19 noviembre, 2015

Una nueva decepción para el fútbol chino

La selección nacional de fútbol de China no pudo esta semana pasar de un empate ante el combinado de Hong Kong y se complicó su posible participación en la Copa del Mundo del 2018 en Rusia.

Ahora, al equipo nacional chino -dirigido por el francés Alain Perrin- le quedan dos partidos por jugar, pero no depende de sí mismo sino del resultado de otros para ver si puede clasificarse.

La rabia y la decepción se apoderaron de los millones de aficionados al fútbol que hay en China y el tema fue tratado en la prensa oficial ya que, de alguna manera, este resultado va en contra de los deseos públicos del máximo líder Xi Jinping de que China pueda clasificarse para una Copa del Mundo, y al final pueda ganarla.

En realidad la República Popular sólo pudo participar una vez en una Copa del Mundo, la del 2002 en Corea del Sur y Japón que permitió a equipos más débiles del continente asiático estar presentes en la misma.

Es conocida la afición del Presidente chino Xi Jinping por el fútbol y su deseo, su "sueño" de ver a la selección china entre las primeras del mundo. Para ello el Gobierno ha fijado un plan de reforma y de estímulo del fútbol en los centros de enseñanza y en las competiciones del país.

La población y las autoridades del país recuerdan con frecuencia dos factores por los que el fútbol chino "debería figurar" en la vanguardia mundial: el factor demográfico -ser el país más poblado del planeta- y el factor económico -el ser la segunda potencia económica del mundo.

Por suerte para países como Uruguay -pequeños y sin la riqueza de China- el fútbol es algo más que dinero y población, el fútbol tiene mucho de tradición, de historia y de lo que nosotros llamamos "la garra".

Modestamente, y sin ser un experto en la materia, dudo que todo el dinero del mundo pueda "comprar" un campeonato mundial, como lo ha venido demostrando la historia de los mundiales de fútbol que, en 1930, comenzó en un pequeño país llamado Uruguay.