02 marzo, 2018

45 años de relaciones diplomáticas entre España y la R.P. China - Viendo el vaso medio vacío

El día 9 de marzo se cumplen 45 años desde que los gobiernos de España y la República Popular China firmaron en París el acuerdo para el establecimiento de relaciones diplomáticas. Mucho ha cambiado desde entonces. España ya no es la España de Franco; China ya no es la China de Mao, y el mundo actual no tiene nada que ver con el de 1973. 


Las relaciones bilaterales también han experimentado cambios y progresos espectaculares, en todos los aspectos, políticos, económicos, sociales, culturales, deportivos y un largo etcétera y supongo que estos días los discursos y muchos artículos se dedicarán a elogiar los logros alcanzados en todos los campos.

Y como no voy a repetir esos aspectos positivos -ya muchos se encargarán de hacerlo- me gustaría, sin ser negativo y sin negar todo lo bueno que ha ocurrido en estos 45 años, reflexionar sobre el vaso medio vacío de la situación actual.

Como resumen, y a pesar de todo lo logrado, España sigue estando muy lejos de China, y muchos temas se tratan, en mi modesta opinión, de una forma parcial y sin tener en cuenta la situación de la China de hoy.

En estas reflexiones no voy a hablar sobre las relaciones políticas y las económicas, para eso hay muchos expertos, sino que pondré el énfasis en la sociedad civil en general.

Sin embargo, no puedo dejar de destacar dos aspectos que tienen que ver con la economía. En primer lugar en lo relacionado con el comercio bilateral. Es verdad que el déficit comercial con China es espectacular, y representa una gran proporción del déficit global del comercio exterior español. Sin embargo, las "quejas" o "lamentos" sobre este déficit van dirigidas siempre a las autoridades chinas.

Con frecuencia se elogia el crecimiento de la presencia de empresas españolas en China, pero lo que no se dice es que una parte de esas empresas españolas se dedica -lo cual es perfectamente normal y "lícito"- a exportar productos chinos a España. Por lo tanto una parte de ese déficit comercial está generado por esas empresas españolas a las que se elogia por estar instaladas en China, mientras que las "quejas" son contra la República Popular. Creo que de lo que se trata en definitiva es del mercado, de la ley de la oferta y la demanda.

En segundo lugar, se intenta "vender" a China, para sus operaciones en el exterior, en especial en el proyecto que ellos llaman "la franja y la ruta" (las dos antiguas rutas de la seda, por tierra y por mar) que España es una potencia mundial en infraestructuras. Sin embargo, éste es uno de los sectores donde precisamente China es más que fuerte, donde puede competir perfectamente con las empresas españolas. Sinceramente considero que España tiene poco que aportar o "enseñar" a China en este aspecto. No hace falta ser un experto, basta con visitar el país, ver sus carreteras, líneas ferroviarias, puentes, edificios, para darse cuenta de esta realidad, y ver las obras que están haciendo por el mundo, como el edificio más alto de Marruecos, por ejemplo.




Ya entrando en la sociedad civil, después de 45 años, aún no hay un consenso en España sobre cómo deben escribirse o mencionarse los nombres chinos, tanto de personas como de ciudades. Tenemos una gran variedad de opciones. Por si esto fuera poco, en algunos casos, incluso de organismos muy relacionados con China, los nombres de sus dirigentes se escriben mal. 

Lo que es más grave es que instituciones y prensa de prestigio no sepan quién es desde hace cinco años el Primer Ministro de China, y a veces usen el de su predecesor.

Estos hechos demuestran, por lo menos, dos cosas: a) que China está mucho más adelantada que España en este sentido ya que nunca he visto errores de este tipo en los 43 años que llevo relacionado con ese país; b) que con los medios actuales de información, como Internet, cometer estos errores son una muestra de la falta de interés, de profesionalidad que existe en varios niveles de la sociedad civil española con respecto a China, ya que lo mismo no ocurre cuando se habla de otros países.

Los que siguen estas Reflexiones Orientales sabrán que insisto mucho sobre este tema; pero ¿cómo se puede llegar a tener un conocimiento elemental sobre un país cuando ni siquiera se escriben bien los nombres o no se sabe quiénes son sus dirigentes? Por lo tanto, considero que es un hecho muy grave, y que en teoría tendría muy fácil solución (no hay que aprender chino para eso), si se pusiera un mínimo de interés. 

Podría seguir poniendo muchos más ejemplos, pero no me quiero extender demasiado, que muestran el desconocimiento que existe en España, en todos los niveles, sobre cosas básicas de China. 

Parece que mientras pasa el tiempo, en España se va retrocediendo en lo relacionado con el conocimiento de China; a pesar de que estamos hablando de la primera potencial comercial y de la segunda economía del mundo, y de un país que, si todo sigue así, está llamado a convertirse en un futuro en el más influyente del mundo. Y todo esto, también, a pesar de que crecen las Instituciones públicas y privadas dedicadas a temas chinos, lo mismo que el número de "expertos" en China.

Un elemento muy importante a tener en cuenta es la gran velocidad con que se están produciendo los cambios, en todos los campos, en la China de hoy. Yo que visito con frecuencia el país, si estoy uno o dos meses sin viajar, al llegar a Beijing me encuentro con todo tipo de cambios, políticos, económicos, legales, de costumbres, etc. Una cosa válida en la China de esta semana, puede quedar obsoleta en menos de un mes.

Otro aspecto preocupante es el uso muy generalizado de las palabras "invasión", "colonización" o "amenaza" para referirse a las inversiones chinas o a la implantación de empresas de ese país en España. No se dice lo mismo, sino al contrario, cuando una empresa española se instala o invierte en China u otros países, o cuando son otros los que invierten en España. La empresa Opel, por ejemplo, decidió continuar con su inversión en Aragón sólo después de haber conseguido empeorar una serie de condiciones laborales, pero eso no fue criticado en los medios en general, sino que se dio como una buena noticia. 

También existe en algunos medios de prensa y en parte de la sociedad lo que mi querido amigo y veterano conocedor del mundo chino Fernando Pastrano llama "Sinofobia", palabra que él considera, y yo estoy de acuerdo, debería ser aceptada por la Real Academia Española. Siguen habiendo una serie de tópicos que rozan con el racismo y la xenofobia en lo relacionado con China y sus habitantes. 

Desde los años 50 del siglo pasado ya estaban en China estudiando el español, y de sus facultades han salido embajadores y muchos otros funcionarios de importancia. ¿Podemos decir lo mismo de España?  En lugar de apreciar esos esfuerzos muchos se dedican a burlarse de la pronunciación de esas personas que hablan español (a algunos de los cuales les cuesta pronunciar la "r"). 

¿Cuántas personas que hablen un chino fluido, lo escriban y lo lean, trabajan en las diferentes administraciones españolas? Y no es por falta de personal, porque sí hay gente preparada en España para eso. Es por falta de interés.

¿Cuántas personas en España son capaces de nombrar al reciente Premio Nobel de Literatura chino; cuando un ciudadano medio chino sí conoce "Don Quijote"?

Se siguen usando una serie de tópicos sobre los ojos de los chinos y días atrás uno de los presentadores de televisión con mayor audiencia dijo que "los chinos no necesitan espejos porque son todos iguales".

Me gustaría destacar también que hay actualmente en España diversos organismos públicos y privados dedicados a China. Esto en sí es una cosa buena. Lo malo es que son muy pocos los que están abiertos a la sociedad, a las personas interesadas en China, hay una especie de competencia por demostrar quien sabe más de China. El hecho es que ninguno de esos organismos ha hecho nada con motivo de La Fiesta de la Primavera, y no creo que lo hagan tampoco para celebrar el 45 aniversario de las relaciones. Me gustaría equivocarme y pedir perdón si ese es el caso.

Por último, y perdón por extenderme tanto, pero 45 años no se cumplen todos los días, la situación lingüística de la España actual, está cerrando las posibilidades para que los interesados en China puedan participar en muchas actividades, lo cual terminará empobreciendo aún más el pequeño universo de aquellos que nos gusta seguir todos los aspectos del país asiático (política, historia, economía, aspectos sociales, etc). Ya he contado casos de Conferencias en Cataluña o en Valencia donde hubo charlas que no se dieron en español, lo cual impidió a mucha gente de España que no domina esas lenguas regionales, como es mi caso, asistir a las mismas.

La discriminación contra el español en una parte importante de España, por su parte, hará que el creciente número de estudiantes chinos que vienen a este país a estudiar la lengua de Cervantes, vea cada vez más limitado el espacio geográfico donde puedan usar con completa libertad el español (y cuando digo usar me refiero a leer, rellenar formularios, ir al médico y un largo etcétera). Por suerte esto no ocurre en toda España, y por suerte está América Latina, que muchos años antes que España -en primer lugar Cuba y México- abrió sus puertas a los estudiantes chinos de español.

En definitiva, sinceramente creo que España en general no es consciente de lo que es la China de hoy, no conoce la China actual, se sigue actuando en muchos casos como hace décadas atrás, cuando China era otro país, y no se toma en serio el "tema de China". La que sale perdiendo en esto es España, y espero que no tengan que pasar otros 45 años para que mejore la situación.