13 octubre, 2017

Pasado y presente de los congresos del Partido Comunista de China

Como se ha anunciado públicamente desde hace bastante tiempo, el 18 de Octubre tendrá lugar en Beijing el XIXº Congreso Nacional del Partido Comunista de China. Fieles a las supersticiones que han regresado a la China de hoy, el 18 es un número de "prosperidad y riqueza" en la tradición china. Estoy casi seguro que no se habría elegido el día 14 ("quiero morir") para esa inauguración.

Igual que en los Congresos de los últimos años, como en las reuniones de la Asamblea Popular China (parlamento), las convocatorias se anuncian previamente de forma pública. Se establecen centros de prensa, se permite la asistencia de periodistas a algunas sesiones plenarias (como la inauguración y la clausura), y se realizan conferencias de prensa. Incluso el cuerpo diplomático acreditado en Beijing es invitado a participar en algunas de esas inauguraciones y clausuras.

En este sentido, y espero que no se me malinterprete, es lo mismo o parecido a lo que ocurre en muchos congresos de partidos políticos en Occidente. En China, sin embargo, las cosas no son tan fáciles. Los periodistas, diplomáticos y seguidores de la situación china llevan semanas o meses intentando averiguar qué pasará en este Congreso, en especial en lo que a los cambios en los principales puestos directivos se refiere, y a la nueva posición que podría tener el actual líder Xi Jinping.

Es verdad que siguen existiendo reuniones secretas, como las que tienen lugar todos los años en el balneario de Beidaihe desde hace décadas, cerca de 300 kilómetros de Beijing, y que muchas Sesiones Plenarias del Partido se anuncian sólo una vez realizadas.

Esta "apertura" al exterior de las principales reuniones del Partido y el Parlamento no ocurría a mediados de los años 70, cuando llegué a la República Popular.

En esos años los Congresos, Sesiones Plenarias del Comité Central, y reuniones del Parlamento, se anunciaban siempre sólo después de haberse realizado.

En esa época el trabajo de los periodistas, diplomáticos, observadores de China y espías -había no pocos en Embajadas importantes en Beijing- no era tarea fácil, o mucho más difícil que ahora.



Los que vivíamos en el Hotel de la Amistad, donde residían los llamados "expertos extranjeros", nos enterábamos de que iba a tener lugar una reunión importante ya que un grupo selecto de personas que trabajaban en la Agencia Xinhua, Radio Pekin -como se llamaba entonces- u otros organismos de prensa, eran trasladados a un lugar secreto durante días o semanas, sin comunicaciones con el exterior, para dedicarse a la corrección de estilo de los diferentes comunicados que, en decenas de lenguas extranjeras, incluido hasta el esperanto, se emitirían una vez terminadas las reuniones.

Más de una vez, los periodistas, diplomáticos o espías, presumían que "algo estaba pasando", ya que les resultaba "anormal" ver tantos vehículos en el Gran Palacio del Pueblo, y las luces encendidas hasta altas horas de la noche. También se producían de vez en cuando filtraciones desde Hong Kong, muchas veces por parte de las diversas facciones del Partido y el Gobierno. Una de las fuentes más prestigiosas era el periodista David Bonavia, corresponsal de The London Times en Beijing desde 1972 y luego articulista del "Far Eastern Economic Review", una especie de "Biblia" indispensable para los seguidores de la actualidad china.

Años después del comienzo de la política de apertura al exterior, en diciembre de 1978, esas reuniones importantes se fueron anunciando antes de realizarse y se comenzó a invitar a periodistas y diplomáticos extranjeros. De todos modos eran años sin Internet y los medios de comunicación que existen en la actualidad y había que ingeniarse por dar la exclusiva.

Es muy famoso el caso, y no sé si conocido suficientemente, de cómo la Agencia EFE, único medio de prensa español entonces, dio la noticia del nombramiento de Zhao Ziyang como Primer Ministro en 1980. El corresponsal de EFE preparó previamente una crónica sobre el nombramiento del nuevo Primero Ministro y la dejó en manos de sus colaboradores. Se presentó en el Gran Palacio del Pueblo con un paraguas rojo y cuando el anuncio fue oficial, se retiró a la plaza de Tiananmen y abrió su paraguas. Sus colaboradores estaban observando la plaza con prismáticos desde el Hotel Pekin, y cuando lo vieron abrir el paraguas, inmediatamente enviaron por telex la crónica ya preparada a Madrid.

Mucho ha cambiado desde entonces, y es mucho lo que sigue siendo igual que hace más de cuarenta años. La escenografía es la misma de entonces -las tazas de té, las toallitas calientes, el fondo del escenario con la hoz y el martillo y las banderas rojas, los dirigentes "uniformados", antes con la mal llamada "chaqueta Mao", pero ahora con los mismos trajes, las mismas camisas y las mismas corbatas.

Cuando llegué a Beijing días atrás, me "asombró" ver en las calles de la ciudad, prácticamente las mismas consignas que se ponían hace cuatro décadas, con la diferencia de que ahora eran previas, y no posteriores al Congreso, que habían cambiado los verbos y los nombres. Los mismos colores, letras blancas sobre un fondo rojo, la misma caligrafía y en muchos casos las mismas consignas "Viva la República Popular China", "Viva el Partido Comunista de China", "Con actos concretos respondamos a la victoriosa convocatoria del Congreso del Partido Comunista", "Unámonos firmemente en torno al Comité Central del Partido con Xi Jinping como centro del mismo".

Aunque no se anuncie públicamente, los trabajadores de la capital china que vienen del interior del país son expulsados de la ciudad, se controla más la prostitución, algunos clubes nocturnos son cerrados, los vehículos del interior no pueden entrar a la capital, y centenares o miles de empresas de los alrededores de Beijing son obligadas a cerrar sus puertas -las pérdidas corren por su cuenta- para intentar que la contaminación desaparezca durante el Congreso.

En definitiva, mucho ha cambiado, mucho sigue siendo igual en este tipo de acontecimientos.