03 febrero, 2019

Un año más, ¡Feliz Fiesta de la Primavera!

El treinta de enero de 1976, un poco más de seis meses después de haber llegado a Beijing, fui con mis padres y mi hermana Laura a la casa de una familia china para celebrar nuestra primera "Fiesta de la Primavera". 

Ha pasado mucho tiempo; han tenido lugar grandes cambios; muchas cosas son distintas, pero otras, a pesar del tiempo, son iguales que esa noche fría de enero cuando por primera vez entramos en una casa china.

El nombre oficial de la festividad era entonces "Fiesta de la Primavera" y en los edificios públicos se colgaban dos faroles rojos, cada uno con un caracter chino que resumía la celebración: 春 (primavera) y 节 (fiesta).



Entonces no se mencionaba oficialmente eso de "año nuevo", "año nuevo lunar" o "año del Dragón" que fue por cierto en el que entramos a partir de esa noche. Sin embargo, desde ese día aprendimos que esa era la festividad más importante del país; la noche cuando se reunían las familias para comer lo mejor que podían, escuchar en la radio o ver en la televisión programas especiales, con mucha música y muchos "xiangsheng",  parejas de cómicos que contaban chistes.

Lo típico era que todos los comensales participaran en la preparación de los jiaozi, comida obligada esa noche, una mezcla de ravioli italiano y empanadita rioplatense. Con los palillos había que agarrar un poco de relleno, ponerlo sobre una masa redonda de harina y luego cerrarlo con los dedos, dejándolos listos para ser hervidos. A mí no se me daba nada bien ese trabajo, el raviol se me quedaba abierto y yo estaba rojo como un tomate, por la vergüenza.

En la casa del anfitrión, uno de los jefes de Ediciones en Lenguas Extranjeras, había otros compañeros de trabajo de mis padres y por eso hablábamos en español. A pesar de que su vivienda era más grande y cómoda que la de un trabajador común, fuimos conscientes de la vida de privilegio que llevábamos en nuestros apartamentos del Hotel de la Amistad. Solo como un detalle, en la casa del anfitrión el suelo era de cemento, y el radiador de la calefacción un elemento casi decorativo, y pasamos mucho frío. Pero no nos importaba, comimos, bebimos, nos reímos. No sé cuántos platos de comida pusieron. Sé que muchos se quedaron sin tocar y que el último tenía que ser un pescado, para -en un juego de palabras por tener una pronunciación igual- que hubiera "prosperidad" en el nuevo año.

No recuerdo cuántos años se repitió esta tradición pero por lo menos deben haber sido tres o cuatro.

En esos años se trabajaba seis días a la semana y los únicos feriados eran los días uno de enero, de mayo y de octubre. No existía el concepto de "fin de semana" ni de vacaciones. Por eso era la fiesta más importante del año. Ya no recuerdo cuántos días de descanso había en las ciudades, pero fácilmente serían cuatro o cinco. En el campo era diferente porque el trabajo dependía de las necesidades agrícolas, pero ya la tradición decía que la Fiesta terminaba el día 15 del primer mes con la llamada "Fiesta de la Linterna".

Aparte de esa cena y de ser la noche del año, en el frío invierno de la capital, en que la gente se acostaba más tarde, en los días siguientes nos llevaron a ver fiestas populares, donde había bailes, la danza del dragón, espectáculos, gente con zancos y puestos de comida.

También en esos años no era raro que los miembros de un matrimonio vivieran en dos regiones diferentes del país, allí donde "les mandaba el Partido". Por eso una profesora de español podía ser destinada a Shanghai y su esposo a Tianjin y esos días eran prácticamente los únicos en que vivían juntos. Además muchas parejas aprovechaban para casarse y así juntar los días de la Fiesta con los que le correspondían por matrimonio. Por eso los "equipos" encargados de la "planificación familiar" no daban abasto haciendo propaganda, casi casa por casa, y distribuyendo preservativos. La radio y la televisión también se encargaban de hacer propaganda al  respecto. La política de entonces era tener dos hijos por familia, y no uno sólo como cuando regresó Deng Xiaoping.

Al igual que hoy, el transporte era uno de los mayores problemas de esos días, y al igual que hoy la televisión mostraba cómo eran detenidos los revendedores de billetes. En ese entonces no existía libertad de desplazamiento para los ciudadanos y para comprar un billete de tren había que tener una "carta de presentación" de la entidad de trabajo. En el caso de los estudiantes que estaban en las Universidades o Institutos Superiores, eran éstos los encargados de comprar de forma unificada los billetes de tren.

Al igual que hoy, los dirigentes visitaban a "las masas", a los veteranos revolucionarios ya jubilados y a alguna unidad del ejército.

Era la época del año cuando se comía y se vivía mejor. En la Universidad- que es donde lo vi, pero también en las entidades de trabajo como se llamaban entonces- repartían grandes cajas de cartón llenas de huevos u otros alimentos "de lujo"; también se distribuían entradas para cine, teatro u otros espectáculos. 

Salvando las diferencias, al igual que hoy o en la Navidad en nuestros países, es cuando más consumo había y las tiendas tenían más clientes, ya que quienes volvían a ver a sus padres, por ejemplo, en sus lugares de origen, tenían que ir bien cargados de regalos.

Aunque no se hacía de forma oficial en la prensa, la gente sí hablaba de los "animales" correspondientes a cada año. Conmigo siempre había discusiones, porque ellos preguntaban "¿De qué año eres?" y yo respondía. Entonces me decía que era gallo. Pero no me preguntaban el mes de nacimiento, y como nací un 5 de enero, aún no había entrado el nuevo año, con lo cual pertenecía al anterior y resulta que era perro. Estuve años con la discusión de si era gallo o perro.

En esa época tampoco existía, por lo menos de forma pública en las ciudades -de verdad no sé cómo era en el campo- la costumbre de dar a los niños un sobre rojo con plata.

En todo caso, ahora muchas cosas han cambiado -se puede viajar libremente no sólo dentro de China sino al exterior, se habla abiertamente de los doce animales, se regalan "sobres rojos" incluso con el teléfono móvil, y los festejos han mejorado mucho en cuanto a la calidad y el nivel de consumo.

Al mismo tiempo, al igual que entonces, las familias se siguen reuniendo para comer jiaozi a medianoche, miran el programa especial de Año Nuevo en la televisión,  sigue habiendo muchos casamientos, el transporte es uno de los mayores dolores de cabeza de las autoridades y se siguen apresando a los revendedores de billetes, y los dirigentes visitan a "las masas".

Han pasado ya cuarenta y tres años de mi primera Fiesta de la Primavera. Casi la mitad los he pasado en China, y la otra parte siempre he intentado estar en la víspera o en los primeros quince días del año nuevo. 

Con excepción del año del calendario gregoriano, en los últimos cuarenta y tres años, siempre he visto en los almanaques y en la prensa referencias al calendario agrícola, que tiene ciclos de sesenta años, que se van repitiendo a medida que se cumplen. La gente entones se guiaba por las fechas del calendario agrícola para algunas fiestas como la de "Mediados de Otoño" y para marcar días especiales del año en cuanto a comidas o clima.

No sé por qué, en Occidente se empeñan en hablar todos los años de un calendario que en China no se utiliza en la actualidad; ni en la China continental, ni en Hong Kong ni en Taiwán. Es el "calendario del Huangdi" (Calendario del Emperador Amarillo) según el cual ahora entraríamos en el año 4717. ¿Por qué insistir en algo que los propios chinos no usan? Perdón por mi ignorancia, pero no lo comprendo.

Para terminar, y como buen viejo que soy me ato a las tradiciones que tuve de joven, les deseo a todos los lectores 春节快乐!, una ¡Feliz Fiesta de la Primavera!

@PabloRovetta

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