06 noviembre, 2014

CARTAS DESDE LA CHINA DE LOS AÑOS 70. VICTOR OCHOA Y SUS REMINISCENCIAS ESTUDIANTILES

“Un día a principios de 1968 papá anuncia que nos íbamos a vivir a China. Yo acababa de cumplir 13 años”. Así, de esta forma directa y sencilla comienza Víctor J. Ochoa-Piccardo sus recién publicadas “Cartas de Jingzhai” (*), “reminiscencias estudiantiles", como él las llama, que abarcan el período 1976-1981, aunque en su interesante Prólogo, y a lo largo de las más de 500 páginas del libro, hay referencias continuas a esos primeros años en la República Popular que, como dice, le “marcaron para toda la vida”.

Víctor Ochoa, de Venezuela,  que sigue residiendo en Beijing, pertenece a lo me gusta definir como “rara avis” china –apelativo que también me aplico a mí mismo- y que incluye a una “especie” muy particular de personas –de todos los continentes, razas, religiones, etc.- que pasamos parte de nuestra niñez o de nuestra adolescencia en China entre los años 60 y 70 (algunas de ellas incluso nacieron allí), que seguimos, después de décadas, en contacto con ese país, que muchas veces nos comunicamos entre nosotros en chino, que aún recordamos la letra y música de muchas canciones revolucionarias de entonces, y que –por lo menos en mi caso- nos emocionamos viendo “El Ejército Rojo de Mujeres”.




Víctor estuvo por primera vez en China con sus padres y sus tres hermanos entre 1968 y 1970, en plena Revolución Cultural. A pesar de que el anuncio de su padre sobre el viaje a Beijing le cayó “como un baño de agua fría”, dos años después, en el momento de salir para Caracas confiesa que no quería regresar y se fue llorando de la República Popular.

Ese interés que había despertado en él el gigante asiático, unido a factores familiares como la relación de su padre con China, hacen que en 1976, al poco tiempo de que el país asiático volviese a abrir sus puertas para recibir a estudiantes extranjeros, él regrese y así,  a los pocos días de la muerte de Mao, aterriza en Beijing y se queda estudiando cinco años mientras es testigo directo de los cambios que comienzan a producirse tras la desaparición del llamado “Gran Timonel”.

En esos años sin internet, teléfonos celulares, o comunicaciones telefónicas vía satélite “la correspondencia epistolar representaba la única alternativa práctica” para comunicarse con su familia en Caracas, con la cual logra –a pesar de la distancia y del tiempo- mantener un diálogo ininterrumpido y sentirse menos lejos, como él mismo confiesa.

Tuvo el buen criterio de pedirle a su madre que le guardase todas las cartas que va escribiendo a la familia; y al cabo de muchos años se las trae de Caracas, las vuelve a leer, las ordena y se toma el trabajo de pasarlas a un ordenador. Fruto de ese trabajo y de algunas de las muchas fotografías que toma entonces, es el libro que acaba de publicar y que, como ya hemos indicado, se llama “Cartas de Jingzhai”. Jingzhai (o “el edificio de la tranquilidad”) era uno de los dos edificios donde los estudiantes extranjeros, junto a una minoría de chinos, vivíamos en la Universidad de Qinghua (también  conocida como Tsinghua, término que prefiere usar Víctor Ochoa).

Víctor es la única persona que conozco de esas “raras avis” que ha publicado un libro. Es un fenómeno interesante que, entre los autores de las obras que se publican sobre China, no figuren aquellos que desde los años 60 o 70, y desde nuestra juventud, hemos estado relacionados y lo seguimos estando, con ese país.

Quizás, como reconoce muchas veces Víctor en sus cartas, China “es muy difícil de comprender”, y en el país se desarrolla un drama “que sólo ellos saben”,  y por eso cuanto más tiempo se está en China, más difícil se hace escribir sobre el país.

En todo caso, uno de los valores de “Cartas de Jingzhai” está precisamente en el hecho de que no se trata de un libro de recuerdos escrito ahora, sino que es una especie de “diario de viaje” que refleja fielmente, sin necesidad de una prosa literaria, lo que él veía, sentía, pensaba en esos años tan interesantes y tan intensos en la historia de la República Popular.

Mi opinión elogiosa sobre el libro quizás no es muy objetiva ya que soy amigo del autor y  coincidimos, en tiempo y espacio, en el período durante el cual escribe esas misivas.  Pero al mismo tiempo, precisamente por eso, porque yo también viví en el “Jingzhai”, y porque fui testigo de esa misma época que relata Víctor, y de algunos de los acontecimientos a los que hace referencia, es que puedo decir “yo estuve allí”, “eso era así”, aparte de comprender muchas de sus reflexiones.

Entre muchas cosas, Víctor Ochoa refleja cómo vivíamos los extranjeros y cómo vivían los chinos entonces (en ambos casos nada comparado con la actualidad), siendo nosotros los privilegiados que por ejemplo teníamos una o dos horas de agua caliente al día … cuando ésta no se cortaba por los problemas de la caldera.

También hace una excelente descripción de Beijing, su pasado, su evolución, su situación en una época que cuando íbamos de la Universidad al centro usábamos el término “entrar en la ciudad”.

Al mismo tiempo va relatando de forma muy detallada y amena los cambios que se van produciendo en la sociedad tras la muerte de Mao. “Las corbatas empiezan a estar de moda” relata en una carta, mientras que en otras se queda de la carestía de la vida (“nos han cobrado 6 yuanes diarios por comer” dice con gran enfado).

Sus cinco años universitarios, además, le hacen replantearse algunos de los conceptos e ideas que tenía sobre China en general, su cultura, la mentalidad de su gente, el papel de Mao y del Partido Comunista, le causan desilusión, y lo llevan a “acaloradas” reflexiones con su padre. De alguna manera, aunque en diferente grado, China también se estaba replanteando en esos años muchas de las políticas que se aplicaban por ejemplo cuando Víctor, con 13 años llegó al Hotel de la Amistad en 1968.

Uno de los aspectos más interesantes de la experiencia relatada por el entonces joven estudiante de arquitectura son sus viajes por China, incluyendo Hong Kong y Taiwán, desplazándose días enteros en trenes, barcos y autobuses, siempre abarrotados de gente, viajando en “cama dura” o simplemente tirado en el suelo.

China comenzaba a abrirse al exterior, y en muchos de los lugares a los cuales llegaba era la primera vez que veían un extranjero en años, por no decir décadas, lo que en algunos casos ocasionaba atascos de tráfico, y verdadero asombro entre la población local. Tuvo pues el privilegio de visitar muchos lugares antes de que éstos perdieran su encanto con la llegada de masas de turistas extranjeros.

El otro aspecto interesante es su extraordinaria capacidad para conversar, y en algunos casos, polemizar con todo tipo de personas del país: taxistas, porteros, profesores, estudiantes, campesinos, soldados, obreros, presidiarios, artistas, cuadros del Partido, disidentes, agentes del servicio secreto y un largo etc. Eso le permitió también visitar a familias chinas, comer con ellas, vivir en sus modestas casas, tanto en las grandes ciudades como en el campo, asistir a bodas, cumpleaños y festividades tradicionales.

Sinceramente, no creo que hayan sido muchos los extranjeros con una experiencia similar.

Al terminar sus estudios Víctor regresa a Caracas, pero al poco tiempo vuelve a Beijing, donde hoy aún continúa residiendo 46 años después de su llegada al país. Personalmente detecto en Víctor una sensación de “cansancio” cuando está en China, pero de “saudade” cuando se aleja de ella, y creo que ésta es una característica común de muchos de los que, cada uno a su manera y en diferente grado, hemos vivido experiencias similares a las de Víctor y que hacen que China siga siendo una especie de imán para nosotros.

Tras terminar sus estudios, entre otras cosas, Víctor Ochoa trabajó durante 14 años en el primero llamado Banco Exterior de España, luego Argentaria y finalmente BBVA en Beijing, años caracterizados por operaciones financieras de gran relevancia con financiación gubernamental española, para grandes proyectos de empresas españolas en China.

Lamentablemente, y al igual que otros latinoamericanos y españoles que en los años más difíciles, cuando casi nadie quería viajar a China, trabajaron en beneficio de las relaciones entre el mundo de habla hispana y la República Popular, en campos como el educativo, cultural, periodístico o económico, creo que el trabajo de Víctor Ochoa  no ha sido reconocido y ha quedado en el olvido, ahora que China “está de moda” y existe una especie de competencia por demostrar quién es “más amigo” del país.

Todo estos elementos, unidos a que al tratarse de una recopilación de cartas se puede leer "fácilmente", hacen recomendable el libro de Víctor para que todos aquellos interesados en China, en especial las nuevas generaciones, puedan hacerse una idea de cómo se vivía décadas atrás en el país que está llamado a convertirse en la primera potencia del mundo. 

Me atrevería a decir, incluso, que la gran mayoría de los jóvenes chinos nacidos después de los años ochenta, ni conoce, ni tiene idea de las cosas que describe Víctor en su libro.

Quizás, y ojalá, que el ejemplo de Víctor con esta publicación,  sea un estímulo para que los otros “rara avis” empiecen, empecemos, a dejar constancia de nuestros recuerdos y a contar nuestras experiencias, antes de que sea demasiado tarde, ya que lamentablemente, en este mundo tan informatizado parece que la memoria se está perdiendo a una velocidad cada vez mayor.

6 comentarios:

  1. Pablo, me alegra te haya gustado el libro. Veo que casi lo memorizaste! No me había fijado en los disímiles personajes conque entablé conversación en esos años, pero la culpa seguro fue mía que me gusta conversar... Ojalá te animes también y nos eches tu relato! Saludos.

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  2. Me gustó de verdad. No es la memoria. Lo que pasa es que lo subrayé y tomé notas. Efectivamente te gusta conversar y hablaste con mucha gente en esos años, no sólo chinos. Veo que estuviste horas hablando con los venezolanos que pasaban por allá. Abrazos!

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  3. Hola Pablo,

    Te leo siempre pero creo que no había comentado hasta el momento.

    El otro día leí sobre el libro en la red (imposible recodar dónde) y me llamó mucho la atención. No consigo imaginarme cómo sería China en esos años y estoy deseando leerlo y dejarme sorprender. Además cómo tú bien dices no es un relato actual basado en el recuerdo, sino las impresiones reales de aquel tiempo.

    En cuanto al artículo, me encanta cómo encuentras las palabras exactas para definir sensaciones a veces tan complicadas; me quedo con:

    Personalmente detecto en Víctor una sensación de “cansancio” cuando está en China, pero de “saudade” cuando se aleja de ella, y creo que ésta es una característica común de muchos de los que, cada uno a su manera y en diferente grado, hemos vivido experiencias similares a las de Víctor y que hacen que China siga siendo una especie de imán para nosotros.

    Pienso que ese es exactamente el sentimiento que produce China en los extranjeros. A veces nos cansa, nos enfada, porque al fin y al cabo es tan distinta, tan contradictoria, que cada día, aunque sea en los detalles más pequeños de la vida diaria, tenemos una batalla que librar, lo que nos va "limando" poquito a poco. Pero tampoco podemos vivir sin ella. Por eso siempre que vuelvo a casa tengo la sensación de recargar ese pequeño depósito de "no-sé-qué-que-necesitamos-para-sobrevivir-aquí" y pasar una buena temporada de vuelta en este país.

    Coincido con Víctor y estaría encantada de leer también tu relato, estoy segura de que hay mucho que contar.

    Un saludo.
    Sara.

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    1. Hola Sara. Gracias por seguirme y por tus comentarios. Efectivamente creo que hay una especie de relación "amor-odio" con China entre muchos de los extranjeros relacionados con el país. Seguimos en contacto, Un abrazo, Pablo

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  4. Hola Pablo, hace unos días escribí un comentario aqui pero veo que no salió publicado. Algo no hice para que saliera...
    Veo que con tu "resumen" del libro no se requiere de más publicidad. Lo entiendo porque tú fuiste tan protagonista y espectador de lo narrado que despierta en ti un especial interés, al igual que a muchos de los que vivimos en aquellos años en BJ estudiando en las universidades o institutos de educación superior chinos. Eran otros momentos y China era otro país. Después deberás tú escribir tus memorias, y el relato de haberte convertido en hijo de expertos, estudiante extranjero, trabajar para EFE, y luego con Técnicas Reunidas tus constantes viajes a China representando a la empresa. Algo bien interesante debe salir de todo eso. No esperes mucho para soltar la pluma.
    Un abrazo,
    Adolfo

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    1. Hola, Adolfo. Qué alegría tener noticias tuyas. No había recibido tu comentario...cosas de la informática. Coincido con lo que dices y en que eran otros momentos y "otro" país, que tú también viviste. Gracias por tus ánimos para que me decida a escribir, pero cuanto más pasa el tiempo, más me cuesta lanzarme. En fin, el año próximo se cumplen 40 años de mi llegada a China, quizás sea un buen momento. Un fuerte abrazo! Pablo

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