a usar siglas del inglés en el lenguaje escrito, para expresiones que ya tenían su definición y se usaban perfectamente en chino. Así, es corriente encontrarse ahora en periódicos de la República Popular con siglas como “GDP”, “CPI”, “IPO” para referirse a definiciones económicas que siempre tuvieron su correspondiente expresión en chino.
Si a todo esto le agregáramos factores como las diferentes formas de hablar entre una generación y otra, o los efectos de la “revolución digital” en las comunicaciones, nos encontraríamos con cambios mucho más profundos entre el idioma chino que se utiliza hoy y el que me tocó empezar a estudiar a mediados de los años 70.
Al mismo tiempo, y como insisto cada vez que me refiero a esa realidad tan complicada que es China, donde nada es completamente blanco o negro, en medio de estos tremendos cambios idiomáticos, hay expresiones que siguen siendo iguales a las de los años de Mao. Así, por ejemplo, los discursos de los líderes son siempre “importantes discursos”; las bienvenidas son siempre “calurosas”; las visitas son en su mayor parte “amistosas”, y las reuniones se inauguran siempre de forma “solemne” y se clausuran de manera “victoriosa”.

Resultado de una charla dada en el Instituto Cervantes de Pekín reflexiono sobre este tema en un artículo publicado originalmente en Global Asia.