20 enero, 2013

Esperando el Año Nuevo Chino – tradiciones y modernización



Un año más, el 37º para mí, se acerca el Año Nuevo chino, la fiesta tradicional más importante del país, en varios de sus vecinos asiáticos, así como para las comunidades chinas en todo el mundo.


Después de casi cuatro décadas, y a pesar de los tremendos cambios que ha experimentado la República Popular, hay cosas que siguen igual que antes –los problemas con el transporte o con  los fuegos artificiales de mala calidad, los espectáculos de diálogos cómicos en la televisión y teatros de todo el país- mientras que la modernización ha traído nuevas modas, con “características chinas” como la contratación de falsos novios o novias para pasar estas fiestas.


Este fin de semana la celebración de la “Fiesta del Laba” ha marcado el comienzo oficioso de las celebraciones del Año Nuevo Lunar, que entrará el 10 de febrero según el calendario gregoriano, y que corresponde al “Año de la Serpiente”.


Miles de años atrás, los chinos comenzaron a regirse por un calendario con elementos lunares y solares –aunque se conoce como calendario lunar- que servían principalmente como referencia para las tareas agrícolas y la definición de las estaciones.


Cada año nuevo, según ese calendario, siempre comienza entre finales de enero y mediados de febrero, dependiendo de la luna, y se corresponde –hasta un máximo de doce- con el  nombre de un animal. Ahora aún estamos en el año del Dragón y entraremos en el de la Serpiente- y esos doce animales se van repitiendo de forma continua.


Existe una combinación de dos elementos (los doce animales por un lado y diez nombres celestiales por el otro) para fijar el número del año. Por ejemplo 1911, cuando la revolución republicana que termina con la era imperial, fue el año Xinhai, y por eso dicho movimiento se conoce también como la revolución de Xinhai.

A diferencia de otras civilizaciones y culturas, sin embargo, los chinos no contaban los años según una secuencia correlativa e infinita de números, por lo cual no se puede decir que China ha entrado en el año “X”, o que estamos en el año “Y” del calendario chino, como sí se hace con otros calendarios como el judío o el persa. Lamentablemente, aún se pueden ver en occidente referencias a que China ha entrado o entrará en año cuatro mil y algo de su calendario, cuando los chinos ni han usado ni usan esa referencia para contabilizar el paso del tiempo.


Hasta 1911, cuando cae la última dinastía, la forma más común de contar y definir los años era a través de esa combinación de dos elementos citada anteriormente, y más popular aún, según los años de reinado de una dinastía determinada. (Por ejemplo, el año “X” de la Dinastía Ming). Incluso ahora en Taiwán, aparte del calendario gregoriano, los años también se cuentan por el tiempo transcurrido desde la revolución republicana de 1911. La República Popular China, por su parte, establecida por Mao en 1949, adoptó desde entonces el calendario gregoriano.



Tuve la oportunidad de pasar en Beijing mi primer año nuevo chino en 1976, estando aún Mao vivo. Al igual que la Navidad en Occidente, la tradición “obliga” a un reencuentro de los miembros de una misma familia en esas fechas. Para muchas familias chinas divididas geográficamente en un país tan extenso y entonces con limitaciones a los movimientos internos de su población, esa era la única oportunidad del año para reencontrarse. 


En el campo, las fiestas duraban 15 días, y en las ciudades –donde los centros de enseñanza paralizaban sus actividades- aunque los días festivos eran muy limitados, el movimiento de gente duraba unas dos semanas para aquellos que tenían la suerte y las posibilidades de viajar y reencontrarse con los suyos.

El conseguir un billete de tren o de autobús, así como la aprobación para desplazarse a otro punto del país, se convertía en un verdadero dolor de cabeza y ya entonces –ahora en el 2013 mucho más- tenía lugar en esas fechas uno de los mayores movimientos de transporte de pasajeros del mundo –tanto de ida como de vuelta- .


Las casas, edificios, parques públicos se llenaban de carteles en rojo anunciando la “Fiesta de la Primavera” (春节), las familias se reunían la víspera del año nuevo a disfrutar de programas especiales de televisión, donde destacaban los espacios cómicos y en especial los “Xiangsheng” (diálogos cómicos contados por parejas de actores), y al llegar la medianoche, los petardos ensordecían a los habitantes de las ciudades, y en especial a los del campo.


Era la época del año donde mejor se comía –en muchos casos la única época del año donde se podía comer carne u otros alimentos considerados de lujo- y las cédulas del Partido Comunista así como las autoridades en las fábricas u otras entidades entregaban beneficios materiales a los trabajadores o estudiantes –huevos, aceite, fruta …- así como entradas para el cine, teatro o espectáculos artísticos.


Los dirigentes visitaban “a las masas” y tenían especial atención en tener detalles con los jubilados y los héroes de la revolución o de los movimientos políticos más recientes.


Muchas parejas aprovechaban esa fiesta para casarse, mientras que para muchos matrimonios que estaban separados geográficamente debido a “las necesidades del Partido” esa era la única época del año en la cual podían convivir bajo un mismo techo. Los medios de prensa, y en particular los encargados de la planificación familiar, ponían especial atención en esas fechas a la divulgación de conocimientos sobre métodos anticonceptivos así como a la estricta política de control de la natalidad.


Estos días en Beijing, mientras miro la televisión, escucho la radio, leo la prensa más popular, hablo con la gente y paseo por las calles, veo toda una serie de fenómenos que –a pesar de los tremendos cambios que han tenido lugar en China en las últimas casi cuatro décadas de reformas, de “modernización” y occidentalización del país- parecen ser los mismos de mis primeros años en este país.


El transporte ferroviario sigue siendo una de las claves del año nuevo chino, y las autoridades hablan diariamente de ello, explicando cómo se está organizando ese transporte y cómo se lucha, al igual que 37 años atrás, contra los revendedores de billetes. No debemos olvidar que estamos hablando de por lo menos decenas de millones de personas que en estas fechas se desplazan por todo el país. 


La policía se dedica a confiscar y destruir ante las cámaras de televisión y de la prensa en general, toneladas de petardos y fuegos artificiales confiscados por problemas de calidad o que han sido fabricados de forma ilegal.


Los dirigentes ya están empezando a visitar a los más desfavorecidos, el gobierno ha aprobado la entrega de un subsidio especial para las familias o personas con menos recursos económicos, los teatros anuncian por la radio las diferentes sesiones de espectáculos, y en especial de los diálogos cómicos “Xiangsheng” que tendrán lugar en los próximos días, y la actividad en las tiendas y restaurantes se multiplica al tiempo que poco a poco va disminuyendo la actividad en la administración y empresas del país, y los temas importantes se van dejando para “después del año nuevo”.


La modernización, las reformas y el desarrollo reciente de China, al mismo tiempo, también han cambiado y mejorado algunos de los fenómenos relacionados con el Año Nuevo Lunar. Ahora, por ejemplo, la circulación de los ciudadanos es libre en todo el país y no hay que pedir permiso para salir de una ciudad o desplazarse a un lugar determinado.


Millones de automóviles privados –inexistentes en los años 70- se preparan para recorrer las autopistas chinas –algo también nuevo fruto de la modernización- que durante un período de más de una semana no cobrarán peajes, lo cual producirá seguramente atascos espectaculares. 


Otros, cansados de tanta tradición, aprovecharán esas fechas y estas vacaciones –las más largas del año- para viajar libremente al exterior.


La modernización de China ha originado también cambios importantes en la sociedad del país y, en consecuencia, en la forma de pasar estas fiestas. 


Matrimonios o parejas que se han separado, pero que no quieren decírselo a sus padres, vuelven a juntarse estos días para, guardando las apariencias, visitar a sus mayores. 


Aparte de esto, desde hace unos pocos años, ha surgido un fenómeno nuevo que consiste en que mucha gente soltera, pero en edad de casarse según las tradiciones de sus mayores, llega a acuerdos con amigos o conocidos para que actúen como “novios” o “novias” en las visitas a sus padres que viven en la lejanía, y así dejan contentos y tranquilos a sus mayores y se evitan el tener que soportar la presión familiar por el hecho de seguir solteros a una edad impensable en la China tradicional.


Poco tiempo ha pasado para que este fenómeno, como casi todo lo que ocurre en este país, se comercialice, y hayan aparecido agencias que se dedican a “alquilar” novios o novias “falsos”, en un proceso que ya se puede hacer vía Internet y que el usuario puede manejar como si se tratara de la compra on line de un producto de un supermercado.


Una vez más, y como en muchos aspectos de la vida de China, la tradición y la modernización se combinan y se adaptan a las nuevas circunstancias sociales y políticas del país, creando fenómenos que, como éste de los alquileres de novios, tiene verdaderamente “particularidades chinas”.